08-03-2010 VALLADOLID El hospital de los salvajes El Norte de Castilla
El Centro de Recuperación de Animales bate el récord de ejemplares atendidos
J. ASUA | VALLADOLID.
EL DATO
1.529
animales procedentes de todas las provincias de Castilla y León (849 de Valladolid), así como de Asturias y Madrid ingresaron el pasado año en el Centro de Recuperación. De ellos 1.048 entraron vivos y 506 se liberaron en su hábitat. La mayor parte de los enfermos son rapaces, aunque también entran algunos mamíferos como zorros, tejones o lobos.
A Adrián Romairone y a su equipo les han salido alas. No es que su trabajo contagie, pero la satisfacción de constatar que el esfuerzo diario da fruto les ayuda a levantar el vuelo. El veterinario muestra orgulloso una gráfica de ingresos. Es claramente ascendente. Casi tanto como la mayoría de los enfermos que tratan. El pasado año el Centro de Recuperación de Animales Silvestres de la Fundación Patrimonio Natural batió el récord histórico de ejemplares atendidos. En total 1.529 bichos pasaron por este hospital para salvajes. ¿No es eso una mala señal?, pregunta el NORTE. «Al contrario, significa que se ha logrado una mayor concienciación ciudadana, la gente que encuentra un ejemplar herido o muerto lo trae aquí o lo pone en conocimiento de las autoridades. Además, supone que, afortunadamente, no vivimos en la primavera silenciosa, hay vida en el campo», aclara el profesional.
En la mesa del quirófano, una águila culebrera mantiene clavados sus amarillos ojos en el facultativo. Una colisión con un tendido eléctrico ha dañado su ala. Estresada, aguanta el tirón de la cura mientras se le aplica un antiséptico en la herida y se le venda. Cuidado con ese afilado pico.
En este consultorio no hay listas de espera ni tarjetas sanitarias, aunque todo el que entra sale anillado por si algún día tiene que regresar o se localiza su cadáver. Esa información, como las necropsias que se realizan a los 'finados', es fundamental. Ofrece datos básicos para conocer el estado de la especie, los riesgos que corre y permite, al mismo tiempo, diseñar planes para su conservación.
La atención es exquisita, pero tampoco hay consuelos extraordinarios. Mantener la animalización es fundamental, porque el objetivo es que el enfermo vuelva a la naturaleza sin memoria de su encuentro con el hombre. Pocos mimos, contacto el justo. Es la clave para que la reinserción de buitres, milanos, cernícalos, águilas, avutardas o busardos ratoneros, entre otras muchas especies, sea un éxito. 'Silencio', se lee en los carteles colocados junto a los voladeros.
El cáncer del veneno
Las abreviaturas de estas instalaciones de la Junta de Castilla y León -CRAS- bien podrían servir como onomatopeya de las patologías que sufren los que allí ingresan. Con el hombre han topado, él es el que fractura su hábitat. El 90% de los enfermos son aves, la gran mayoría rapaces, y en el 95% de los casos la acción humana, colateral o directa, está detrás de la urgencia. Torretas y cables de la luz, las aspas de los agresivos aerogeneradores o el tráfico (los atropellos) forman parte del primer paquete. Pagan el precio de nuestro desarrollo.
Cuando Romairone se refiere al otro bloque de causas de ingreso le cambia la cara. En el centro de la Cañada Real se reciben bellos ejemplares que han recibido disparos o aves a las que el carbofurano, un fitosanitario agrícola, les ha agarrado con fuerza hacia el abismo. «Es el cáncer de la fauna», resume el veterinario. «El tema de los venenos es muy complicado, encierra un atavismo popular en contra de los predadores como competencia con las piezas cinegéticas. Es una práctica arraigada en ciertos sectores de cazadores, que por supuesto no se debe generalizar al colectivo», matiza el experto. Son una minoría, pero hacen mucho daño, porque es una acción no selectiva. Indiscriminada. El que come del cebo cárnico impregnado cae en las garras de la muerte. Pocas aves y mamíferos se salvan de estos reclamos malditos. A los que llegan vivos se les realiza un lavado de estómago. Si se logra sacar la sustancia mortal, saldrán adelante sin secuelas en apenas una semana. Son lo menos. En sus diagnósticos también detectan los efectos devastadores de algunos energúmenos, capaces de privar a una rapaz del vuelo cortándole las alas para mantenerla como 'mascota'. Los rostros de los miembros del centro no puede disimular su indignación por esta práctica cruel.
En las grandes jaulas de las instalaciones los pacientes convalecen dependiendo de su dolencia. De una fractura un bicho se puede reponer en menos de un mes. Son fuertes. Durante esa estancia, Tomás Vegas, José Manuel Onrubia y Emma Rodríguez se ocupan de ellos. Ahora les acompaña en prácticas la recién licenciada en Veterinaria Henar Arroyo, que sigue atenta su trabajo.
La vocación del equipo se percibe a primera vista. ¿Que de quién se acuerdan con especial cariño? De Gordi y Luna, una pareja de macacos de Gibraltar que llegaron de un decomiso a un particular y alegraron el centro con sus ocurrencias hasta que fueron devueltos al peñón.
Entre los retos especiales destaca uno. «Tuvimos un pollo de águila imperial, una especie en peligro de extinción, que en el primer o segundo vuelo del nido colisionó con un cable, perdió un ojo y hubo que operarle catorce veces», explica el jefe del equipo. En el CRAS fueron como sus padres. «Hubo que empezar desde el principio, enseñarle a volar, a cazar conejos...». Su reinserción en la naturaleza fue «un subidón» para todos.
Aunque la mayor parte de los enfermos tienen pluma, por las instalaciones también pasan de vez en cuando zorros, tejones o algún lobo, víctimas del tráfico o del dichoso veneno. En esta casa abierta a la naturaleza han tenido que bregar con una iguana «que parecía un dragón de Komodo de lo grande que era», han dado alojamiento provisional a serpientes pitón y han adoptado como inquilina fija a una gaviota herida que recuperaron en un vertedero de Ávila... No se quiere ir. Aquí todos son bienvenidos.
En el 99% de los casos la devolución del animal a su medio se hace en el entorno en el que fue capturado para que recupere las orientaciones que tuvo antes de entrar al hospital. Para los que no pueden retomar su vida les esperan otras posibilidades: entrar en un plantel reproductor de un programa de cría en cautividad, participar en algún centro de divulgación de la naturaleza o, si no queda otro remedio y los daños son irreparables, la eutanasia. Durante la vista a este ambulatorio bestial, Romairone hace algunas matizaciones. Primero, ensalza al conejo y aboga por su protección. Su papel en la cadena trófica de las rapaces es fundamental. Segundo, recalca la importancia de la educación de los niños para que la protección del patrimonio animal de la región esté garantizada. Tercero, y vuelve a enseñar la gráfica de ingresos, se felicita por el compromiso al alza de los ciudadanos y recuerda una figura básica en este logro: Félix Rodríguez de la Fuente, capaz de concienciar a toda una generación de que la fauna es un tesoro que no se debe dilapidar.