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Acceso a la charla de Rafael Centenera en Soria

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Esta explosión demográfica ha incrementado el interés cinegético por la especie y por su caza a rececho, muy especialmente a la búsqueda de trofeos siendo el número de aficionados cada vez mayor. .

No obstante, el aumento de la abundancia está generando múltiples problemas, como las colisiones de tráfico, que no encuentran hasta la fecha una adecuada solución en la interpretación más tradicional de la caza del corzo, ya que esta tiende a centrarse en los de machos por su trofeo. Poco ha contribuido una política tradicional de protección de las hembras y crías en sus dos primeras edades que ha venido siendo aplicada por la Administración desde los tiempos en que la especie era escasa y que ha calado en el colectivo cazador. No existe, pues, una tradición de caza de hembras sino tan solo una de trofeo. Ello ocasiona un desequilibrio entre sexos que incide en el aumento de la abundancia al no intervenir sobre la fracción de las hembras reproductoras.

En no pocas zonas, la relación de sexos está fuertemente desviada hacia las hembras con ratios del orden de 1:3 o incluso más, y en muchas ocasiones los territorios están al límite de la capacidad de carga, con consecuencias sobre la vegetación natural y los cultivos o la calidad de los propios trofeos y la productividad de las hembras, sin olvidar el resto de problemas de tipo sanitario asociados a la sobreabundancia.

Tan solo el control numérico de las hembras puede atajar estos problemas. No podemos olvidar que una población global como la que tenemos en España supone la necesidad de abatir cada año no menos de 100.000 corzos entre machos y hembras para evitar que siga creciendo y ello supone el cumplimiento de un cupo de no menos de 60.000 hembras que hoy no se están cazando.

Un capital cinegético que no es aprovechado por desconocimiento o por falta de tradición, pero que podría suponer una fuente de actividad cinegética adicional para los cazadores y la existencia de una fuente de proteínas importante (no menos de 700 toneladas de carne de excelente calidad) y de valor intrínseco.

Desde la ACE venimos manifestando hace años nuestra preocupación por la desmotivación de los cazadores en el cumplimiento del cupo de corzas y hemos intentado estimularlo por distintos medios. Esta situación, de sobreabundancia de ungulados y falta de capturas es común en todo el mundo desarrollado. En Estados Unidos es conocido el problema de la desafección de los cazadores por la caza de más de una hembra de ciervo de cola blanca por temporada para atender meramente las necesidades domésticas. De ahí que hayan prosperado iniciativas como Hunters for hungry (www.huntersforhungry.com/) y otras similares.

Con estos ejemplos en mente, desde la ACE, iniciamos hace tiempo algunos contactos para que los cazadores pudieran ceder las canales de sus piezas de caza a la Fundación Banco de Alimentos, encontrando el escollo de la necesidad de vehicularlo a través de un procesador autorizado.

De ahí nació la iniciativa "Fin de Semana de Corzas", que une el esfuerzo de algunos titulares de cotos de caza de Soria, de ASICCAZA, la AEPES y la propia ACE, con el objeto de abrir una vía a la necesaria gestión de las poblaciones de corzos, a través de la caza de las hembras, por la puesta en valor de la carne de caza para obras benéficas.

Se ha elegido Soria por ser una de las provincias donde tradicionalmente se ha cazado el corzo y una de las de más atractivo para los cazadores y donde los problemas asociados a la sobreabundancia puede ser mayor si no se adoptan medidas.

La caza de las corzas es a día de hoy una herramienta imprescindible para el manejo de la especie a nivel global, que encuentra no pocas dificultades en el desinterés de los propios cazadores. Iniciativas como esta, pretenden concienciar al colectivo cazador de la necesidad de cumplir con las obligaciones de gestión y asegurar que nuestras poblaciones de ungulados están en equilibrio con el medio natural y poseen una capacidad aceptable para todos los usuarios del medio natural.