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Corzo +

21 Julio 2013

El celo: conductas de apareamiento y tácticas de las hembras

Los machos de corzo son sexualmente activos y producen esperma funcional desde abril hasta septiembre u octubre1. Pero el periodo en el que las hembras están receptivas y son capaces de concebir (el “celo”) es mucho más corto y dura usualmente menos de un mes.

El comienzo del celo varía entre las zonas, desde el final de junio hasta la última semana de julio. El final del celo ocurre desde el comienzo hasta el final de agosto e incluso se ha descrito en Ucrania y Rusia en septiembre. 

Un comentario personal, para decir que yo pude ver una aparentemente verdadera cópula en septiembre, algo que parece ir en contra de lo que dice la ciencia.

 

 Portada del libro en el que está basada esta entrada de Corzo +1

Se ha establecido un gradiente geográfico en el el celo, que comieza más tardíamente de de sur a norte y de oesté a este aunque hay muchas excepciones. Como ejemplo de estas, a mí me llama la atención las diferencias de casi un mes en el celo entre el sur y el norte de España (primeros de julio a primeros de agosto). Sin embargo, si seguimos hacia el norte, hasta Francia, las mismas fechas de agosto se mantienen como el momento álgido del celo.

Se sabe que el pico del celo, es decir la fecha promedio en la que se produce la cópula varía también, aunque algo menos, entre distintas zonas. Y para la misma zona la fecha tiene pocas variaciones a lo largo de los años. Por tanto, los comentarios sobre si el celo viene este año “adelantado” o “atrasado” parecen tener poco sentido. Venga como venga el año, en las hembras el celo aparece con una media de 64 días a partir del parto.

 

Fotografía: Gonzalo Varas

La hembra se aparea durante un período limitado. El celo dura solo entre 36 y 48 horas. En este tiempo, la corza será montada repetidamente. Las montas de los machos se repiten cada una o dos horas aunque a veces los intervalos entre una y otra son de pocos minutos. Al comienzo del celo, muchas montas se interrumpen antes de que se produzca la eyaculación.

Las corzas son monoestras, es decir solo tienen un periodo de celo. Sin embargo, algunas pocas hembras son cortejados durante intervalos largos (desde 9 a 84 días) durante la misma temporada de celo. Es decir, las hembras pueden ser perseguidas durante repetidos periodos, interrumpidos por otros sin actividad sexual de duración variable. Pero la copulación sólo se observará en uno de estos periodos, tras el que se interrumpirá la actividad sexual.

  Fotografía: Robert Kreinz 

En un caso típico, la corza en celo es cortejada y montada por uno de “sus” machos territoriales con cuyo territorio se superpone su área de campeo.

Pero son frecuentes otros tipos de contacto de una hembra con múltiples machos. Las hembras habitualmente se mueven por más de un territorio y son perseguidas y montadas por más de un macho territorial.

Como ya vimos en otra entrada de Corzo +2, incluso entre el 30 y el 50% de las hembras hacen largas excursiones durante su celo. Pueden atravesar varios territorios y llegar más lejos que en cualquier otro momento del año. Allí tiene lugar la cópula y posteriormente retornan a su zona. Estas hembras tienden a visitar a machos con un alto éxito de apareamientos. Ellas toman, sin duda, un papel muy activo en la búsqueda de los machos más requeridos.

   Fotografía: Jirí Bohda 

Por el contrario, las conductas de rechazo de las corzas son más frecuentes en los casos en que el acoso lo realiza un macho no territorial. Y para alegría de los expertos en el reclamo, las “protestas” vocales de las hembras en esta situación provocan la interferencia de los machos territoriales.

Incluso, se ha sugerido que este comportamiento de búsqueda de las hembras ha condicionado la evolución a la implantación diferida (o diapausa embrionaria), tan característica de esta especie. Si la diapausa no existiera, el celo tendría lugar en enero, ya que vendría determinado por el mejor momento para el parto (mayo-junio). En pleno invierno, los movimientos de machos y hembras están constreñidos por la necesidad de ahorrar energía. La implantación diferida permite adelantar varios meses el celo, a una época en que las hembras no tiene que restringir sus actividades sexuales de búsqueda y en la que los machos pueden expresar completamente su poder competitivo.


1Mating system, mating tactics and the function of male territoriality in roe deer. En: The European Roe Deer. The Biology of Success. Andersen R, Dunkan P, Linnell JDC eds. Scandinavian University Press, 1998.

2Si hay pocos machos, más lejos me tengo que ir. Corzo +. Disponible en: http://www.corzo.info/v_portal/entradahtml/entradahtmlver.asp?cod=1413&te=21&idage=1979&vap=0




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