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Laureano de Las Cuevas Alvarez
Autor: Laureano de Las Cuevas Alvarez
15/01/2019 11:06:43
(1 vistas, 2 respuestas)
´Ceniza´ - Un libro de corzos, desde otra óptica.

Buenos días a todos. 

El otro día cayó en mis manos, un esperado libro de corzos, del que me habian hablado hace tiempo, y un socio de esta casa me avisó que ya lo habia recibido. La sorpresa al recibirlo, pese a que ya me habian adelantado algo de su contenido, fué mayúscula, me encontré frente a una fábula que narra en primera persona, las vivencias de un viejo corzo "Ceniza ",  quien va contando su historia de una manera deliciosa, amena y didáctica, recorriendo y explicando de forma llana y al alcance de cualquiera, todas la fases de vida del corzo y sus características más especiales. El autor, Oliver Miguel Vela, refleja un sensibilidad y un conocimiento del monte y de la especie, que transmite al lector de una forma poco común, logrando una inmersión en el personaje que empapa hasta los huesos. Un autentico "cuaderno de campo" para grandes y chicos.



Os dejo algunos datos del libro

                                                       

                                                       

La Nota de Presentación del Libro

“Ceniza”, una original fábula en la que su protagonista, un corzo, mostrará una profunda reflexión al lector.

 La obra de David Óliver Miguel Vela está dirigida a todos los amantes de la naturaleza y en particular, a aquellos que sienten devoción por un animal tan extraordinario como es el corzo. En este cuaderno de campo, el lector encontrará un cóctel de emociones que, le harán “meterse de lleno en el pellejo de un corzo”, desde su nacencia hasta su declive, haciéndole partícipe de la emoción de esos momentos y de las fascinantes particularidades biológicas de este animal.

 Se trata de una fábula para todos, escrita en una prosa serena y sentida aunque a veces trepidante y dramática. El personaje principal es “Ceniza”, un entrañable corzo humanizado que narra los vaivenes de su propia vida en contacto con la naturaleza y el hombre. En su genial cuaderno de bitácora nos cuenta sus dichas y aflicciones con emotiva sensibilidad. Su relato es un canto a la vida, a la libertad y a la belleza. Sus reflexiones tienen el aroma elegante a sierra bravía, a sierra difícil, a veces a sierra mágica. Tiene este escrito la intención didáctica de enseñar a sentir el campo, de instruir de forma amena y sencilla sobre la singular biología de este animal y la pretensión ética de mostrar el respeto por la naturaleza. Ceniza es ingenuo, es intrépido, fiero y a la vez romántico…

 La admiración por la naturaleza, el luminoso milagro de la vida y no temer a la muerte subyacen en un trabajo dirigido a todo el mundo; a los que les guste el campo y a los que no, a cazadores y no cazadores, a jóvenes y mayores; con la intención de que cualquier lector pueda entender que lo importante es conocer y amar al campo, más allá de estereotipos y prejuicios. “Ceniza” alterna tramos tiernos, dramáticos, divertidos, románticos y reflexivos que, se conducen entre valores profundos como son el amor maternal, las dificultades de la vida, el afán de superación, el enamoramiento, la violencia, la madurez, la vejez, la paz consigo mismo y la muerte.

 Inspirado en su infancia al arropo de su pueblo y en el contacto constante con la naturaleza, el autor, asegura que el lector encontrará un refugio emocional y un guiño a la vida en las páginas e ilustraciones a carboncillo de este libro. Va a conocer la biología de un magnífico animal y la grandeza de la naturaleza.

Y una "Muestra de Lectura"

                                               

                                                                                                                            Me presento

 

     Los míos me llaman Ceniza porque me visto de ese color cuando llegan los fríos del invierno y también, porque dicen que me muevo por el campo como las pavesas cuando caen del cielo; que soy como niebla que inunda el valle y humo que se lleva el viento. Los hombres me nombran duende del bosque porque nadie me ve y si alguna vez por azar aparezco súbito entre las penumbras de algún crepúsculo, sus rostros palidecen al verme, como halo de luna nueva que se traga el monte de poniente. Mi presencia mágica les hechiza, quedan prendados de mi elegante figura, coronada con perlas de marfil y ojos de profunda negrura.

     Envejezco, ya he vivido casi cien lunas y desde mi dulce y fantasmagórica soledad he visto  tantas cosas, que mi memoria rebosa de vivencias por entre éstos mis queridos Veneros.

     Mi madre se me fue enseguida, al año de darme la vida. El recuerdo de aquel trágico verano aún me sigue ahogando por dentro tanto tiempo después, pero sé que volveré a verla, siempre la llevo conmigo.

     No tuve hermanos y de mi padre, poco sé. Viriato le llamaban, porque cuentan que era feroz, aguerrido y sanguinario como el caudillo celta del que tanto hablan los hombres. Dicen que su fabulosa testuz no tenía parangón. De él, solo guardo un amargo recuerdo, el de un día que sin saber por qué, estando yo pastando al abrigo de los cobrizos helechos de Malvacío, llegó como alma que lleva el diablo y me embistió dejándome postrado al borde de la muerte.

     Después de aquello, tuve que abandonar el dulce hogar de mi nacencia y el sagrado descanso de mi madre. Anduve mucho tiempo errante, animoso explorador durante el día y pesaroso soñador bajo el cielo estrellado. Hasta que una buena mañana encontré un lugar que los hombres llaman los Veneros, mitad de ellos, mitad nuestro. Desde allí se ve nacer el sol al alba y la fresca brisa del saliente trae aroma a romero y orégano de la huerta de Juanín. Al ocaso, cuando el sol tibio se descuelga tras los confines lusitanos y se zambulle en el Atlántico, el céfiro agorero sacude por momentos los quejigos del Secretario y hace estremecerse el cañizal de Bolindre anunciando el inminente velo oscuro de la noche. La tierra de los Veneros es negra y mullida, con fuentes claras donde el agua mana generosa y árboles que durante todo el año derrochan fruto a sus pies.

     Allí la espesura queda henchida de brotes tiernos en primavera, es sombrío vergel en el estío y rehoya caliente cuando azota el cierzo invernal. Esa es mi casa y aunque mi sino es el perpetuo retiro y mi existencia esquiva y huidiza, vivo agradecido y contemplo en silencio la vida que discurre vibrante a mi alrededor.

  

 

     Por debajo, habitan los crueles hombres, todos juntos en casas grises. Con los fríos del invierno, al venir el día, de sus pétreas moradas ascienden alargadas columnas de humo que se disipan en el cielo, y en la oscuridad de la noche se encienden lucecitas blancas que alumbran en derredor empañadas bajo la lluvia. Tienen una torre muy alta con grandes pájaros blancos que hacen nidos en su cúspide y cada día sale de ella una bonita y solemne cantinela que se oye bien lejos, aunque a veces, su cadencia es tan triste y lastimera que parece que embarga la vida y apaga como por ensalmo los murmullos del lugar. A ellos les suelo ver poco, los hay buenos y los hay malos, los buenos llevan un palo para cavar la tierra y arreglar el campo, los malos un hierro que lanza un trueno que arranca la vida. Mi madre me dijo que no me fiase de ninguno. Cuando les oigo acercarse, me subo a los altos del Herrero, allí quedo seguro escondido en la maraña, salvo un día, un día que nunca sabes cuándo va a llegar hasta que lo tienes encima y entonces ya es tarde. Ese día toda la sierra se llena de perros y hombres malos. Lo llaman montería y aunque es a los jabalíes a quienes buscan, solo con pensar en toparme con esa marabunta de perros rabiosos, me hace temblar.

     Ya soy mayor y también sé que hay unos pocos hombres que acechan en silencio, que aguardan al ocaso en los manantiales cuando la sed me atenaza y atalayan ojo avizor a los claros cuando el celo me pierde marcando mis tierras o corriendo como bobo tras las hembras. Ellos viven obsesionados con mi cuerna y no dudarán en quitarme la vida si pueden, como a tantos otros corzos que pagaron cara su ingenuidad.

     Aunque hay algo mucho peor que el hombre y las fieras, a veces la tierra enfurece, el cielo lanza relámpagos de plata y brotan del suelo abrasadoras llamas que arrasan la vida a su paso convirtiéndolo todo en muerte y desolación.

     Voy siendo viejo, por eso sigo aquí, dispuesto a contar las penas y glorias de mi particular existencia…

Para poder adquirir el libro, os recomiendo que os pongais directamente en contacto con el autor, comentando que sois socios de la ACE, Oliver, estará encantado de dedicar el libro a quién lo pida. A través del Correo electrónico olivermiguelvela_arroba_hotmail.com">olivermiguelvela_arroba_hotmail.com

El precio de venta al público habitual es de 15€, más 3€ de portes (18€). Oliver, se ha empeñado en tener un detalle con  los Socios de la ACE, quedando este en 12€, más 3€ de portes (15€).

Abrazos.

Laureano

 

Joaquin Garrido Ovelar
Autor: Joaquin Garrido Ovelar
22/01/2019 19:30:50
(0 vistas, 2 respuestas)
´Ceniza´ - Un libro de corzos, desde otra óptica.

Buenas tardes, la semana pasada tras leer este post me puse en contacto con el autor y tras ingreso en cuenta bancaria, con el descuento por ser socio de la ACE,  me fue enviado a mi domicilio, ayer lo recibí y estoy deseando de meterle mano jajaaj

Gracias Laureano por darnos a conocer este nuevo libro

Saludos

Joaquin Garrido

Fidel Alonso
Autor: Fidel Alonso
22/01/2019 20:19:49
(0 vistas, 2 respuestas)
´Ceniza´ - Un libro de corzos, desde otra óptica.

Otro que se suma a la lectura de Ceniza, esta misma mañana lo he recibido y ya estoy deseando ponerme con él esta noche.

Desde aquí quiero dar de nuevo las gracias al autor (David Óliver Miguel Vela) por el trato recibido y la dedicatoria.

Saludos

Fidel