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Laureano de Las Cuevas Alvarez
Autor: Laureano de Las Cuevas Alvarez
21/03/2020 14:49:27
(1 vistas, 17 respuestas)
Caza del corzo: cuando la pasión se convierte en obsesión

Buenos días

Hoy me ha llamado la atención este artículo  de hace un par de días. de Jenaro Iritia en El Diario Rural, con el que comulgo plenamente, es más, estaba escribiendo uno en el mismo sentido antes de que empezara este embolado. Y que conste, que no tengo nada en contra de la caza de trofeos, aunque si de la época en que se cacen, pero esa es otra guerra...
Lo comparto con vosotros.

Abrazos.

Laureano

http://eldiariorural.es/caza-del-corzo-cuando-la-pasion-se-convierte-en-obsesion/

Jose Maria Del Cuvillo Peman
Autor: Jose Maria Del Cuvillo Peman
21/03/2020 16:36:16
(0 vistas, 17 respuestas)
Caza del corzo: cuando la pasión se convierte en obsesión

Es un buen artículo. La pasión es un sentimiento que te hace feliz. La obsesión es un sentimiento que te enferma e impide el disfrute.

Mientras salgas al campo y disfrutes con los gemelos en los primeros meses del año, estarás en el buen camino.

Mientras vayas al campo y salgas con el rifle y no te importe volver de vacio sin haberlo descargado, pero despues de haber recechado intensamente, vas por el buen camino.

Nada de lo anterior es contrario a tener interés en conseguir buenos trofeos. Trofeos a los que antes de disparar los habrás valorado y habras sopesado su edad y sus posibilidades de mejora.

Coincido con muchas cosas que dice el articulo. Otras no tanto. En cualquier caso, el día que la ansiedad me domine, si llega, ese día habrá que colgar los trastos y cortarte la coleta, porque ese día el campo habrá dejado de darte la felicidad.

Jose M. del Cuvillo

Alfonso Urbano López de Carrizosa
Autor: Alfonso Urbano López de Carrizosa
21/03/2020 23:57:53
(0 vistas, 17 respuestas)
Caza del corzo: cuando la pasión se convierte en obsesión

Gracias por el artículo Laureano, 

Como tú y José María, veo cosas con las que estoy deacuerdo. Pero si me permites, creo que el artículo está enfocado desde un punto de vista muy negativo, o pesimista. Sin duda exiten "cazadores" que se ciñen al 100% con la descripción del artículo que viven o mejor que se desviven por el trofeo del animal. Si bien eso es cierto, yo cada vez veo a la gente más concienciada de lo que la caza conlleva (estaba tentado de poner CAZA en mayúsculas pero lo cierto es que no hay más que una definición de caza, y todo lo que no englobe esa buena praxis que todos conocemos, será un sucedaneo, o una "caza descafeinada" o ni siquiera se le podría llamar caza).

Suelo coincidir cazando con gente joven, que está sabiendo valorar la caza en su conjunto. Desde el cuidado y lectura del entorno, la persecución del animal, el abate hasta el aprovechamiento de la carne del mismo. Mi hijo pequeño el otro día me hacía una reflexión que no me fue fácil contestar. Decía: Papá si los zorros no se comen, ¿por qué los cazamos? Es una nueva mentalidad que me encanta descubrir en los cazadores que cogerán el testigo. 

Y no nos llevemos a engaño, a cualquier cazador de corzos (y de lo que sea) nos hace una ilusión indescrptible conseguir abatir un gran trofeo. Lo que no quita que seamos capaces de darle a cada cosa el valor que tiene. Desde mi punto de vista el trofeo es una cosa más, y no la única. 

Yo soy más optimista, creo que los que son referente en el mundo de la caza y en nuestro caso del corzo, gracias a las redes sociales, lo están haciendo muy bien. Existe una labor muy importante de concienciación, formación y educación y pienso que se está poco a poco sabiendo llevar las cosas a su sitio. 

Muchas veces me he definido como un "enfermo de la caza", ya que en mi escalafón está: gusto, afición, pasión y el siguiente nivel ¡enfermedad! No se si obseso se me quedaría corto! jejeje

Un abrazo, 

Alfonso Urbano López de Carrizosa

Jose González Pérez
Autor: Jose González Pérez
22/03/2020 7:17:13
(0 vistas, 17 respuestas)
Caza del corzo: cuando la pasión se convierte en obsesión

A mí el articulo me ha gustado en términos generales aunque con algunas cosas no esté del todo de acuerdo.

Me defino como apasionado, amante y gran aficionado a la caza en general y al corzo en particular.

Yo salgo al campo a disfrutar plenamente de el, a observar y caminar.

La verdad que llevo bastante mal lo de la trofeitis y que un cazador crea que sea mejor cazador que tú porque donde el caza hay pepinos,trastos,aparatos y aparatacos...en la zona donde yo cazo zona centro de Palencia puedes encontrar corzos bonitos, simétricos,altos...pero no grandes trofeos,por lo que directamente salgo a disfrutar del campo y si el monte me regala un corzo de vez en cuando agradecido estoy.

Saludos

Juan Fuentes Arjona
Autor: Juan Fuentes Arjona
22/03/2020 11:55:40
(0 vistas, 17 respuestas)
Caza del corzo: cuando la pasión se convierte en obsesión

Gracias a Laureano en primer lugar por referenciarnos este artículo. Ahora que el confinamiento nos da más tiempo del habitual en fin de semana, voy a tratar de aportar algo al debate que siempre resulta animado y enriquecedor.

En mi caso, no comulgo con gran parte del contenido del artículo, por varias razones. Diría que por una razón general o principal (que ya ha apuntado Alfonso Urbano). Y por otras cuantas más que, por lo menos a mí, me han ido surgiendo según iba leyendo y releyendo con detenimiento algunos de los párrafos.

Como razón principal: esa habitual característica de tantos cazadores de fundamentar un escrito trasladando opiniones como crítica de otras formas de hacer o practicar la caza. De cargar los artículos, post, opiniones, etc., de un contenido sustancialmente negativo, y un tanto desabrido, hacía lo que no se ajusta con lo que uno hace, cree o práctica. No sé si es algo que perciban más cazadores, pero creo que una reflexión que todos deberíamos hacernos es que siempre se puede ser más comprensivo, abierto, y positivo cuando opinamos o criticamos “formas de caza y de corzos” de otros cazadores. Especialmente, hacía los cazadores con menos experiencia y sobre todo más jóvenes. Lo contrario, ayuda a ser un colectivo poco unido y nada comprensivo con los otros cazadores.

Empezando por el principio, no comparto el sentido del título en consonancia con el contenido del artículo: cuando la pasión se convierte en obsesión. En mi opinión, la caza (también la del corzo) es en muchas ocasiones una obsesión. Creo recordar no pocos libros de caza donde el autor y cazador se manifiesta en este sentido. Recuerdo la gracia que me hacían los relatos de Miguel Delibes cuando describe los problemas del “cazador” por conciliar el sueño, la noche previa a ir tras las perdices, o que a las cuatro o las cinco de la mañana estaba ya poniéndose las botas porque no aguantaba más en la cama. Así, en el “Libro de la caza menor” (1964) nos deja varias de estas maravillosas descripciones de la ansiedad del cazador ante por ejemplo el comienzo de la temporada:

 

“Y la espera resulta dramática porque cuando uno sabe que le aguardan las perdices del Monte Morejón e ignora si podrá acudir a la cita, los nervios empiezan a roerle como ratoncillos, de los pies a la cabeza. Y la ansiedad se acentúa cada vez que uno se tropieza en la calle con Santiago, el Largo, o Jaime Struel…..”.      

 

“Y a las siete ya está el sol en el cielo. Al cazador le han dado la noche los automóviles que desfilaban al pie de su casa. Se los imaginaba llenos de cazadores. El Desfile era como una pesadilla. El Cazador no ha pegado ojo”.

 

Y así, un sinfín de libros y relatos de caza (basta echar un vistazo a los relatos existentes en otras secciones de estos foros) donde, partiendo naturalmente de la pasión, los cazadores autores pasan a la obsesión y la ansiedad propia de la espera, sin ningún remedio.

 

Recordemos lo que dice el Diccionario de la Real Academia Española sobre la palabra obsesión en sus dos acepciones: (1) perturbación anímica producida por una idea fija. (2) Idea fija o recurrente que condiciona una determinada actitud. Y ahora traigamos a colación más descripciones de algún otro ilustre cazador en sus relatos cinegéticos.

Por ejemplo, la que hace nuestro Presidente Honorífico en su primer libro “Cosas de Corzos”, en el relato “Estaba Escrito”: “Aquel corzo me había provocado un mes de desvelos; un mes entero con su imagen inalcanzable enquistada en algún recóndito lugar de mi cerebro desde el que, al caer la noche, conquistaba el protagonismo de mis sueños con preocupante contumacia”.

En el mismo relato, se recogen, más adelante, párrafos ilustrativos de lo que casi todos los que andamos apasionadamente tras los corzos sentimos (y sufrimos placenteramente, valga el oxímoron) y que con toda la consideración hacía el autor, me atrevo a calificar de obsesión (como la que yo mismo he sufrido en muchas ocasiones):

“Y disfruté sólo eso -unos minutos- porque al poco, por la misma veredilla que los otros, salió a la siembra otro corzo IY qué corzo, Dios mío¡ No necesité más que una ojeada para darme cuenta de que lo que allí se me acercaba, con paso despreocupado, iba a hacerme sufrir bastantes días. Y es que aquello era más que un corzo de bandera: era la encarnación viva de un deseo, un castigo bíblico para un corcero empedernido, desarmado como yo estaba”…… “En mis notas de caza, dibujé aquella misma noche, el trofeo que ya era un desafío en mi interior y una ausencia dolorosa en mi pared”.

 

Más adelante, el autor de tan emocionante relato, describe algo que nos ha pasado seguro a todos (como le pasaba a Delibes todas las noches previas a sus salidas con la cuadrilla):

 

Pasé días muy malos y noches peores. Me torturaba pensando que quizá los soles de mayor harían encañar la siembra y el corzo cambiaría de querencia, o que algún indeseable furtivo de silenciador y farolín me lo madrugaría. Y, así, entre dudas y desvelos, llegó el quince de mayo, primer día entonces de la temporada”. Para terminar: “Aquella noche dormí por primera vez en muchos días a pierna suelta”. Relato también publicado en el nº 345 de la revista “Trofeo”, en febrero de 1999.

 

Son innumerables los relatos sobre la caza de corzos (y de otras especies), que o bien expresamente utilizan la palabra obsesión, o lo que describen no puede ser calificado más que como tal; propio de quien dedica horas, días, semanas y, a veces, meses, a cazar la pieza soñada (las más de las veces, por portar un gran trofeo). Creo que la caza a rececho o de espera, donde uno como arrendatario de un acotado tiene la oportunidad de cazar meses, lleva, en muchas ocasiones, inexorablemente a la obsesión, que como muy acertadamente recoge la segunda acepción del diccionario, es una idea fija o recurrente que condiciona una determinada actitud.

 

De acuerdo con lo hasta ahora expuesto, no puedo por tanto compartir que la obsesión sea siempre una mala compañera y menos en la caza del corzo.

Tampoco comparto la opinión del autor del artículo cuando dice:

Mal vamos cuando de la pasión que experimentan cientos de cazadores cuando salen al campo, pasa a ser una obsesión por la consecución de un buen trofeo. En este caso, creo que se derrumban muchos pilares que sujetan la caza y que deja sin argumentos a aquellos que defiende este deporte”.

Aunque siempre me costará denominar a la caza deporte, lo que no comparto es la idea que subyace en este párrafo y que he comentado como idea principal de mí no comunión con el artículo. ¿Por qué hemos de ir mal si la pasión se convierte en obsesión ante un determinado objetivo como puede ser el que un año aparezca en nuestro coto un corzo extraordinario o magnifico (convendremos en que siempre que se usan estos calificativos es por el trofeo, no por el color del pelo, o por la edad del animal) que nos empeñemos en cazar aunque le dediquemos cuarenta salidas, y perdamos el sueño la noche previa a cada una de ellas? Por más vueltas que le doy no puedo compartirlo, e insisto en que, como el autor, tendemos a hacer reglas generales sobre una idea propia. No critico o opino negativamente de la idea del autor, lo que no comparto es que la emita como una regla general negativa de los corceros que se obsesionan con una determinada pieza.

 

Continuando con el análisis del artículo. Dice el autor: “Sí, el fin de la caza es conseguir abatir un animal, pero la esencia no”. Volvamos al Diccionario. Segunda acepción de la palabra “esencia”: “lo más importante y característico de una cosa”. El autor, de nuevo, hace regla general de la idea personal (totalmente respetable aunque no compartida). En este caso, tan defendible es que lo más importante (o esencia) de la caza es abatir un animal como que no. Que no quiere decir que haya otras muchas cosas que cuando sales a cazar (y no consigues abatirlo) te hagan disfrutar casi tanto (o tanto para algunos) como cuando tienes éxito. Es decir, entiendo la opinión del autor y comprendo que para él sea así, pero lo que no alcanzo a comprender es la pretensión de extender la idea personal a lo que está bien o mal (cuando estamos hablando siempre de comportamientos legales y legítimos); así como el trasfondo existente en la citada frase, que se concreta en los dos párrafos siguientes que tampoco puedo compartir:

 

Ese cazador de corzo que solo piensa en el trofeo y si lo consigue cuanto antes mejor, no disfruta del campo, del rocío y la escarcha de la montaña, de las aves que vuelan a sus pasos por el bosque, ni de esos comienzos de primavera cuando comienzan los árboles a dar colorido al campo.

 

Tampoco es capaz de sentarse tranquilamente en una piedra y disfrutar de todo lo que le rodea, de los sonidos del bosque. Además, no es una lucha de tú a tú con el animal en igualdad de condiciones. Como ese buscador de trofeos suele ser persona de posibles, no escatima en equiparse con los últimos adelantos en materia de armamento y de sofisticadas ópticas que le miden la distancia a la que esté el animal y cómo tiene que dispararle según el tipo de cartucho elegido”.

 

Respecto al primero de estos dos últimos párrafos, ¿Por qué el cazador, que como en los relatos antes comentados, se obsesiona con un estupendo corzo con un magnifico trofeo, y que durante semanas solo piensa en él, no puede disfrutar del campo, del rocío y la escarcha de la montaña, etc.? ¿Por qué es negativo si ese cazador en esas jornadas tras el corzo de sus desvelos no siente la escarcha el rocío o el volar de los pájaros? Volvemos a mi razonamiento general para disentir del autor: la negatividad que conlleva esa manifestación hacía quien practica la caza con un planteamiento o una intensidad distinta a la que personalmente consideramos única norma ética.

 

Respecto al segundo párrafo, la siguiente frase me causa perplejidad: “Además, no es una lucha de tú a tú con el animal en igualdad de condiciones”. Por más que lo pienso, veo imposible que un hombre o mujer con un rifle en las manos mantengan una lucha de tú a tú con un corzo y, además, en igualdad de condiciones. Este argumento, por cierto, se lo he escuchado a más de un animalista para defenestrar la caza.

 

En el mismo párrafo el autor desliza otra crítica muy de moda hacía los que por afición a los artilugios (con posibles o sin ellos) gustan de tirar largo y adquieren un buen visor de 20 o 30 aumentos, y se dotan por ejemplo de unos estupendos prismáticos con telémetro. Comprendo y admiro que alguien opte por rechazar los visores y prefiera cazar con alza y punto, o quien decida por reto personal no tirar a menos de una determinada distancia, o pasarse al arco, pero creo que no es positivo para el colectivo que se haya convertido en una idea recurrente para calificar de mal cazador a aquél que gusta de tirar a 200 o 300 metros y para ello utiliza un visor que le dota de mayor seguridad. Puedo entender que causen más recelo aquellas acciones de caza apoyado en un coche con un .338 Lapua tirando a 800 o 1000 metros, pero siempre que sean distancias más razonables y caza "a pie" creo que la idea que subyace no nos ayuda. Sin duda creo que debemos luchar y, en su caso denunciar, prácticas claramente ilegales y carentes de toda ética, como lo es esa que alguna vez muchos habremos presenciado, de tirarse una mañana subido en el coche con el rifle “listo para su uso” cazando desde los vehículos. En cualquier caso, lo tratado en este párrafo creo que es algo más complejo. 

 

Continuando el recorrido por el artículo, el autor vuelve a ilustrarnos con su idea preconcebida de lo que es y no es un buen cazador (“que se precie”, “auténtico”) en los siguientes párrafos:

 

Ese cazador del corzo que se precie de serlo es el que baja y sube barrancos, alcanza los mejores cerros para otear a la pieza y sigue al corzo en caminatas interminables. No es ese otro que se aposenta en un mirador con su trípode a la espera de que aparezca el animal por un terreno querencioso y así dispararle.

Ese cazador auténtico es el que, aunque no haya podido disparar a ningún ejemplar, se va a satisfecho a su casa y rememora tranquilamente sus correrías por sierras y parameras”.

Tengo un buen amigo, también muy aficionado a esto del corzo, que cuando salimos a cazar en el mismo coto y cada uno por su lado, me suele decir (o enviar un mensaje por el móvil): “mucho estás andando tú hoy”. Naturalmente me está viendo desde otro cerro más o menos próximo. Algo que también me ha dicho algún que otro lugareño, con canas y experiencia: “mucho andáis y demasiado rápido”. Sinceramente, creo que a la caza del corzo le cuadra más lo que el autor menciona como una crítica (aposentarse en un mirador a la espera) que lo que afirma como una virtud (el que baja y sube barrancos y sigue al corzo en caminatas interminables).

Por lo que se refiere a los restantes párrafos del artículo comparto la opinión del autor.

En fin, creo que los cazadores a veces somos demasiado duros entre nosotros, o respecto a las prácticas que se alejan de lo que cada uno entiende como ético o correcto. Siempre que estemos dentro de la legalidad y de comportamientos razonables que no perjudiquen el entorno, a otros cazadores, a otras personas o condicionen negativamente el comportamiento de los animales, deberíamos ser más comprensivos y mirarnos con mayor aprecio. Y por supuesto, unir fuerzas para defender nuestra pasión y, por qué no, a veces nuestra obsesión, frente a los que quieren acabar con ella.

 

Un cordial saludo.

Pablo Perez
Autor: Pablo Perez
22/03/2020 12:15:27
(0 vistas, 17 respuestas)
Caza del corzo: cuando la pasión se convierte en obsesión

Estoy totalmente de acuerdo contigo Juan, no sé puede explicar mejor. Como se suele decir en estos casos Amén. 

Un saludo 

Laureano de Las Cuevas Alvarez
Autor: Laureano de Las Cuevas Alvarez
22/03/2020 15:07:38
(0 vistas, 17 respuestas)
Caza del corzo: cuando la pasión se convierte en obsesión

Buenos días a todos.

 Como todo artículo, este deja ver una forma de entender las cosas, no conozco al autor. Pero ya advertía  Ramón de Campoamor, que todo depende del cristal con que se mira.

Efectivamente, el artículo, no oculta un trasfondo pesimista. Esa es una de las razones por la que estoy de acuerdo. Y estoy de acuerdo en ese pesimismo, por varias razones. Juan, fiel a su carácter de impecable litigador, contrapone en su exposición dos formas de ver la "obsesión". Un "juicio clínico", y una "idea poética". Pues bien, creo que justo allí se asienta la piedra de toque.

Personalmente, estoy aburrido de que nuestro pequeño cérvido "esté de moda", el corzo tiene un gran problema, y es que el pequeño tamaño de su trofeo, sea perfecto para vestir la pared de cualquier cantamañanas. Seguro que a más de uno, os han pedido que regalarais un trozo de vuestra vida para colgarlo en pared ajena. Recuerdo hace algunos años, como algunos orgánicos que trabajaban en Centroeuropa, se traían colecciones de centenares de piezas para venderlas en España, y lo peor de todos, es que se las compraban. Es cierto que muchas de ellas eran para decoración, esas no me preocupan, me preocupan las otras, las que cuelgan en paredes de cazadores con una chapa inventada. El tema de la trofeitis llegó a cotizarse en las salas de subastas más cotizadas de Madrid. Colecciones de caza se han subastado en la calle Velázquez...

Pero volviendo a lo anterior, entre esa "obsesión clínica", y la “poética", cuya acepción cambiaría por "devoción", distan millas. Cierto es que existen muchos tipos de cazadores, unos cazan con las piernas, y otros cazan con el culo, dependiendo de sus posibilidades, pero yo no voy a entrar en la técnica de caza preferida por cada cual, y menos en la del corzo donde ambas son válidas dependiendo solo del lugar donde aposentes. El cazador "devoto", cuya liturgia la noche antes, le hace colocar como instrumental de quirófano sus achiperres de caza, no creo que sea un enfermo, y si está enfermo de algo, "lo será sin duda de ilusión". Como decía antes José María, el día que pierda esa "ilusión" yo también dejare de salir al monte. El día que no tengan que callarme cuando, como decía Alfonso, no aproveche la ocasión de darle unas nociones de conservación a un joven cazador, ese día, me daré de baja en esta casa, como otros  han hecho.

Recuerdo, una frase de un gran cazador, por todos o muchos conocido, D. Francisco Basarán, Paco decía que,"el disparo, es aquello que ocurre tras al lance". Y creo que todos en más de una ocasión, hemos bajado el rifle, o simplemente acariciado el guardamonte con un corzo metido en el visor tras un estupendo rececho. Yo, no sé si soy un cazador bueno o malo, soy lo que soy, lo que me han enseñado y lo que pretendo transmitir. Recuerdo en una presentación de un libro de nuestro socio y amigo Ramón Estalella, como Pedro de Ampuero, otro socio y amigo. se refería a Ramón, como un cazador "disfrutón". Describiendo así su forma de disfrutar de cada detalle, antes, durante, y después de una salida de caza. Nada me complacería más que ese fuera mi epitafio cinegético. "Aquí yace, un cazador disfrutón".

Creo que, en la parrafada anterior, y perdonad por la extensión. No sé si se debe al confinamiento, o a mi manía de perderme por los cerros de Úbeda, déficit de atención lo llaman ahora. La diferencia entre un cazador "obsesivo", o no, en mi opinión radicará, en el disfrute del medio, y no en la consecución del fin. Y, sobre todo, si ese fin es colgar en la pared "lo que sea", pues hay que amortizar el viaje por cojones. Hace ya algunos meses, charlando con un "ejemplar" a través de rr.ss, este me comentaba que él iba a cazar un corzo por sus "santos cojones", que aunque la sociedad de su pueblo había vendido todo los precintos a una señor de fuera, como él no tenía dinero para pagar "el plástico" como lo denomina Alfonso Treviño, el cazaba un corzo, "como hay Dios". Podéis imaginar que, aunque lo intenté de mil maneras, no se bajó de la burra, y acabo diciendo que como Dios los pone en el monte, no están sujetos a la leyes de los hombres...

Desgraciadamente el corzo como dice Floren refiriéndose a la expansión del corzo y a sus parásitos "Morirá de éxito", pero creo que se equivoca. Morirá de éxiso, sí. Pero de un éxito forzado, impulsado por el mal hacer de la prensa y de las redes sociales, quienes nos bombardean los meses anteriores a las aperturas, los celos y lo que encuentren a mano, para llenar portadas y rellenar revistas. Y de la caterva de imbéciles, que les da igual el cómo, o el cuándo, que solo quieren exhibir su ego en forma de 6 puntas, en la pared de casa, y si ha sido desde un coche, como si atado a un enebro.

Afortunadamente creo que, a pesar de todo, somos más quienes jugamos en buena lid. Y estoy muy de acuerdo con las palabras de Alfonso cuando afirma que las nuevas mesnadas, vienen mejor preparadas que nunca. Gracias a su esfuerzo, y al de muchos que han entendido que, "venare nos est occidere". No soy pesimista con el futuro de la caza, ni creo que este tipo de artículos fomente la desunión. La desunión de la caza, la forja el cainismo de ese cazador rebaña lindes, del socio traidor del acotado, de ese "ansia viva" que habita en algunos. ¿Obsesión? ...Probablemente.

Por cierto, José, esos corzos palentinos, son unos trofeos fabulosos. pese a que no pesen 800 gramos, la calidad del trofeo no lo aporta la cuerna, sino el afán del cazador, o por lo menos eso decían Ortega o Delibes.

Disculpad de nuevo por la perorata, y cono siempre digo, Esta es tan solo mi opinión, y por ende, equivocada.

 

Abrazos.

 

Laureano

Alvaro Mazon Sanchez de Neyra
Autor: Alvaro Mazon Sanchez de Neyra
22/03/2020 19:56:27
(0 vistas, 17 respuestas)
Caza del corzo: cuando la pasión se convierte en obsesión

La verdad es que el artículo es malo ymalo de verdad.

Bastante negativo, desinformado y cargado de estupidez. Si no, leer este párrafo:

"Ese cazador del corzo que se precie de serlo es el que baja y sube barrancos, alcanza los mejores cerros para otear a la pieza y sigue al corzo en caminatas interminables. No es ese otro que se aposenta en un mirador con su trípode a la espera de que aparezca el animal por un terreno querencioso y así dispararle".

Algunas de vuestras reflexiones, en cambio me han parecido bastante correctas, en cambio.

      Alvaro Mazón

Juan Fuentes Arjona
Autor: Juan Fuentes Arjona
22/03/2020 20:33:21
(0 vistas, 17 respuestas)
Caza del corzo: cuando la pasión se convierte en obsesión

Hola de nuevo.

Aprovechando el planteamiento pesimista y crítico del autor del artículo, con lo que él considera que se aleja del ideal de la caza del corzo, y la participación en este post de más socios, trataría de sacar conclusiones positivas, derivadas de la inmensa suerte que con el corzo tenemos los cazadores que somos miembros de esta Asociación, entre otros. Creo que los que podemos disfrutar de un coto donde cazar el corzo deberíamos levantarnos todas las mañanas dando saltos de alegría. Y los que además llevan disfrutando de tal situación 25 años ni te cuento.

Considero que todas nuestras fuerzas y nuestras ilusiones, como cazadores y como Asociación, deben ser dirigidas a pensar en el futuro, a disfrutar del estupendo presente (en suspenso esperemos de momento), y a ir involucrando a los más jóvenes que saben muchísimo del manejo de las redes sociales, de la comunicación, de cómo sacarles partido a todos los medios digitales.

Cómo creo que debemos tratar de darle muy poca importancia a alguna actuación o comportamiento, ciertamente sonrojante, de los que ha comentado Laureano. Me parece que son minoría y más bien anecdóticas. Que alguien se compre 50 trofeos de corzo, le cambie la chapa y los cuelgue en su casa, es sin duda sorprendente pero tampoco hace mal a nadie. En el fondo solo hay una persona a la que no podemos engañar en esta vida, y es a uno mismo. Por lo que se refiere al “ejemplar” de las RRSS que mencionas y en el caso de que cumpla sus palabras será trabajo de la Guardia Civil.

Respecto a lo que Floren y Laureano piensan del futuro del corzo (que morirá de éxito, aunque por distintas causas) inevitablemente me provoca tristeza y preocupación ya que son voces autorizadas y se trata de algo con lo que disfrutamos todos. Sólo espero que no llegue a suceder y continuemos con una situación parecida a la actual.

Mucha paciencia y ánimos para todos en estos dificiles momentos.

Saludos. 

Alvaro Mazon Sanchez de Neyra
Autor: Alvaro Mazon Sanchez de Neyra
23/03/2020 22:26:03
(0 vistas, 17 respuestas)
Caza del corzo: cuando la pasión se convierte en obsesión

Juan,

https://revistajaraysedal.es/mata-jabali-silenciador-video-indignando-cazadores/

No sólo la caza del corzo, la caza entera se muere y se muere por lo peor que tiene, que no es ni más ni menos que los propios cazadores.

No se si os habrá llegado este video que circulaba por ahí esta tarde de un menor y su padre, ejecutando un gorrino desde la ventana de su casa con un rifle con silenciador. Hace falta ser subnormal!

Imagino que la Justicia le dará lo suyo pero a los demás nada podrá resarcirnos del daño que nos hace.

Lo siento pero no hay esperanza para nosotros.

    Alvaro Mazón