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Usuario anónimo
09/02/2007 9:43:50
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Si quieres comer carne fresca...
Apunta bien y tira cerca... Como ya os conté hace días este año se empezó en a cazar con arco en Asturias. El pasado año celebramos un curso de formación para obtener el título de Cazador Arquero Cualificado en el que además de aprender mucho nos permitió conocernos a unos cuantos. Nunca podremos agradecérselo bastante al Rubén y Antonio el haberse desplazado a Luarca. En esos días coincidimos, como os digo, con otros arqueros y cazadores y algún cazador-arquero. Más tarde, al redactar los planes de caza, tuvimos la previsión de incluir la caza con arco como una modalidad autorizada en varios cotos regionales. Nosotros tenemos autorizada la caza de corzas en rececho durante los meses de diciembre, enero y febrero, así que con ellas iniciamos los intentos de caza. Santi inauguró la temporada haciéndose con una corza. Ahora le tocaba turno a otro asistente al curso, José Manuel, que a se iba a batir el cobre por los montes valdesanos a probar suerte. Ayer lo intentó sin fortuna ya que el viento, que soplaba con rachas de hasta 90 km/h lo impedía totalmente. Esta mañana tuvo varios lances pero ninguno cuajó. El más próximo lo llegó a tener en un disparo que no hizo por estar la pieza a 40 metros. Esta tarde, a las 15:00, recechando vieron una pareja de corzos pastando al sol de la tarde. Tras una sencilla entrada llegaron a un talud. Imposible seguir avanzando. El medidor de distancia daba casi 60 metros. Una locura. El tiempo pasaba y los nervios de dos días de caza iban haciendo mella. Oscar, el guarda, tentó a José Manuel para ver si se atrevía a un disparo lejano. El zorro del guarda sabía que tenía un as en la manga. Tras discutir brevemente se decidieron a intentar esta locura. José Manuel abrió el arco, colocó el pin de 50m en la paletilla de la corza, alzó algo más el arco, corrigió, serenó el pulso y soltó. La flecha voló hacia la corza que, a pesar de la distancia, hizo un string jumping de campeonato. Al oir al suelta o el vuelo de la flecha se agachó hasta que su vientre tocó el suelo a la vez que daba un paso hacia adelante y saltaba. La flecha se clavó en el suelo. Oscar adivinó un gesto extraño en la corza, apreció en la huida una ostensible cojera. El cazador, algo descompuesto, ya que por él no hubiera tirado, fue a trancas y barrancas al tiro. En la flecha había una leve muestra de sangre y algo de pelo. Oscar siguió unos 120 metros por donde la corza había huido y no halló ni una sola gota del rojo elemento. En ese momento me llamaron por teléfono. Me dieron una pequeña referencia de la circunstancia y Oscar me pidió que me acercara con Runa y que llevase también el equipo de radio seguimiento ya que según él la cosa podía ponerse muy fea y a lo mejor era necesario soltar la perra. Yo en ese momento estaba en el monte intentando controlar una familia de corzos con los que tenemos una cuestión pendiente. Recogí los trastos y me llegué a casa. De caminó fui meditando, era el momento de que Senda, una cachorra de 10 meses, fuese velando armas. Al llegar a casa las consabidas explicaciones a mi santa en los que podía ser un "hasta mañana cielo", mudarme de ropa para poner cuatro andrajos para romper, echar un rifle, las correas, las antenas y collares, el cajón y a Runa y su cachorra. A las 16:30, más o menos, llegaba al punto de encuentro. Examiné la flecha y discutimos el lance, intercambiamos palabras quedando claro que lo hecho no era lo correcto. Ahora veríamos. Entramos al punto del monte donde entró la corza y entre que estaba pisado por Oscar y que allí no había no gota de sangre la perra iba sí pero como floja. Ella iba buscando más por el viento que por el rastro. esto es muy habitual en perros maestros y descoloca al inexperto. La perra, al colocarle la correa y el collar sabe que hay una pieza herida y trata de confirmarlo por todos los medios. En muchas ocasiones el perro no sigue la huella sino el efluvio y este puede ser movido por la brisa y percibirse mejor por alto que por bajo. Pues bien, así iba siguiendo la perra el rastro. De pronto, en un punto de un bosque de castaños, bajó la nariz y emitió el ladrido de rabia que denota el hallazgo de la sangre. Ese momento es el que da ilusión al perro y al conductor. Confirmé que la sangre, aunque abundante, era claramente venosa y que las cosas no iban a ser sencillas. El rastro era claro, la corza sangraba y de vez en cuando se caía. La herida era en una pata trasera. El rastro continuó siendo abundante en sangre durante unos centenares de metros hasta que descubrimos la cama recién abandonada. Tras un charcón de sangre el rastro se venía a nada. La perra iba lanzada y yo sé que ella ya no iba a cambiarse. Entre tanto Senda iba pasando en ocasiones por delante de Runa y cantaba con claridad el rastro. ¡Parece que aquí va a haber perra! Hago aquí un alto para confirmar lo que hbía leído en tratados de rastreo con perro en herida causadas por arco. El rastreo es más difícil, en muchos casos, a pesar de una inicial abundante hemorragia, esta se viene a nada. En otras palabras, parece que la herida se tapa. Esto no sucede en heridas con arma de fuego. La flecha ocasiona menos estrés y la herida sangra más, ahora bien, como inicie una huida... la cosa se pone fea. En otro momento recomendaré el último libro que ha caido en mis manos sobre ratreo. La corza tomó el bosque cuesta abajo, cruzó una pista y luego otra. En la segunda, a pesar de que la corza no daba sangre y de que la perra lo marcaba bien, llegamos a un momento de duda. ¿Se habría cruzado el macho que habái en el paado y al que la corza estuvo reclamando tras ser herida? e íbamos perdidos? Volvimos atrás, marcamos la última sangre y dejamos de nuevo trabajar a Runa. En este tiempo la perra demostró estar baja de forma. Desde que saqué la última camada con 7 cachorros la noto más floja. Era cosa de ir lento pero ella es todo corazón. Volvimos a encontrar el rastro tras quizás 15 minutos de despiste humano ya que estaba donde la perra lo marcaba. Una gota de sangre sirvió para recobrar fuerzas. De nuevo hacia abajo. La corza se tiró por un arroyo pero repechó por una cuesta casi imposible. Hubiera jurado que la corza debía estar muerta en el fondo, pero no. Si no hubiese sido por que vimos algo de sangre y por Runa no habríamos pensado que esa era la ruta de huida. Seguimos hacia arriba. La corza va muy entera. Llevamos una hora con el rastro y aún no la hemos visto. De pronto, entre unos castaños vemos en un trasluzón algo. Pero no, el rastro lleva otra dirección. Algún corzo hemos desencamado. Runa y Senda siguen en el rastro sin problemas y ya no volvemos a dudar. Eso nos lleva a un apretado de tojos. La conclusión es clara: en su interior se ha encamado la pieza. Intento rodear la maleza. El monte ha dejado de ser de castaños para ser un pinar, en realidad un infierno, una maraña de tojos, zarza y maleza que a duras penas nos permiten ver y andar. Al entrar la perra escucho, o más bien siento, el golpe seco del salto de huida de la corza. Intento desesperadamente buscar hueco para echarle el ojo y hacerle llegar una bala. Imposible. Aún escucho el arrastrar de ramas y hojas no lejos de mi pero no la veo. Seguimos avanzando. El rastro es firme, sin una gota de sangre, pero Runa no se cambia. Llegamos a otro valle, la solana es de eucalipto y la umbría de castaños. El castañedo está repleto de rascaderos frecos de corzo; esto está petado. Intento mejorarme pensando que la corza huirá hacia abajo.Fallo. La corza busca altura y de pronto regresa hacia donde empezó todo. Más mal que bien, cada vez con menos luz, iniciamos otra estrategia. Ahora es ya Oscar quien lleva a Runa y yo a Senda. Él va en el rastro y José Manuel y yo intentaremos atajar a la corza que sigue muy entera. El rastro conduce de nuevo a otro apretado. Nos preparamos. Nada. No obstante la corza parece que afloja. Son ya 2 horas de persecución. Empieza a buscar el terreno más prieto, a escurrirse por huecos y cosas así. Oscar deshace el rastro con prisa, la noche ya se adivina. Llegamos otra a un punto próximo a donde encontramos la primera sangre. Hay que forzarla a romper por donde no quiere o la noche nos impedirá trabajar. José Manuel y yo nos colocamos pechoenfrente de la mata donde adivinamos que debe haberse encamado. Runa ladra furiosa prendida de la correa. Oscar le cede quizás unos 3 metros más y ella, con decisión entra y de pronto atenaza y bloquea definitivamente a la corza. Nosotros desde enfrete escuchamos el lastimero ladrido de muerte de la corza al ser apresada. A Oscar no le resta más que sacar la navaja y dar fin al lance. Son las 18:45 Runa, una vez más, ha resuelto un difícil situación. Este es el as que Oscar se guardaba en la manga. Runa y su saga. Unos teckels de un coraje y una habilidad enorme en el rastreo. Pero lo más grande no es que llegase a coger a la pieza, lo ha hecho con muchas, lo grande, la proeza es que lo hizo estando fuera de forma y con una herida, que en fin... en realidad no pasaba de un rasguño y si no juzguen. [Img]i15.photobucket.com/albums/a390/elcouz/P1050475.jpg[/Img] [Img]i15.photobucket.com/albums/a390/elcouz/P1050470.jpg[/Img] [Img]i15.photobucket.com/albums/a390/elcouz/P1050480.jpg[/Img] [Img]i15.photobucket.com/albums/a390/elcouz/P1050473.jpg[/Img] Saludos Gerardo Pajares
Usuario anónimo
09/02/2007 10:30:04
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Si quieres comer carne fresca...
Enhorabuena por el “perrorojo” y por el pisteo, por el relato y por hacernos participes. Tengo una preguntillas. ¿Aprobó el curso de “arquero cualificado” el tío del Hoyt? ¿Impartía el curso Gregorio, el dueño de la “Tómbola el cubo”? A tenor de lo leído, ¿Recomiendas colocar  la de Taramundi al final de las XX78 con culatín nocturno, en lugar de las Thunderhead de 125 gr.? ¿En vez  de los pin fosforitos, no será mejor colocar un Zeiss Diarange de 3-12x56? Coño Gerardo, que es para cortar una fina rama de “salguiero” y dejarles a los dos las posaderas más coloradas que los mofletes del arquero, para jugar al Bandido de Sherwood hay que saber que con una cuerda atada a los extremos de un palo, 20 metros....es un mundo. Chaín.
Usuario anónimo
11/02/2007 15:14:56
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Si quieres comer carne fresca...
Estimado Chain: lo de que un corzo/a esquive una flecha es lo más normal y se da a las distancias más variopintas. Si no echale un ojo al corzo con babero. Ese se disparo a 15 metros y no esquivo la flecha de milagro. Digo de milagro porque en la arrancada se agacho y le fue a impactar en la columna muriendo en el sitio. A mi me esta pasando de todo y da igual que intentes calcular bajo ya que no sabes si se agachará. Es una obsesión el cazar corz@s y con el arco más. Y otra cosilla, también habría que calentarles el trasero a aquellos que aun siendo con rifle lo intentan a distancias impropias ya que también pasa el dejar bichos heridos y en el mejor de los casos incluso se acercan por si lo han tocado. Lo dicho, que nos deberíamos de apuntar el titulo de este post dando igual el tipo de arma a utilizar. A ser buenos. Tor
Usuario anónimo
09/02/2007 10:43:20
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Si quieres comer carne fresca...
El relato es magnifico, pero la primera foto con Runa mordiendo por el lomo a la corza es impresionante, es increible la acfición de estos animales si pesaran 20 Kgs serían los mejores perros de agarre del mundo. Aprovecho la ocasión para contaros un lance que tube con mi perro Rocko este verano y de paso os pregunto una duda, pinche un corzo en un coto que tengo en León y la verdad es que le tire demasiado lejos, pero ya le habia intentado entrar en muchas ocasiones y siempre hacia lo mismo en cuanto pisaba el monte a menos de 200 Mts. desaparecia, en el último intento fallido me juré, que la próxima vez le tiraría desde una verida donde el bicho todavia se confiaba, y asi lo hice 210 Mts, disparé dío un salto y me di cuenta que le habia enganchado, me acerque con Rocko y rapidamente encontramos sangre y algo de carne, por el color de la sangre entendí que el animal estaba muy tocado seguimos un claro rastro de sangre y cercano a un arrollo salto, un tiro muy feo en las tripas, ya las iva dejando por el monte, se refugio en un arroyo con unos 20 cms. de agua y solte al perro, evidentemente y con el estado del corzo lo engancho rapido, se metieron los dos en el agua y cuando llegué, me sorprendio una imagen el Ca. del perro estaba intentando ahogarle en el arroyo le cogia del cuello casi de la cabeza y le metía debajo del agua evidentemente Rocko tambien tenia que meter su cabeza debajo del agua, les deje haber que hacia y repetia la operación. Mi pregunta es, estos bichos pueden tener tan mala idea para hacer loq ue a mi me  parecio ver? Por cierto con todo este lio no me habia fijado que el corzo tenia en su cabeza un pedazo de trofeo, 140 puntos, el mas grande que he matado en León, pero os juro que el recuerdo de este corzo, no es el lance, no es el trofeo, no es la afición por la caza, fue mi perro, mi compañero de fatigas y posiblemente el unico que entiende el veneno que llevó dentro, será por que el esta envenenado tambien. Gracias Rocko, por acompañarme, hace una semana recechando Ciervos tire a un gran jabali, pisteandole se enredo la correa en una mata, para soltarla no se me ocurrio otra cosa que soltar el collar y claro el perro, valiente y enfermo detras del rastro se escapó, según le vi salir corriendo,una parte de mi alma se quedo para siempre en ese robledal, sabía lo que estaba a punto de pasar y de echo paso el jabalí, lo partio por la mitad, cuando llegue estaba el jabalí medio muero yá junto a un roble caido me miró y supe de su fechoria, le remate con el cuchillo, a 10 mts. mi perro, todavia vivo y mirandome, nunca olvidaré esa mirada, por la herida que tenia no entiendo como estaba con vida, bueno si lo entiendo quería decirme adios . Murio a los pocos minutos, nunca nadie estubo tan triste en el monte allí junto al roble caido, lo enterré. Este año no quiero cazar, y es posible que a lo mejor nunca más.
Fco Javier Pérez
23/05/2007 19:24:53
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Si quieres comer carne fresca...
Hola Jose Antonio!!! Me has puesto los pelos de punta, al leer tu relato por desgracia me has recordado la muerte de mi perra Luna, una beagle de 4 años, magnifica compañera en la casa y en la caza, lo mismo me cobraba una perdiz alicortada, una liebre,un zorzal o me latia los gamos, ciervos , marranos y machos monteses de la zona donde vivia, no me la mato ninguna res sino la ingesta de matarratas, no pude hacer nada, pero desde que la perdi salir al campo ya no es lo mismo, la ilusion cuando voy de esperas nocturnas la he perdido,antes casi deseaba dejar pinchado el guarro para ponerla en el rastro y ver y oir a las 2 de la mañana como lo latia dentro de un lentisco. La caza que mas he disfrutado es la que compartia con ella, ya han pasado 6 meses de su muerte y estoy tanteando adquirir una nueva beagle por que a pesar de que son muy tercos para mi gusto son los mejores ( por lo menos para la caza que yo practico habitualmente). Un saludo. Fco Javier Pérez
Usuario anónimo
09/02/2007 13:59:26
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Si quieres comer carne fresca...
Querido Chaín: El cazador es un buen cazador y un buen arquero. Durante un lance vibrante es a veces difícil mantener la serenidad suficiente. A fuer de ser sincero fue Oscar el que incitó a efectuar el disparo a pesar de que José Manuel se había negado a realizarlo. Las cosas en el campo son de una manera, en el bar de otra y en casa de otra muy diferente. Los profesores del curso son los mejores que yo conozco y creo que su calidad está contrastada. La seguridad, en todo caso, estuvo siempre bajo control. Los perros hicieron su trabajo. Y por cierto... el arco era un Mathews. José Antonio: En cuanto a Rocko el problema, a veces, es no mantener la serenidad en el acoso. Creo que es muy común sentirse excitado y tomar decisiones erróneas. Soltar el perro casi siempre lo es. Para soltar hay que estar muy seguro de muchas cosas. En fin,  quémala suerte. Siento de veras lo del perro, pocas pérdidas, fuera de las humanas claro, puede vivir una hombre como la de su perro. Creeme que te entiendo. Saludos Gerardo Pajares
Usuario anónimo
09/02/2007 18:59:59
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Si quieres comer carne fresca...
Lo sé Gerardo, al más listo se le escapa un pedo, la calidad del guarda, la calidad del perro, están más que probadas, tampoco nada que objetar a los profesores, el cazador será mejor a partir de ahora, sobre todo si toma buena nota de un suceso que ha salido bien, de milagro, gracias a la experiencia de guarda y perro para cobrar la pieza que para mí, son los verdaderos protagonistas de esta historia. Ya que va de lances, recuerdo a un cazador que hace tiempo, sin más guarda que su consciencia en una verde montaña, tal vez resabiado o quién sabe si aburrido como el diablo, se empecinaba en abatir un corzo a rececho, de tú a tú, en un mar de brezos, donde escasamente podía esconderse una perdiz pardilla, de esas que moran alejadas del mundanal ruido, el cazador, rizando el rizo, no ansiaba cualquier corzo, su obsesión era un viejo macho que portaba un trofeo caprichoso, abierto de siete puntas y muy perlado. Tenía el corzo la costumbre de bajar al valle, recorrer su territorio y espantar a los mozalbetes que pretendían robarle alguna hembra, en un ansía de hacer más cornudo al capreolus, durante la temporada estival fue imposible colocarlo a buena distancia de tiro, un día se cruzaba un jabalí, otro día te delataban dos viejas ciervas y hasta una tarde, cuando todo el corzo entraba franco al “cascaporro” al entrar en una isleta de brezo, más a distancia de flecha que de proyectil supersónico,....se lo trago la tierra. Así se termino la campaña de primavera, con el corzo campando a sus anchas y el cazador encamado por un catarro de verano los días calientes del celo, y en esas fiebres, tras leer algo de arcos, discurrieron las vacaciones de agosto entre “andaricas” cantabricas y “saetazos” a un metro cuadrado de foam, con cada flecha tirada, con cada culatín destrozado por un certero “hood”, medraba la ilusión por hacer puntería en algo más complicado que aquella diana de foam, a la que había forrado con el poster de un corzo “rojo zeiss”, se acababa el verano con la paletilla de cartón piedra echa añicos y la semilla del corzo atravesado por un astil de aluminio preñando su imaginación, había calculado diez mil veces la entrada y el rececho, había recurrido al único camouflage al que se tenía acceso por aquellos tiempos, una chaqueta militar con camouflage británico donde el verde amarillento con machones rojos simulaba las florecillas de montaña y que tan buen resultado le había dado al cazador durante años de rececho en esos altos montes, había también calculado la posibilidad de tirar al corzo a diferentes distancias, por lo que su poleas de precisión llevaba no uno, sino cinco pins de referencia, desde 15 o tiro tensó, hasta 35 metros, lo cual en las prácticas de agosto resultaba muy útil cuando recechaba la diana, para escarnio de sus perros, de aquí fue extrayendo conclusiones, no era un cazador arquero cualificado, era un cazador y un arquero autodidacta, así concluyo colocarle al arco una correa que lo hiciese más portable y que permitiese llevar la indispensable vara que hacía pareja con los prismáticos de nueve aumentos, también descubrió la necesidad de colocar un protector de brazo, ya no para proteger su antebrazo, sino para mantener la ropa pegada evitando posibles enganches de la cuerda, recompuso los cuernecillos del reposaflechas, forrandoles con una pajita de beber refresco a la que se aplico mechero, también fue de cosecha propia silenciar con espuma aquellos puntos del arco donde el ruido metálico podría alertar a la pieza, la diana no se enteraba y en la obsesiva práctica veraniega, le caían flechas desde los cuatro puntos cardinales, siempre mortíferas, rápidas, letales, tanto, que el cazador en una noche de duermevela en total comunión con San Huberto y sin apartar los ojos del arco, bañado por  una astur luna de plata, a orillas del mar, juró no volver a caer en la tentación de utilizar un arma de fuego, fría, antideportiva y sin corazón, para cazar pieza de mayor alguna...... y así, llegó Septiembre. Y la primera semana de Septiembre llovió tanto, que fue imposible acercase a monte alguno, comido por el ansia, durmiéndose cada noche con una flecha colocada desde distinta postura tras un rececho magistral, toda una faena taurina, con vuelta al ruedo y con el corzo igualito que un morlaco enchido de banderillas, pero una tarde, al igual que en Macondo, como por arte de magia dejó de llover, y un amarillo sol de septiembre que solo calienta las siestas, se hizo dueño y señor del cielo...al día siguiente, volaba el Niva lleno de trastos, lleno de ilusión, pero por una vez, sin olor a pólvora, quién sabe cuanto tiempo hacía que un cazador, armado con semejante adminículo no pisaba aquellos remotos pagos. Esa tarde, antes de llegar al pueblo donde se hospedaba, ya intento una aventura el cazador, en la ladera opuesta se entretuvo buscando al macho, que ahora en Septiembre, seguro reposaba de su ajetreado verano tras las corzuelas, no fue una mala tarde, ya que una de ellas, acompañada por la inexperta cría, se metió de lleno en él, llegando a arrancar los brezos ya no a tiro de flecha, sino a golpe de martillo, el cazador, pegado a roblecillo no más alto que él mismo, el único roble que había en aquella ladera, dejo entrar a la corza hasta sus pies, y la dejó marcharse sin delatar su presencia, solo la cría, avispada y a buen seguro un macho hijo de la obsesión, se dio cuenta de su presencia, pero confiado se fue con su madre. - ay la hembras, siempre son nuestra perdición -. Henchido y vano, abandono el nuevo arquero aquella montaña, y mientras esperaba el amanecer encamado, pensaba en que estaba rayando el sumun de la perfección, en que tocaba el Olimpo de los cazadores e incluso ya veía demasiado sencillo el arco....se durmió pensando, tal vez, lo próximo.....la lanza. Abandonaba la cama con el horario de verano, por lo tanto, llego una hora y pico antes a su atalaya, embutido en el green british, con el arco portando ocho flechas, con los prismáticos a un lado, el enorme medidor de distancias que comenzaba a medir a partir de 25 metros, la vara, cajetilla y media de Marlboro y la indispensable cámara de fotos, para inmortalizar el momento...pronto se dio cuenta de cuan cambiante era el terreno que pisaba comparado con su jardín de entrenamiento, pronto se dio cuenta del coñazo que resulta un arco clavándose en los riñones, pero...era igual, al corzo le quedaban escasas horas de vida y allí arriba, desafiando a la arquera Diana, dueño y señor, se sentó a fumar un truja, esperando que la luz inundará el valle. Y se hizo de día, pronto lo que eran difuminadas sombras, dieron paso a pétreas y escarpadas laderas, los árboles abandonaron su fantasmagórico aspecto nocturno y se hicieron seres de savia y hoja, a lo lejos dos corzas salían del brezo para perderse cuerda arriba, pasaba el tiempo, los ojos picaban como pican los de los mortales y a pesar de estar sentado en el trono del olimpo,  no se veía nada, septiembre nos obsequiaba con una mañana de las que solo pueden verse en estas montañas en esa fecha, en la distancia, el viento quería traer los berridos tempraneros del cervuno, el cazador se empeñaba en calcular la distancia, cuando otros berros, más graves, cortos y  cercanos atrajeron su atención....en la ladera de enfrente, a escasos metros de la cuerda, en un pelado, el ansiado corzo saludaba al día. Quiso el arquero comenzar el rececho sin dilación alguna, pero apenas incorporado y muy a pesar de su camuflaje, dos ciervas que no había visto y subían por el fondo del valle, le miraban extrañadas, con el arco en una mano y a medio enderezarse, sabía el cazador que no debía mover un músculo, que el juego de las pepas había comenzado y cualquier movimiento sería la antesala de una alocada carrera, el corzo estaba lejos, más alto, y no se había percatado, de reojo el cazador no perdía instantánea de su objetivo, diez minutos tardaron las pepas en marcharse por donde habían aparecido, no sin antes soltar un seco ladrido, más propio de un perro afónico que de la madre del rey del bosque, por primera vez empezó a desear haber portado un rifle, aunque fuese su corta carabina Ruger del .44, tal afrenta cervuna solo podía ser lavada con sangre. El corzo había oído el “ladrido” de la cierva, así que ahora era el, estático, quien jugaba a adivinar lo que había alterado a la hembra, menos mal que la distancia permitió aliviar la incomoda postura al cazador, pues sus riñones ya no soportaban más el lance, había que ser estratega, para superar esa distancia y colocar al corzo en rango de tiro, tenía que mover ficha el corzo, por tanto, sentado esperó, esperó y esperó, por  un momento llego a pensar que el corzo, al igual que las hijas de Lot, se había convertido en estatua de sal, pero por fin, lanzo un par de berros y pacientemente se interno en una isleta de brezo, que no superaba los diez metros cuadrados y allí, como por arte de magia, desaparecio. Estaba claro, el corzo se había encamado, y se había encamado porque estaba mosca, así que habría que entrar con cuidado, pero lo había hecho de forma precipitada, pues el lugar permitía un cómodo acceso desde la cuerda, además, el aire estaba perfecto, así pues, superada la distancia que llegaba al embudo que formaba la ladera, a la velocidad del rayo llegó el arquero a la cuerda, una vez allí se coloco a la altura de la isleta de brezo y espero a que el corzo se levantase, como toda protección tenía una escoba, que más alta que las otras le ofrecía un buen lugar de disparo, la distancia, unos cincuenta metros que marcaba el engorroso medidor, a pesar de la precipitación, supo aguantar durante media hora, pero entonces decidido ganar unos metros, para no hacer ruido se quitó sus botas y con el calcetín como sandalia, mejoro la postura una veintena de metros, pero el corzo, no daba señales de vida, una nueva treta ideo el cazador, algo que había salido bien otras veces, con el arco preparado iría ganando metros, el corzo aguantaría parado unos segundo y al menos, tendría una opción, así que lentamente, se aproximo a la isleta de brezo, un paso, luego otro, otro más, recorrió los diez metros cuadrados con el corazón saliendo por las órbitas de los ojos, sin dejar de escudriñar cada brezo, que no pasaba de su rodilla, pero del corzo no había ni rastro, suspirando y aliviando la tensión, dejo escapar un exabrupto mientras quitaba la flecha del arco...entonces, con un gran salto, salió el corzo a dos metros de sus calcetines, salió corriendo y a los cincuenta metros se paro cinco segundos y con tres berros despidió al cazador hasta otra temporada, el ruger, como por arte de magia, se apareció en su mente mientras lanzaba improperios, el arco volaba sobre el brezo y el cazador, en picado libre, caía desde el Olimpo. Solo dos trujas sin intermedio le volvieron al mundo real, corrió entonces a ganar la cuerda, y calzadas sus botas para ver todo la ladera, que bajo una gran roca ofrecía un panorama espléndido, quien sabe si buscando todavía al corzo, lo cierto es que apenas coronaba unas rocas, cuando el viento casi se lleva el marlboro, y automáticamente de un salto, pego su cuerpo a la piedra....a unos cien metros monte abajo, un colosal venado ascendía por la ladera derechito al paso donde el cazador estaba ahora. Tanta suerte no podía imaginarse y si bien no era el corzo, el venado era magnifico y nunca se había atrevido a pensar que podría colocar un astil acerado entre las costillas de semejante trofeo, de nuevo volo la flecha al reposa, de nuevo engancho el disparador el Fast-flight, y pegado a la piedra, calculando por donde aparecería el venado, esperó, frío, paciente, letal. Pero se cansó de esperar, porque el venado no acababa de aparecer, así que había que hacer una asomada, tal vez en el último momento cambió de dirección, tenía que resolver la incertidumbre. El ciervo no había cambiado de dirección, simplemente se había encamado a ochenta metros de medidor en todo lo libre, bajo las piedras, a primera vista y con el miedo a ser descubierto, le pareció que el ciervo el miraba, pero luego, con más calma y detalladamente pudo observar que el ciervo se había acostado mirando al Valle, también pudo recrearse en un magnifico trofeo, muy abierto y al que contaba diecisiete puntas, tan rojo como los corzos en verano y de corpachón descomunal, un impresionante ciervo de montaña. Había que entrarle, así que sin esperar un minuto, espoleado por el corzo saltarín de hacía poco, solo alivio peso dejando prismáticos, vara e incluso algo de ropa, no se quito las botas porque parecía innecesario y en dos saltos estaba al otro lado de la protección de las piedras intentando ganar metros, los diez primeros no supusieron problema alguno, pero luego había que descolgarse por una piedra, que al llevar las manos ocupadas, necesitaba desviar la vista del venado, un vistazo confirmo que seguía sentado absorto a su suerte, así que en dos segundos superó el obstáculo, para volver a otear el venado y continuar la aproximación, pero entonces, el venado le había visto y girando su cabeza, le mantenía enfilado en sus retinas, aquí no cabría posibilidad alguna de iniciar el juego, había que seguir avanzando, dos pasos más bastaron para que el ciervo se pusiese de pié, obsequiando terciado su triángulo mortal, mantuvo el pulso el arquero y a sabiendas de que sería imposible acercarse más, cálculo el pin más alto, y todavía subió otro tanto manteniendo en la vertical el colorado corpachón, abrió el arco y ....soltó, la flecha fue a enterrarse diez metros delante del venado, este aguanto sin inmutarse, impávido retaba al cazador, de nuevo voló otra flecha con mayor corrección en altura, y otra vez quedó corta, así una tercera e incluso una cuarta, esta ya más cerca, que consiguió mover al venado, marchando lentamente ladera abajo...para siempre. Duerme el arco olvidado, como el arpa, cubierto de polvo en algún rincón escondido, mudo testigo de lo ineficaz que resulta hacer las cosas mal y de lo que peor se hubiera hecho, si por una chamba del destino, fuese a colocarse una flecha en la grupa de tan magnifico animal. Con el tiempo, el cazador aprendió que si el arco es letal, como debe serlo, es tirando cerca, para dar no a más de dos cm. de donde queremos dar, para tirar siempre a un punto vital, porque sino, las flechas en lugar de letales, se convierten en lacerantes aguijones que causan una muerte lenta e insoportable, también aprendió el cazador, que la velocidad de una flecha, una vez superado el punto álgido, cae en picado como ella misma, perdiendo, precisión y penetración. No era tan buena el cazador como se creía, y de las chambas poco se aprende, incomodan y a la larga nos hacen revolver las oscuras habitaciones del alma, donde viven los corzos imposibles, los rojos venados como catedrales y ....mi querido Ruger del .44 magnun. Un abrazo Chaín.
Usuario anónimo
09/02/2007 23:06:22
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Si quieres comer carne fresca...
Muchas gracias Chaín. Sabes que comparto ese punto de vista. A ver si algún día, quizás para el próximo otoño, quién sabe, le quitamos el polvo a ese arco, le arreglamos la cuerda y le echamos un tiento al monte, que a la postre, ya lo sabes, cazar no es matar, o al menos no siempre. Abrazos Gerardo Pajares
Usuario anónimo
12/02/2007 9:58:50
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Si quieres comer carne fresca...
Dear Tor : A mi me lo vas a contar, que esquivan las flechas lo he podido constatar en primera y segunda persona unas cuantas veces, quizá lo primordial tirando con arco, además de la distancia, es el ángulo de disparo, pues en determinadas condiciones ni se enteran por donde viene la saeta, un claro ejemplo sería utilizando un tree-stand y disparando de arriba hacía abajo. Por desgracia y a excepción de unos pocos privilegiados, los cazarqueros lo tienen mal desde el primer momento, ya que a diferencia de otros países, por ejemplo Canadá, donde lo he podido ver en primera persona, el cazador solo puede abatir una pieza por temporada, así que dedica gran parte de la  misma a preparar su lance, al final tantas veces va el cántaro a la fuente que.... En España es distinto, la temporada es más larga y pocos son los que se cogen dos semanas para matar un único ejemplar de corzo, necesitas conocer muy bien las querencias para colocar un tree-stand y lo que todavía necesitas más, es ser un afortunado para que cuando llegues a colocarte no te hayan dejado nada más que el sitio, en el mejor de los casos, pues recuerdo como en una ocasión el cazador además de perder el tree-stan vio como cortaron el árbol de cuajo, sería una interesante propuesta para abrir un foro de debate, dedicado a los románticos de Sherwood, explicar como, donde y porque hemos de colocar debidamente un puesto para esperar corzos y todos los problemas tanto para disparar, abrir el arco y por supuesto, mantener la estabilidad, a mí se me escapa porque solo soy un mero observador y un pésimo cazador con arco. Dear Gerardo: Mi Hoyt viajará este fin de semana a los talleres de Cerra, no habrá que esperar a Otoño, esta primavera vamos a dedicar un coto solamente al arco y entre dos cazadores. Un Saludo.
Usuario anónimo
12/02/2007 17:51:30
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Si quieres comer carne fresca...
Posiblemente la espera y más desde arriba seria lo mejor para abatir un corz@ pero me resulta más aburrido que intentar entrarles. La otra cosilla que veo es que aunque tengas una zona de comida fija no tienes la seguridad de que al ir a colocarte los animales se encuentren cerca de la zona de espera en cualquiera de sus siestas y les puedas levantar, o que cambien de sitio una treintena de metros y se acabo. Espero tener noticias de ese coto corcero para arco y que sea buena la temporada. Con un arco cualquier corzo es medalla. A ser bueno. Tor Ah, una vez recibido el arco silencialo a tope aunque pierdas velocidad.
Usuario anónimo
12/02/2007 11:19:59
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Si quieres comer carne fresca...
Pues nada hablamos. Yo sigo en la brecha de intentarlo. Abrazos Gerardo Pajares
Usuario anónimo
15/03/2007 10:49:42
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Si quieres comer carne fresca...
HOLA GERARDO. PUEDO DAR FÉ DE LA CALIDAD Y ARROJO DE LOS TEKELS QUE SALEN DE TUS CAMADAS PORQUE YO MISMO HE VISTO CAZAR EN VARIAS OCASIONES A UN TEKEL QUE TU LE REGALASTE A OSCAR EL GUARDA (TIO CARIÑOSO Y AMANTE DE SU PROFESIÓN. TODO UN SEÑOR) DA GUSTO TENER COMO COMPAÑERO DE CAZA A UNO DE ESTOS CANES. FELICIDADES GERARDO