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Usuario anónimo
15/03/2007 17:02:07
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Querido amigo
Querido amigo: A ti que estas tan lejos de nuestra tierra, paso a relatarte las peripecias de la última montería del grupo. Monteábamos el pasado sábado en Almazán. Ya sabes, aquella montería conseguida a través del hermano de Pepe. Barra libre cochinos, pepas, varetos, horquillones y venados de menos de 12 puntas. 300.000 reales o 15.000 Ptas. del vellón. Yo como pensaba estar en Donosti no pude confirmar mi puesto hasta una semana antes del evento. Pero oh, mustios collados, campos de desolación, ya no había puestos. Un "selecto" grupo de cazadores se había repartido los treinta puestos que máxime autoriza la Junta de Castilla y León para un descaste. He aquí que el día anterior me encontraba en casa con mi santa esposa cuando recibo una alarmante llamada de teléfono a las 12.30 h. (a.m.ya). Pepe me informa rápidamente que su primo Ezequiel, el cual había confirmado su asistencia a tan festivo evento, se encontraba “missing in action”. Te podrás imaginar el estado de nervios de Pepe que veía un puesto que el había reservado y se quedaba sin cubrir. Que cómo no iba a saber Ezequiel de la Montería, si habían estado hablando del tema el fin de semana anterior, que qué desastre de primo tenía, que siempre acababa jugándosela, etcetera, etc... Pues bien, imaginando una noche loca de Ezequiel a la cual, todo hay que decir ya no nos tiene acostumbrados, Pepe me ofrecía su puesto. Después de rápidas negociaciones con mi santa, confirmé mi asistencia y comencé a preparar los bártulos a saber: • Rifle y balas como para una boda siciliana. • Sombrero e impermeable pues el tiempo anda revuelto y ventoso, (en la guarida el oso dice el refrán). • Vestimenta habitual complementada a la sazón con camiseta y calzoncillos largos, pues de todo es conocida la agradable temperatura de Numancia. • Aperos habituales múltiples, inútiles, y sobre todo pesados. • Finalmente, el taco compuesto por una lata de sardinas picantonas marca rabigote, (para relamerse el bigote que decía mi difunto tío), y frugal manzana para enjuagar posteriormente la dentición. Total que preparados los aperos y el doble despertador, (cualquier precaución para tan solo cinco horas de sueño es poca), habíamos quedado en que sería el último a recoger por Pepe y tu hermano en su flamante Polvo, (digo Volvo en que estaría yo pensando). Después de dos horas de viaje, y el imprescindible cafetito a que Pepe nos tiene obligados, (ya sabes necesariamente en vaso de cristal, corto de café, y con leche tibia, tu hermano colacao con leche templada y dos magdalena secas que se le atascaron), conseguimos arribar ilesos a Almazán donde por supuesto recordamos las correrías de tu hermano con una damisela que tenía hacienda en la muy noble y "yemosa" villa. En la junta, migas con huevos fritos servidas por camarero en los locales y cafetería de la piscina municipal, (los Winsor locales). Sorteo a casi las 11 de la mañana, y oh desilusión el puesto Nº 5 de la armada del chaparral, (me recordaba a la serie Bonanza o alguna otra que tenía el rancho con ese nombre). Pepe el 8 de misma armada y tu hermano en una corta traviesa cerca de nosotros. El día negro como el capullo de un abejorro en un túnel. Viento como para dejar la caza e ir a echar las cometas, y un frío pistonudo que subía por la pernera hasta los huevecillos. Día malo para los sordos y peor para los de corazón asustadizo. El puesto un cortadero limpio y bien ancho, con casi 400 metros sin cubrir a mi izquierda, y a mi derecha el resto de la armada empezando por un viejecillo local en el número seis con el cual me aviso muy oportunamente pues decía tener un rifle nuevo y no saber que calibre era. La armada, de suelta, con un pechoncito de monte por detrás que no era parte de la finca, haciendo de martillo con la armada de la luz, (que bonito nombre para llamar al tendido eléctrico). Aire fuerte a lo largo del cortadero en dirección salida de la mancha. La suelta por detrás de nuestra armada. Una de las rehalas muy bonita, llena de bigotudos podencos cordobeses todos inmaculadamente blancos e iguales que luego demostraron claramente que no servían mas que para hacerles fotos un turista novato. Del escaso pegote de monte de la otra finca salen por mi izquierda un zorro con abrigo de piel doble, y en sentido contrario un ratito después, un lustroso corzo con su precioso pelo de invierno color ceniza. Para ahondar más en mi depresión, por mi derecha literalmente por encima del puesto del viejecillo, un venado trotón que el vejete tira ya metido en el monte sin cortar pelo. Apenas he conseguido contar ya en el viso, dos puntas largas en su palma, pero el lugareño desde luego ha tenido tiempo hasta para adornarle la cuerna con motivos navideños. Otro corzo perseguido por el único currante de la rehala, cruza estallado el cortadero en una de las pocas ladras del día. Total que mucho movimiento y yo sin tirar. El cachondo del perrero me avisa al cruzar, que tres perros punteros de su recova están todavía dentro del monte, y que vigile... Efectivamente los susodichos "punteros" canes no me abandonarán en todo la mañana mariconeando de arriba abajo en el cortadero y aullando al cielo perdidos que estaban, y como cachorros que eran. Gracias a las mariconerías de estos canes, una pepa harta de tan desafinado concierto, decide levantarse de su encame y poner tierra de por medio. Cruza el cortadero a 50 metros escasos. Me coge sentadito en la silla con el palillo de la navaja multiuso hurgando en la boca, y cuando me encaro ya de pie, la pepa ha cruzado más de la mitad del cortadero. Mal-la-meto en el visor a cuatro aumentos y medio, y me doy cuenta después de apretar el gatillo del famoso express de Göering, que el tiro se me quedará trasero. Efectivamente la pepa acusa un impacto en el jamón que medio la sienta, pero se recupera rápidamente y antes de que se tape en el monte, le descerrajo otro tiro ya más aprobable, que da con ella en el suelo. Salgo del puesto y la pincho en el codillo pues hace tiempo que no pincho ni aceitunas, y refrescado ya el cuchillo, vuelvo al puesto para echarme al coleto un sorbito de coñac de la petaca, y festejar que acabo de terminar con más de dos años de sequía monteando. Los tiros se suceden en lo alto de la mancha allí en la tan deseada armada del cierre conocida como el "vedao". Las traviesas por el contrario están más silenciosas, especialmente la que hace martillo con mi puesto y armada, allí donde tiene puesto el hermano de Pepe. El fresquete arrecia, y yo ya no tengo qué comer. Me ha parecido oír un ruido que se escurre hacia abajo paralelo a la armada. Será el viento. Las hojas de las carrascas de roble están secas y caen sin cesar. Cada vez que pega una racha de aire me llevo una sorpresa de muerte y me pasa casi como al luchador de sumo que se desnucó por vérsela. El posible ruido resulta ser un cochino de tamaño medianejo, y negro como tus pecados, que cruza finalmente el cortadero a toda leche y a más de 120 metros del puesto por la zona sin cubrir. Un poco largo para el express pero en cualquier caso te voy a calentar. Un tiro largo y sin esperanza. Un fallo seguro. No me cabreo demasiado por fallarlo pues estaba lejos, pero si por haberlo oído y no darle la importancia lo que me hubiera cogido mejor preparado. Al poco rato muy por debajo del cochino anterior, salen al cortadero una, dos..., hasta siete pepas que tímidas se paran en el cortadero. Muy lejos para tirarlas. Confío en que con un poco de suerte algún cachorrillo las logre meter en el cortadero algo más a tiro. A los diez minutos una cochina grande que me coge bien preparado. Sale al cortadero, me encaro y la tapo en el visor, dándome cuenta en el tiro que he corrido demasiado la mano. Un tiro en la tabla del cuello vuelca a la cochina y engordo de golpe siete kilos. Por una vez he tirado un cochino como mandan los cánones, sin nervios, dejándola correr y escogiendo el sitio con tranquilidad. Esto no puede estar más animado. Pienso en el capullín de Ezequiel cuando le cuente lo que está resultando su puesto. La montería se prolonga ya demasiado. Son casi las tres de la tarde y hace un frío pelotero. Poco a poco se distancian mas los tiros y esto se acaba. Los perreros se oyen  ya de vuelta. Poco antes de recoger, un cochinillo cruza el cortadero mucho más largo aún que el que fallé antes. Calculo casi 200 metros. De cualquier forma osa pararse en la mitad del cortadero y me decido a sacudirle. Cuando lo meto en el visor se arranca a correr y le casco un tiro corriendo como un conejo y otro metiéndose al monte. No le he metido ni miedo. Finalmente me pasan a buscar no sin antes rápidamente confirmar que los cochinos fallados los he fallados pero que muy bien fallados. Tu hermano ha pinchado una pepa que ya venía pinchada y que finalmente ha rematado un tercero de la armada. Además ha fallado otra. Pepe no ha tirado. Su hermano tampoco y otro pariente de la extensa familia de Pepe ha fallado un cochino. Total que soy el héroe del día. El resultado final ni idea, pero alguien dice haber contado más de 100 tiros, con lo cual se espera bastante carne. De vuelta a los salones Windsor, potaje garbanzos con bacalao, ragout de carne de madre desconocida, y postre variado a la sazón; flan de hormigón armado que no baila, y helado químico de corte. Todo bien regado con Cariñena especial cosecha "ardor guerrero", y para finalizar un chupito de manzana, (por supuesto tu hermano pacharán. Ya es de noche. Carretera y manta. Yo desde atrás dando conversación a tu hermano. Pepe trata de mantener inútilmente la conversación y finalmente se desnuca en el asiento a la altura de Torija. De vuelta a casa, en las despedidas repetimos nuestros más firmes propósitos de que hay que cazar más veces juntos, empezando por zorzalear antes de final de año en Toledo y una vaga y tímida propuesta de organizar una tirada mixta de faisanes y palomas en tu finca. ¿Te he dado un poco de envidia? Pues que vuelvas pronto y que lo puedas vivir en tus carnes y no tengas que leerlo. Abrazos múltiples,