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Gerardo Pajares
Autor: Gerardo Pajares
13/10/2007 10:59:44
(1 vistas, 3 respuestas)
20 años de caza
Si echo la vista atrás, si intento recordar como cazaba y qué cazaba hace 20 años, compruebo un panorama ciertamente distinto. Un panorama en el que dominaban las especies de caza menor, donde el conejo o la perdiz reinaban en eriales, cultivos y sierras del norte a sur peninsular. No faltaban corzos que se asomaban tímidos a las lindes de las fincas, o venados en las sierras meridionales y del norte o los ya ubicuos jabalíes,  pero la pasión de la mayoría se decantaba por esas pequeñas joyas de nuestra fauna: la perdiz y el conejo. Se me viene sin dificultad a la memoria aquellos días fríos de otoño en Riaza; el sábado a las setas y el domingo de caza. Días de palomas, escasas perdices y difíciles conejos que desbordaban nuestra afición adolescente, afición que era vista con naturalidad y comprensión por un entorno capaz de entender aún los sucesos del medio natural. Veinte años han modificado profundamente la situación. La agricultura y ganadería, la vida en el medio rural, han ido de la mano de una política, la PAC, diseñada con otros horizontes y aunque si bien en su articulado original se citaba a la caza como uno de los elementos de desarrollo rural la cosa no ha pasado de la pura retórica. Lo cierto es que estas dos décadas se han saldado con un abandono masivo de formas de vida centenarias. Las gentes nos hemos ido olvidando de que hay ciclos naturales, sólo recordados ahora por programas televisivos. La afición a la caza, otrora forma natural de expansión de la gente que vivía próxima al campo, ha pasado a ser masivamente incomprendida cuando no rechazada. La inexorable ley de la oferta y la demanda, aliada con las necesidades de conservación, ha eliminado el romanticismo de la caza en espacios libres, porque libre llegó a ser sinónimo de abandono, desastre y ausencia de gestión. Paralelamente la caza se ha intensificado como también los han hecho otras facetas de nuestras vidas. Parece que hoy nadie entiende que ir de caza no es sinónimo de traer caza. La caza de bote, la que viene preparada de fábrica para ser desempaquetada y ejecutada para mayor gloria del venador, se extiende, ocupa páginas y páginas en nuestras revistas, se defiende con dinero y con la bajeza del deseo de poder presumir de una jornada satisfactoria de capturas, que no de caza. No afecta solo a la menor esta tendencia. En la mayor es cada vez más frecuente escuchar las “hazañas” de importantes y pudientes cazadores en la consecución de descomunales venados, cabras o jabalíes, criados mansamente al amor de un pienso y las atenciones de quien sabe seguro que la mercancía está colocada y del poderío de su clientela. La caza en España se ha encarecido tremendamente. Creo que ha perdido una parte importante de su valor social en este trance. No es posible pensar ya en la caza como forma de entretenimiento de la gente del campo. Paradójicamente a pesar de la abundancia de algunas piezas y de la incomprensión social y mediática con la caza hay una tendencia alcista en su cotización. Por las fincas de caza se llegan a pagar cifras que nunca se justificarían por su valor agroforestal, por cacerías con seguridad en las capturas se pagan cifras de escándalo que permitirían vivir a una familia algunos meses, llegando el extremo que para muchos es más barato cazar fuera de España que dentro. Así se han popularizado las cacerías en lugares lejanos (Argentina o Sudáfrica) o aparecen nuevos destinos próximos, hasta hace poco vetados por su precio como Francia o Gran Bretaña. Algo ha cambiado en la caza más allá de la abundancia de las especies, ha cambiado también la óptica del cazador, pero no es menos cierto que han prosperado igualmente cazadores preocupados por lo que sucede, personas sensibles a cuestiones como la conservación del patrimonio natural o a las tradiciones y formas de ver la actividad cinegética, conscientes del cariz que toma el devenir de su afición favorita. Han ido surgiendo asociaciones, grupos de trabajo, centros de investigación e iniciativas que ennoblecen la caza y a los cazadores. Mientras tanto, la naturaleza impulsada por mil fuerzas contrapuestas va reajustando su diseño, ofreciendo, quitando, aumentando o disminuyendo, a su ritmo. La caza como actividad debe a su vez reajustarse a su ritmo. La caza no es más que la afición de aprovechar del campo lo que el campo da en forma de fauna.
Pedro Amp.
Autor: Pedro Amp.
15/10/2007 22:15:36
(0 vistas, 3 respuestas)
20 años de caza
Un gusto leerte. Gracias
jobi
18/10/2007 17:29:02
(0 vistas, 3 respuestas)
20 años de caza
Lo mismo digo. No hay más remedio que adaptarse a los tiempos o perecer y de esto último ya se encarga la naturaleza. Saludos.
JM Herrero
Autor: JM Herrero
18/10/2007 19:41:43
(0 vistas, 3 respuestas)
20 años de caza
Yo creo que ese cambio del que hablas se va mas hacia los 30 años que hacia los 20. Esta claro que la "caza" de bote, se ha impuesto, pero eso no es mas que un fiel reflejo de los objetivos de la gente. La caza, mas bien los trofeos conseguidos de cualquier forma, se toman como simbolo de poder y de estatus social. No hay mas que comparar las listas de trofeos homologados en España y ver el poder adquisitivo de los propietarios de los de mayor rango. ¿Casualidad?