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Delpuerto
Autor: Delpuerto
20/04/2009 14:53:03
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MI PRIMERA RES
Era la temporada 1979-80 y los Coveñas me llamaron junto con unos invitados catalanes a dar un gancho a su finca Gibraltar, en lo alto de la sierra gaditana y lindando con conocidas y famosas fincas monteras.    -Quedamos en la Venta Gabriel a las seis y media para desayunar y ya salimos todos a buscar a los catalanes. –me dijo Antonio al llamarme un par de días antes. Estos catalanes a los que me refiero, aunque de tierras del Norte Mediterráneo, estaban afincados en Jerez con negocios de electrodomésticos y con una finca que nos cogía de camino y que a veces utilizamos para cazar codornices y palomos en lata. Tenían un pronunciado cerro perfectamente acondicionado y automatizado para soltar todo tipo de aves, y con un círculo de puestos perfectamente pertrechados. Por aquella época mi abuela pasaba unos días con nosotros, y la caza no le quedaba cerca, y no es que no le gustase, sino que no creo que hubiese pensado nunca en ella. Mi madre siempre nos recordaba que debíamos ser cuidadosos con las armas y que tuviésemos cuidado con los accidentes, pero por aquella época lo que a mi me preocupaba era el medio de transporte, el R-12 Familiar de mi madre. - Papá, los Carvallo me han invitado a una montería el sábado –le dije a mi Padre aquel Jueves cuando  llegué del colegio. Si, si... 18 años y seguía en el colegio, a mi me gustaba mucho el colegio. Realmente me pareció que debía cambiar la palabra gancho por montería para darle mayor importancia al evento. -A cualquier cosa le llamáis montería –me respondió mi padre con mas razón que un santo. -Bueno… papa tu ya sabes a un gancho con media docena de perros y … –intenté arreglarlo con la voz entrecortada y sin saber como arreglarlo. - ¿Va mucha gente? –preguntó acto seguido sin dejarme acabar mi tartamudeo. - No, creo que unos diez puestos –respondí más firme cuando lo vi más interesado en el asunto. - La cosa es que del puerto voy solo yo, y no tengo como ir, a ver si …pues….. me pudiese llevar el coche de mama. –le solté. - Mira a ver si tiene Gasolina y échale un vistazo al aceite –respondió él como si esto ocurriese todos los días. Por supuesto fui corriendo a mirarle el aceite y el nivel de gasolina aunque todavía faltaban dos días para el sábado. Por supuesto la adrenalina me subió por las nubes, y todavía recuerdo la cara de estúpido que se me debió quedar cuando mi padre se refirió a los aspectos mecánicos del coche para darme el “SI te puedes llevar el coche”. Este tipo de respuestas gallegas eran muy típicas de mi padre, porque todos los hermanos ahora recordamos con humor el significado de “es menester que hagais….”.  Eso siempre nos sonaba a “quiero que ahora mismo y sin dilación alguna, hagáis ….”,  pero es que a mi padre siempre le gustó suavizar las órdenes directas. Cuando pasé por El Portal camino de la carretera de Cortes de la Frontera, creo que hasta saludé de forma real (de rey), o como Franco cuando pasaba por el Puerto cuando venía de cacería a la zona de Mehina (Medina de la Frontera) y los Jesuitas nos llevaban a la estación de RENFE para saludarle (1968-1969). Por supuesto, antes de saludar me cercioré de que no me vería nadie. Aquel R-12 blanco tenía un motor suave y ágil al mismo tiempo (eso me parecía a mi),  y cuando ahora recuerdo, aquel R-12 no tenía ni radio ni aire acondicionado. Al llegar a la Venta Gabriel, todo eran elogios al coche que llevaba, porque mis amigos llevaban un SEAT 124 familiar lleno de remiendos, y los catalanes, como más tarde veríamos, tenían un Citroen GS de los que se elevaban y no volvían a bajar cuando se llenaban de barro. En aquella época no existían Todo Terreno 4x4 como en la actualidad, solo había Land-Rover en las fincas y algunos en la ciudad, pero que no se utilizaban a diario, en aquella época un 4x4 solo se utilizaba para realmente lo que sirve. - Mira que vista, por esto mi abuelo le puso Gibraltar a la finca –me dijo Antonio al llegar a la entrada de la finca y señalando al horizonte. Antonio se había montado conmigo en “Mi Coche” ya que el suyo lo conducía “un propio” que trabajaba en uno de los negocios de su padre, y al que siempre  encomendaba la seguridad de sus hijos, sobre todo en la carretera y la caza. A lo lejos se apreciaba entre las nubes La Roca, era impresionante. Desde lejos, y debido a la altura, se apreciaba la roca y el mar de alrededor,  todo ello aumentado por la luz del amanecer que hacía brillar el agua del Mediterráneo y Atlántico. Ahora toda la ladera de levante de la Sierra de Cádiz se veía iluminada por aquella luz amarillenta del amanecer y con todos sus bajos y arroyos llenos de brumas y neblinas. Al entrar el coche en el carril, varias reses salieron espantadas hacia los bajos de la finca. Esperamos un rato hasta que los tres coches nos volvimos a juntar, ya que habíamos pasado por la finca de los catalanes y ni paramos, solo un par de pitadas hizo que el GS saltase de la portada de la finca. Otra cosa a resaltar de aquella época, era que al llegar al campo, no se nos ocurría ni encender un cigarro, ni abrir una botella de vino, ni hablar un rato de lo ocurrido en el colegio o el fin de semana anterior, llegábamos, arma al hombro y a cazar. Ahora todos abren sus cayenes, tuaregs, lexues, mercedes y bemeuves, y sacan las mejores delicatesen, hablando de las Opas y las vicisitudes del gobierno, o del último contrato conseguido por su empresa.  Ellas vienen que mírame y no me toques, y ellos con unos sahones que dan pena de usarlo por no usados. En aquella época que íbamos al campo a cazar, la única comunicación a aquella hora era “Vámonos que se van”. Todavía recuerdo la imagen del maletero del coche comparada cuando íbamos de cacería con mi padre. Al abrir el portalón del R-12, se apreciaba la funda dura de escopeta, una caja roja de 10 cartuchos Winchester del 20 (Bala), dos bocatas enrollados en papel de plata y una cantimplora de aquellas que estaban cubierta de fieltro verde y un recipiente de aluminio (de Boy Scout). - ¡Coño!, se me olvidó el banquillo –pensé en voz alta. - Para lo que te va a servir –respondió Antonio como augurando lo duro que iba a ser el día. Efectivamente el día fue glorioso, no por el resultado, sino por los caminares arroyos arriba, arroyos abajo, laderones arriba, laderones abajo, canuto va y canuto viene ya que los que íbamos éramos los que estábamos más el guarda. Nada mas hacernos con las escopetas y municiones, Antonio dijo, Tu, tu y tu con el guarda, y nosotros refiriéndose a un catalán de nuestra edad y a mi, conmigo. Unas veces tocábamos las palmas nosotros y acompañábamos al guarda y a un perro (Podenco andaluz mil leches), y otras veces tocaban las palmas ellos, siempre teniendo en cuenta a un farolillo rojo que era un catalán de unos 150 kilos y mucho mayor que nosotros. A eso de las diez de la mañana me tocaba a mi colocarme en el puesto: Llegamos a una umbría húmeda y fría, llena de helechos y grandes quejigos (Quercus faginea), algunos troncos estaban huecos de viejos que eran. Coronando la visión de esta umbría que teníamos de frente, se veía un laderón de alcornoques (Quercus suber) y jara (Cistus ladaniferus o mejor dicho pringosa), iluminada por el sol de las diez de la mañana, y a la que nada más ver, se apetecía trepar para llegar a ella y calentarnos. - Atento a este puesto, hay un corzo viejo que no hay manera de cogerle las vueltas, y siempre se cuela sin ser visto, mira a ver si lo aliñas. –dijo Antonio ante la atenta y extrañada mirada del guarda. Nada más desaparecer Antonio, el guarda y Jordi por la vereda que tenía a mi izquierda, que se perdía entre brezo y helechos a unos veinte metros, me miré las piernas que no me las sentía de temblores de nervios y frío. - “Esto debe ser hambre” –pensé, y acto seguido me eché mano al … - “¿Joder, donde he dejado el morral?” –volví a pensar Vi como pasaba por mi cabeza la imagen del morral colgado del alcornoque donde descansamos al finalizar el gancho anterior, y me vinieron a la cabeza imágenes de miles de bocadillos que durante mi vida habían pasado entre mis manos. Creo que todos aquellos pensamientos en bocadillos y hambre actual, hicieron que dejase de temblar, y más tarde volviese a apreciar imágenes del monte que tenía en frente de mi. Al ver aquellos quejigos solo pensaba en la antigüedad de cada uno de ellos, ¿100, 200, 500 años?, ¿cuantas reses habrán visto pasar, y cuantas cobijado bajo sus ramas de tormentas y fríos invernales?. Los helechos, musgos y rododendros eran impresionantes y daban a aquella sierra aspecto de bosque del norte de España. A mi derecha había un tiradero de no más de 50 metros acabando en un espeso pero limpio bosque del que solo esperaba que apareciese un tropel de ciervas precedidas por un venado (Cervus elaphus) de dieciocho puntas que iría a pararse en frente de mi. Después aparecían imágenes de un gran cochino corriendo con las navajas fuera, aunque sabía que en esta sierra solo había una especie asilvestrada del que solo se apreciaba su carne (Cerdus Ibericus jabugus silvestrus). Todas las imágenes se fueron juntas como explosión, cuando se echó bruscamente una paloma torcaz (Columba palumbus) en el quejigo cuyas ramas tenía encima, fue un susto de muerte, y el salto que pegué me hizo temblar otra vez por un periodo mayor a tres o cuatro minutos. - “Tantas tonterías que pienso, que se me va a pasar el tiempo sin ver una sola res” –pensé. Entonces volví a concentrarme en la caza y en el puesto que tenía,  y comencé a pensar y soñar en mayores venados, ya tenían 20, 25 puntas, como los que había visto en un pabellón de caza en Córdoba en una montería que fui con mi padre el pasado Noviembre que se llamaba algo así como Alta o Baja o Alta Baja o menos alta, no recuerdo. Y daba igual que allí no hubiese cochinos, porque yo soñaba con tremendos navajeros, gamos de porte majestuoso, y algún que otro muflón.  Incluso en uno de aquellos sueños, vi hasta a una chica bien vestida de verde, sentada en el suelo sobre mi chaquetón y leyendo un libro, imagen que en aquella época no entendería. - “Jo, eso de ir de montería con tu novia o mujer, debe ser una pasada” –pensaba mientras soñaba. Pero no entendía por qué leía sentada en el suelo, en vez de llevar una escopeta o rifle, era una imagen onírica muy extraña que tardaría en entender con los años. En medio de aquella imagen extraña, también apareció el “duende del bosque” que nos había llevado al campo aquella mañana, con sus andares secretos, totalmente diferente a los trotares del resto de los animales que habitan esta sierra. Tras salir de los helechos y caminar por el húmedo suelo que parecía que metía sus pequeñas pezuñas entre rama y rama para no hacer el menor ruido, era como si trotase de puntillas entre medio de las diferentes veredas que tenía en frente, todo esto me hizo despertar de mi estado de desconexión*. - “¡¡Que este es de verdad!!”  –pensé al mismo tiempo que se perdía por donde vino de giro brusco asustado por no se qué. * Desconexión: Estado habitual de mi mente cuando no me interesa lo que estoy viendo u oyendo y paso a recordar o pensar en algo que realmente me interesa. Nada más desaparecer me comenzó a sonar los latidos del corazón en la cabeza, al mismo tiempo que me sentía como un bombeo en los riñones, el corazón no lo sentía, pero los riñones me bombeaban como dos corazones con taquicardia. Cuando  ya me había repuesto y daba por perdido el lance del corzo que me había anunciado Antonio, en lo alto de la sierra que se apreciaba soleada, sonó un latido del mil leches del guarda. - JAI, JAI, JAI, JAI –latía el podenco mil leches. - Oye, Ahí va, Ahí va oye, es que no lo veis –gritaba un catalán en un Castellano con acento. -Andaconeeeh, andaconeeeh, –gritaba el guarda jaleando al perro. Mientras tanto, la parte soleada de alcornoques parecía moverse, yo no apreciaba si eran reses o catalanes. Estaba claro que con el corzo no iba, porque el duende volvió a aparecer por los helechos como si la bronca no fuese con él, y lo que previamente le asustó era mucho menos peligroso que las hordas catalanas capitaneadas por el guarda y mil leches, que venían ladera abajo.  El lance pudo haber sido más fácil si aquella vieja Ugartechea del 20 que perteneció a mi madre, no hubiese picado en falso en el fantástico Winchester de plástico que compré en el Caza y Pesca del Puerto. Dicho fallo hizo que me precipitase en el segundo tiro, creo que con los dos ojos abiertos. - “¿Dónde…  Donde… Donde está el dichoso bicho?” –pensaba acercándome a la zona donde lo había perdido y subiendo la intensidad del bombeo nefrítico. - “No puede ser, dos oportunidades perdidas” volvía a pensar aunque ya la dolencia nefrítica bajaba gradualmente debido al fiasco. Al final del claro regado de matas de helechos había una zona más espesa de jara donde me sobresalté al verlo, ya que no llevaba esperanzas. El segundo tiro de mi escopeta del 20 le había rozado lo suficiente el pescuezo en la base del cráneo para partirle ambas cosas. - “Vaya suerte de tiro, un poco más y le parto las cuernas” –siempre pensé, porque yo apuntaba al codillo, y en el segundo tiro, realmente no sé donde apunté. El corzo era precioso y con una cuerna muy perlada, digo una, porque la otra tenía un trozo de correa podrida y apretada que no le dejaba crecer la cuerna. La cuerna defectuosa era como un cuchillo, fina, oscura y sin perlado alguno. Uno de los costados del animal tenía las señales inequívocas de haber superado un sarnazo tremendo, enfermedad que por aquellas fechas comenzaba a erradicarse en la zona. Como podéis suponer, aquel día, fue uno de los más felices de mi vida de cazador, y hoy todavía miro con toda la ilusión del mundo este trofeo en la pared de mi casa. Yo siempre he clasificado los trofeos por los lances, por con quien los maté, por el tamaño, por el día que lo cacé, por quien me invitó a cazarlo, por lo poco o mucho que me costó (€), y si hay alguien que dice que él no caza los trofeos por el tamaño, es mentira. Otra cosa es que cuando vas a cazarlo, vas de descaste, o no te dejan matar los grandes, pero si vas a cazar un trofeo, lo que quieres es que…. - ¡Que coño! Que sea GRANDE  –perdón he vuelto a pensar en alto. Volviendo a Gibraltar, y haciendo referencia a lo que siempre nos pasa a los cazadores, para mis amigos y sobre todo para los catalanes, aquello fue un lance culminado con un gran tiro al cuello, y solo un tiro, como debe ser. Al quitar los mondongos y en el estado que se encontraba el corzo después de superar la sarna, aquel pobre animal cabía en una bolsa de supermercado. - ¡¡¡ Cristina hija, tu hijo ha tenido un accidente!!! –Gritaba mi abuela cuando me abrió la puerta de casa. - ¡¡¡ No, no abuela !!! que no he tenido ningún accidente, que es que me han hecho novio. –le respondí extrañándose aún más mi abuela. Mi abuela no quedó nada conforme con mis explicaciones. Luego vino la reprimenda de mi madre, ya que me colé por casa cerca de las doce de la noche y por supuesto sin avisar, entonces no había móviles, otro de los beneficios de cazar en aquella época. Había que tener en cuenta que era la primera vez que iba de cacería solo en coche, y estuvieron bastante preocupadas toda la tarde-noche. Sobre mi padre, no recuerdo nada de alguna reprimenda de su parte, no se si no la hubo o no la recuerdo en si. FIN
Delpuerto
Autor: Delpuerto
20/04/2009 14:55:20
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MI PRIMERA RES
No se si tenía que decir que era para el concurso de  Relatos. Gracia y perdonar las formas literarias inexistentes, realizadas por un profano.
Javier Sanz
Autor: Javier Sanz
22/04/2009 12:34:23
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MI PRIMERA RES
Enhorabuena Leopoldo, me ha entretenido mucho mucho, y me lo veía cómo si estuviese yo en aquellos montes de los catalanes... Suerte
JAVI LÓPEZ
Autor: JAVI LÓPEZ
21/04/2009 0:04:32
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MI PRIMERA RES
Excepcional. A mí persoanalmente me ha encantado. Soy de gustos facilones, ésto y las fotos me encantan... Un saludo y gracias por el relato Leopoldo
Gerardo Pajares
Autor: Gerardo Pajares
21/04/2009 21:22:58
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MI PRIMERA RES
Muchas gracias a ti también. Abrazos
Gerardo Pajares
Autor: Gerardo Pajares
27/04/2009 18:35:31
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MI PRIMERA RES
Leopoldo, adjunto esta imagen para aderezar tu relato, que ya veo que te hubiera gustado ilustrarlo. i15.photobucket.com/albums/a390/elcouz/Corzo_Gerardo.jpg> Saludos
Delpuerto
Autor: Delpuerto
28/04/2009 7:29:27
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MI PRIMERA RES
Gracias es preciosa. Estoy intentando subir una foto de la vieja Ugartechea y del craneo conseguido. Si, porque el relato es autobiográfico. ¿Que creiais?
Gerardo Pajares
Autor: Gerardo Pajares
28/04/2009 9:38:17
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MI PRIMERA RES
Adelante con los faroles. Saludos
Pedro Amp.
Autor: Pedro Amp.
06/05/2009 15:23:34
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MI PRIMERA RES
¡Muy bueno Leopoldo! Le pegaste en la cabeza por que no le mirarías más que a los cuernos, ¡como nos pasa a todos!jeej Gracias por compartirlo con todos, Pedro Ampuero
Delpuerto
Autor: Delpuerto
12/05/2009 21:21:08
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MI PRIMERA RES
Los faroles prometidos: De interés la inclinación de las bases y de la carencia de rosetas en la cuerna Izquierda, que poseía algo de borra en la punta y la diferencia de perlado entre una y otra cuerna. No tener en cuenta el estado del frontal por los múltiples accidentes y mudanzas que ha sufrido. La pequeña Ugartechea de mi madre (sin comentarios). Ver iniciales doradas  "CC". i591.photobucket.com/albums/ss351/losborn2_photos/IMG_7180.jpg> i591.photobucket.com/albums/ss351/losborn2_photos/IMG_7159.jpg> i591.photobucket.com/albums/ss351/losborn2_photos/IMG_7170.jpg> i591.photobucket.com/albums/ss351/losborn2_photos/IMG_7173.jpg> i591.photobucket.com/albums/ss351/losborn2_photos/IMG_7175.jpg> i591.photobucket.com/albums/ss351/losborn2_photos/IMG_7163.jpg>
Gerardo Pajares
Autor: Gerardo Pajares
12/05/2009 21:23:45
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MI PRIMERA RES
Leopoldo, interesante primer corzo y un magnífico documento. Saludos