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admin
31/03/2010 10:56:43
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Premio de relatos 2010
Se convoca un concurso de relatos a publicar en la web de la ACE. BASES - Los relatos a presentar deben ser originales y su temática debe versar sobre el corzo. - No hay límite de extensión. - Los trabajos estarán publicados en español y pueden acompañarse de imágenes que en su caso deben ajustarse a las normas de publicación que al efecto están publicadas en el foro correspondiente. - IMPORTANTE: Los relatos se han de colgar en post seguidos a éste, sin abrir uno nuevo, de manera que queden claramente diferenciados los que se presentan al concurso de los que no lo hacen. - Los relatos se publicarán por sus autores indicando el título del mismo al comienzo del post. - Todos los relatos deben estar firmados por el autor no pudiendo publicarse más de uno por edición. - El plazo de finalización de presentación de los relatos será el 30 de mayo. - Los relatos serán valorados por cinco miembros de la Junta Directiva otorgándoles una puntuación de 1 a 5, siendo el cinco la nota más alta para la valoración. Con todos los valores se publicarán los resultados definitivos en la web, otorgando el premio al que obtenga la suma más elevada. - La Asociación del Corzo Español podrá utilizar los relatos presentados en el concurso para sus publicaciones -Boletín o Curtius- o para la edición de un libro específico, renunciando los autores a los derechos económicos para dichas ediciones a favor de la entidad convocante. - De este concurso solamente se excluye como participantes a los miembros de la Junta Directiva de la ACE. - El premio consistirá en un tomo con una copia de los boletines de la ACE números 1 al 5, encuadernados en guaflex. Santiago Segovia Pérez
300wm
Autor: 300wm
27/04/2010 1:46:11
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Premio de relatos 2010
" Un fallo lo tiene cualquiera" “Un fallo lo tiene cualquiera” esta frase era lo único que conseguía calmar mi orgullo lo suficiente como para poder conciliar el sueño. Se levantaba una mañana fresca que junto con el sueño acumulado de madrugar  días atrás, invitaba más a zambullirse entre las sabanas que a levantarse para ir tras esos simpáticos y avezados habitantes de nuestros montes. Eran poco más de las 7 cuando mi amigo Martinal, como le conocemos  por la red de redes, y yo llegábamos al coto donde íbamos a recechar. Amanecía lentamente mientras cogíamos los “trastos” y partíamos con una entretenida conversación en la que le explicaba a Luis el recorrido que haríamos y los señores que habitaban aquellos lugares. Tras hacer unas entradas como mandan los cánones, en absoluto silencio y prestando atención a los vientos fuimos revisando los lugares donde solían amanecer los corzos pero excepto uno que nos ganó por la mano el resto no tuvo a bien esperar nuestra llegada y faltaron a la cita. Llegaron las 9 de la mañana sin pena ni gloria, llegados al coche le comente a Martinal la posibilidad de hacer una última entrada a un barranco cercano a donde estábamos y Martinal se apuntó rápidamente. Un profundo barranco que en su interior alberga dos siembras muy querenciosas, lugar fresco, tranquilo y apartado del mundanal ruido que provoca la carretera que cruza el coto. Salpicados y aún desnudos los quejigos sirven en estas fechas sus yemas de alimento para los golosos corzos, tamujos, rosales silvestres, romeros y encinas de escaso porte completan un monte de pino carrasco que da cobijo no sólo a corzos y jabalíes, huellas de tejones y zorros se cruzan en numerosas ocasiones con nuestros pasos mientras llegamos a las querenciosas siembras. Nada más llegar tenemos una grata sorpresa, una corza y un corzo joven, aún con borra, corretean ajenos a nuestra presencia. De repente me avisa Luis, “un corzo se acaba de meter tras aquel chaparro” , busco cautelosamente mientras Luis con los prismáticos trata de descubrir la identidad del invitado. Es un macho bueno me susurra, es largo, ha dado la vuelta al chaparro que está pegado a la siembra… me apoyo sobre la vara y le busco, no le encuentro por ningún lado hasta que por fin le veo, está de pecho, tiene la cabeza alta y su mirada fija en nosotros, porta un bonito trofeo y merece la pena como colofón a una mañana en compañía de Luis. Sin tardanza le coloco la retícula del visor y hago sonar el 270 wsm, el corzo sale corriendo sin saber de donde ha venido tanto ruido y rápidamente emprende la huida hacia la espesura, repito la jugada y le mando otra píldora, estúpido de mi crei haberle dado pero sin lugar a dudas he fallado estrepitosamente un disparo a escasos 100m, tal vez por precipitarme, tal vez por el nerviosismo que me invade cuando veo a uno de estos bellos animales. Tras revisar minuciosamente el lugar y la huida del corzo me convenzo de no haberle tocado, “que manta soy” le digo a Luis, no me lo explico, que corzo he fallado ¡! Que largo era y que bonito. Luis lejos de animarme aprovecha su amistad para echarse unas risas a mi salud, cuando se enteren los del foro ya verás, me decía, jajajaja, manta que eres un manta repetía yo. El domingo pude salir otro rato y no con poco sueño acudí a visitar a mi contrario. Eran las 7:15, ya clareaba la mañana, tocaba la revancha y para ello había que hacer las cosas bien. Pasos cortos pero firmes, la brisa en la cara me traía olores frescos y hacia que el escaso ruido se perdiera tras de mi. Las dudas me asaltaban, seguramente este tunante este “mosca” unos días y no pise la siembra, aunque algo en mi interior me hacía creer en mis posibilidades. Tocaba asomarse con gran cautela, lentamente y con movimientos furtivos, una carrera rompió la tranquilidad de la mañana, algo me había detectado y trotaba ahora hacia el interior de la espesura, rápidamente encare el rifle y através del visor pude ver la corza seguida del macho. Este iba poco más que andando, confiado de estar en su medio, que tantas veces le había protegido. Una vez me aseguré de que era él quien me había desvelado las 2 últimas noches, repitiendo hasta la saciedad el lance errado en mi memoria, le coloqué sin más tardar la retícula en el codillo y apreté el gatillo, enmendando así mi error y segando la vida a un animal tan bello que me obliga a hacerle este pequeño homenaje. [img]img697.imageshack.us/img697/8081/11042010723.jpg[/img]
iñaki
Autor: iñaki
27/04/2010 16:01:12
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Premio de relatos 2010
Bonito relato Darío. No me extraña que en la primera intentona el corzo os detectara y se os quedara mirando. El tamaño de Luis (OSO GRANDE) no invita a pasar desapercibido jajaja.
Alfonso Urbano López de Carrizosa
Autor: Alfonso Urbano López de Carrizosa
28/04/2010 17:44:33
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Premio de relatos 2010
Enhorabuena Dario, bonito relato y precioso corzo. Un saludo
Federico Sáez-Royuela
Autor: Federico Sáez-Royuela
02/05/2010 13:42:37
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Premio de relatos 2010
Os pongo unas fotos del premio para el ganador del concurso de relatos. Como indican las bases de la convocatoria, el premio consiste en un tomo con una copia de los boletines de la ACE números 1 al 5, encuadernados en guaflex. Como es habitual en los concursos de la ACE se trata de un premio de escaso valor económico, pero de un alto valor sentimental. Los cinco primeros números del Boletín de la ACE reflejan las historia de la Asociación en sus inicios, hecho que queremos recordar ahora que se cumple una década de su fundación. Además, estos primeros números del Boletín de la Asociación del Corzo Español están actualmente agotados y sin posibilidad de reeditarse, por lo que son muy demandados por los aficionados al corzo. La JD anima a participar a todos y espera que el ganador del concurso disfrute con lo que representa el premio. Saludos, i357.photobucket.com/albums/oo20/fsroyuela/IMG_0315_3.jpg> i357.photobucket.com/albums/oo20/fsroyuela/IMG_0316_2.jpg> i357.photobucket.com/albums/oo20/fsroyuela/IMG_0309_2.jpg> i357.photobucket.com/albums/oo20/fsroyuela/IMG_0308_3.jpg>
Gerardo Pajares
Autor: Gerardo Pajares
02/05/2010 14:12:21
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Premio de relatos 2010
La verdad es que han quedado de fábula. Saludos
Javier Sanz
Autor: Javier Sanz
03/05/2010 10:27:22
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Premio de relatos 2010
LA PINTAN CALVA. Letargo. “Por pasear los perros que no quede”, me decía el último día de menor. Había pasado un largo y crudo invierno lleno de negros y grises y blancos, y todos juntos daban al mundo conocido, un toque parduzco muy triste. El frío seguía apretando en la sierra y las chochas hacía días que se habían jopado de las marojadas y los gotéales de la masada de la Calavera; se habían bajado para lugares más cálidos de la costa del Azahar. Mis amigos del Levante, Pedro y Fede ya me lo decían: “¡Que haga frío, che¡ que por los marchales y los naranjos nos las comeremos”. Que pena y que tristeza me da cuando se acaba el invierno; me gusta el frío, aunque me joda; y digo invierno porque por aquí empieza pronto, incluso empieza en otoño, a mitad del mismo se lo come después de la primera helada. La perra se me había alargado por el cajigar; parecía que tocaba y parecía que tocaba a los corzos; ¿ estará él ?. Estos días atrás el Roni se me había perdido detrás de unos corzos; seis o siete iban y se me llevaron al setter confiado el pobre en que en un descuido podría coger alguno por el blanco de sus traseras; pero uno se le quedó, le engañó  en una revuelta y se plantó, dejando pasar al iluso can, cegato y borracho de tanto bulto con chapa blanca pegando botes; el corzo me vió y me miró, y yo le ví y me senté mirándolo a esperar al Roni; "ya nos veremos", le dije levantando la cara y bajándola despacio sin quitarle la mirada, y me parece que hasta asintió con su poblada testuz. Espurneaba; ya lo decía el Brasero en la 3 que caerían bolisas a principios de la tarde por la Ibérica. Me volvió la perra y allí sentado, en la pared de una cerrada, me encendí un pito y recordé la guiada de la semana pasada de los perros a una becada; ¡ qué bueno ¡ gozar con los perros sentados a tu lado, con la lengua fuera, dándole leña al cigarro, recordando cómo se pararon en los majuelos y cómo se metieron por los zarzales, guiando y parando, guiando y parando y, al final, tiesos los dos, como las piedras del cerro de la Ermita del Tremedal, temblándoles hasta el último pelo del bigote, y con los ojos castaños salidos de sus órbitas, me dejaron levantar la picuda para, de mala manera, darle fuego con 40 gr del 10; esto es lo que me vale y nada más. Pero hoy vuelta a casa con el morral vacío de carne pero lleno de imágenes, las piernas llenas de rasgadas de las zarzas, majuelos y sargas, las botas de barro y la manga de mocos, porque estando a bajo 0 todo el día no lo puedo evitar… ¿Romperá algún día la primavera? Febrerico el corto; el reencuentro. Como no me hacía a él, vendí un monotiro y me lancé a una nueva forma de entender la vida, salir a cazar con el arco. Las perchas de chochas no se hicieron grandes en la temporada, cosa que no me molestaba, porque por lo que había visto y sentido, una becada se me aparentaba como tres perdices y seguro que si alcanzaba a un corzo con el arco me parecería como tres o cuatro corzos, o como tocar el cielo con los dedos; y como así  lo ví y así lo sentí, así lo hice, y me dí cuenta de algo, que una cosa buena llevaba dentro desde hacía tiempo, que el cazar ya no es matar, el cazar es cazar y nada más. Era la última batida de la temporada; estaba yo en el puesto de la masada de la Calavera viendo y oliendo todo lo que tenía debajo; reguero abajo se oían latir los podencos del Puncho… Jijai, jijai, jijai… ¡Ahí lo llevan¡¡¡  Pasarán los puercos los pipirigallos y le entrarán al Andrés a güevo, y como los ha de fallar, con suerte me descolgará alguno por las canteras, me decía tenso como un palo…. Entonces llegó: Me vino despacio, girándose de cuando en vez y de vez en cuando, oyendo a los podencos que ya lo habrían corrido alguna noche de luna; cuello corto y potente y paso lento y delicado y pelo gris y morro negro, babero blanco y ojos azabache y cuerna a medio destrapear y hermosa y tirante y larga y gorda y muy granosa y yo qué sé que más; le apunté al pecho, no estaba a más de 30 metros y no me había ni visto ni olido, pero si sentido, porque los corzos tiene sensores para cosas que no sienten las personas; él me miraba y no me veía y yo lo ví bien y no lo quería mirar más, porque ésto, ya era amor…. Le dejé marchar por dos razones, la primera era clara, que no se debía, por ley, tirar al corzo en estas fechas y la segunda era, que no se podía; mi mano no podía romper su paleta porque no era el momento, ni el lugar, ni la buena lid que él y yo nos merecíamos; eso era matar. ¿Cuándo llegará la primavera? La diosa Ocasión. El 4 del 4 amaneció nevado. Ya había llegado la primavera, pero no; el invierno glotón de Teruel se come al otoño por detrás y a la primavera por delante. Pero bueno, la sarna a gusto no pica, aunque mortifica, y  así pues, me salí para el monte antes de comer, que la comida en casa con los nervios a las 13 no me entraría, mejor almorzaría con Jesús en el teleclú … y punto. Me subí para la Calavera, porque por allí andaría; no le había puesto nombre porque a veces no me gusta poner nombres y además, matar a un conocido siempre, quieras que no, a parte de dar pena, es de muy mala educación. Como siempre pienso y digo, el corzo y su caza en estas tierras de poco, dan más ayunos que otra cosa, pero como siempre digo la suerte está a la vuelta de cualquier masico, y como hombre “suertudo” que soy,  así fue y trasponiendo yo la pared del masico lo pude ver; tumbado estaba el galán en el prado, encima de la poca yerba que había seca y al poco y valiente sol de la tarde, que, aunque el invierno por sus cojones no quería dejarle lucir en el monte, el astro se resistía lanzando entre las nubes sus ráfagas de oro verde, porque por las tardes la luz en el monte se vuelve verde... Ahí estaba la diosa Ocasión, con su rueda a los pies, con sus alas en los tobillos, dándome el corzo que conocí de pasada en invierno. Y la diosa Fortuna estaba a mi lado cargando mi arco, ayudando a Diana a tensar la cuerda y, por esas cosas que tiene la vida, aún estando los dioses y las diosas de mi parte susurrándome al oido “ésta es la tuya”, sintiendo sus respiraciones en mi nuca, quiso la Ocasión rodar sobre su eje y levantar al corzo de su encame y taparlo detrás del rosal para no volverlo a tener tan cerca y tan a mano como ella misma me lo había regalado. La quise coger de los pelos, pero ya no pude, y por los pelos se me fue el corzo, y yo no lo sabía, y es que por eso, a la Ocasión, la pintan calva. Como decía Gabinete, malditos refranes … ¿Cuándo llegará el otoño? Javier Sanz Socio de la ACE.
Chaín
03/05/2010 14:18:49
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Premio de relatos 2010
Es largo, demasiado, toca al corzo de refilón, pero "casi" es verídico y me apetece colgarlo. El fantasma del Surbial. Conocí a Jesús en el expreso de Madrid, en concreto en la estación de tren de León, ambos nos dirigíamos al CIR 13, aquel matadero de reclutas que era él Campamento San Gregorio en Zaragoza, mientras esperaba el transbordo , en una fría noche del mes de Octubre, hube de auxiliar a un joven que parecía no querer dejar de buen grado sus norteñas tierras y que para olvidar la amargura de la despedida y hacer el viaje más llevadero se había entretenido en dejar bajo mínimos las existencias de Anís del Mono en la cantina de la Estación, y ahora aliviaba su estomago a un lado del andén, en el muelle de mercancías. No sé porque me levante a echar una mano a aquel mozo, él cual lejos de aceptar la ayuda que le ofrecía, me increpaba para que lo dejase en paz, tal vez fue la hora, tal fue hallarnos dos chavales de la misma edad solos, o tal vez las miradas que echaban dos “puntos” de mala calaña que no quitaban ojo del petate caqui idéntico al mío, fuese lo que fuese, el cazurro acepto mi ofrecimiento y allí nació una gran amistad, una de las que he conservado hasta la fecha y que ni el tiempo ni la distancia ha conseguido menguar. Jesús se ha distinguido por muchas cosas a lo largo de su vida, su físico y su labia creaban un halo entorno a él, sobre todo en las crepusculares tertulias de invierno en torno a las mesas del cualquier café, su Madre Doña Anunciación había trazado todo un futuro para el joven aprendiz de cirujano, su padre Don Federico, esperaba que su hijo desistiera en el primer curso de Medicina para seguir a su prócer, y regentar la Farmacia Familiar y Jesús…. Bueno Jesús hubiera sido un gran químico, porque le gustaba la alquimia, o un buen actor, porque era clavadito a Cary Grant, o un buen Marques, si hubiera heredado el linaje de su madre pero Jesús escogió sus derroteros y no fue ni lo uno ni lo otro y acabo dedicándose a dos cosas por las que siempre le he envidiado, su esposa, Marie y los viñedos de su suegro cerca de Tolouse, a ambos les dedico su vida, y entre caldos Borgoñeses plasmo sus sentimientos en lienzos, y manejo el pincel con tanto arte como manejaba su padre la paralela. Jesús era hijo único, hijo de Boticario y de una Gran Señora (que pasaba más tiempo en Madrid con sus tías que es su casa de Provincias con su marido). El padre de Jesús , Don Fede como buen boticario era Cazador , pescador y empedernido jugador de Mus, y despachaba sus recetas y fórmulas magistrales desde la taberna (que aconsejado por el mismo había instalado Marcial, un minero Asturiano con los pulmones bien llenos de sílice ), en un local propiedad de D. Fede, pegado a la rebotica y que le había arrendado al minero retirado, muy bien de precio (Jesús decía que cuando su padre saldaba la cuenta a fin de mes, quedaba lo comido por lo servido). Si algo le gustaba a D. Fede era el rececho al rebeco, que practicaba todo cuanto podía, y podía mucho, Jesús había ido con su padre dos o tres veces pero no mostraba inspiración alguna por las actividades cinegéticas, así que cuando fui presentado en familia  y salió a colación mi vena “cazadora” , viendo el boticario la afición que yo tenía, y el interés que ponía cada vez que narraba una de sus cacerías, algo se encendió en su corazón, atisbando en mi la yesca que prendería la afición de su hijo por la venatoria, ni que decir tiene que D. Fede me invito a la primera cacería del verano, iríamos los tres a cazar el corzo en el coto que tenía arrendado(para el solo) en los límites de lo que hoy es una minúscula estación de montaña, como es de imaginar yo contaba los días desde entonces, asediando tanto a Jesús que le obligue a sacarse la licencia de armas y el permiso de caza, algo que puso tan contento al Padre , que para fin de curso le regalo un Citröen, convirtiendo en un desagradable recuerdo la Red Nacional de Ferrocarriles Españoles. Acabo el curso, pero yo ya me había cambiado los libros por los legajos y había conseguido hacerme un hueco en la administración quedo pues postergada la cacería hasta el mes de Septiembre, pero todo llega y por fin el 14 de Septiembre, el día de mi cumpleaños, tras padecer el calvario de los duras amortiguadores de la SS900 por unas carreteras de infierno, con el rifle metido en su funda y a lo John Wayne llegue a casa de Jesús a la hora de comer. Esa misma tarde salimos para el Cazadero, nos instalamos en la casa del guarda y D. Fede, Albino (el Guarda) y los dos mozos, cenamos y probamos el berciano vino que habíamos llevado, luego café y partida de Mus, padre e hijo contra dos “pinzas” de sostener el naipe,( porque eso es los que éramos el guarda y yo, y poco conociámos el arte de “invidar” mas a la chica o cortar la mano) , Don Fede estaba radiante al ver a su hijo siguiendo sus pasos  y tan radiante estaba y tan bien le entraban las cartas que cuando nos dimos cuenta, la botella de brandy había quedado temblando y ya echaba mano de la de anís, a la que su hijo daba el mismo trato, eran las doce cuando nos acostamos, los unos lamentando el lamentable estado en que se encontraban los otros, como sabía que no podría pegar ojo me daba lo mismo, y así fue que toda la noche hube de soportar los ronquidos de Jesús y el sopor del anís del mono, pero a las cinco, Albino toco diana y todos sin decir ni pió nos arrebujamos en torno a la humeante cafetera, Don Fede intento trazar el plan, pero ante su poca coherencia debido en una parte a la masiva ingestión de brandy, que le hacía balbucear frases incomprensibles para nosotros, fue el guarda quien llevo la voz cantante, él y Don Fede irían al rebeco, mientras Jesús y yo, al ser una cacería más llevadera, iríamos al corzo. No me hizo mucha gracia, yo tenía buenas piernas, en el monte me consideraba como el que más y como había bebido lo justo me encontraba en forma, así que hubiera preferido coronar las cumbres tras el rebeco, pero ante la insistencia del guarda, y la exposición que Don Fede me hizo sobre la obligación de matar machos y lo difícil que era reconocerlos,(y un poco porque el guarda tenía constancia de que un macho muy bueno rondaba la zona y no fuera a ponerse delante de mi rifle, abatiéndole la pieza a D. Fede, que además de cazador, boticario y jugador de Mus, era un poco egoistón) cedí, al fin y al cabo el coto era suyo . Así que todos salimos por la senda monte arriba, y al llegar a una bifurcación, ellos se fueron altos a ganar lo collados, mientras nosotros nos dirigíamos a las praderas a media altura. Para Jesús fue un alivio ver alejarse a su padre, por fin saco el tabaco y empezó a fumar, sentado en un peñasco entre dos luces hecho mano a la petaca y bebió un buen trago de orujo para calentar el ánimo, (a mi no me hacía falta calentarme con nada), estaba en mi salsa, en mi mundo, me había puesto las pilas de cazador y no atendía a razones, así que le espete, -O caminas o aquí te quedas- y sin el más mínimo pudor, sin alzar la voz y con indiferencia me devolvió un -Pues aquí me quedo - ,  dude  dejarlo allí sentado, la niebla estaba subiendo, pero seguro que era una neblina mañanera que con los primeros rayos desaparecería, me contuve y me acomode a su lado,  y volvió a decirme –Vete, Vete, voy a echar un sueñecito- , eso fue superior a lo que podría haber soportado, eche mano al rifle, a la vara y sin mirar atrás me puse en marcha, cuando llevaba andados veinte pasos Jesús me llamo de nuevo –Toño, ¿A qué he de disparar si veo algo?-, me exasperó,  - este tío esta peor de lo que yo pensaba, dije para mis adentros, así que casi sin mirarlo  y de mal humor le conteste –A todo lo que tenga cuernos- y monte arriba deje a Jesús en su piedra. A medida que avanzaba, el día ganaba a la noche pero la niebla aumentaba al mismo ritmo haciéndose a la media hora de caminata espesa como un puré, obligándome a sentarme ante la posibilidad de un percance y a lo imposible del rececho, así que busque acomodó entre dos piedras, apoye el BSA a un lado y saque el tabaco para echar un pito que metía entre las manos para que me diera algo de calor, ensimismado estaba haciendo cábalas sobre mi situación, sobre si la niebla levantaría, fumando e introduciendo la mano en el bolsillo para jugar con el puñado de balas que allí llevaba metidas, de repente un potente Lamento helo mi sangre y note como los pelos del cogote se me erizaban, las piernas no apoyaban bien y el cigarro caía de mis labios sin remedio, de nuevo otro, esta vez más próximo, que me hizo reaccionar pegando mi espalda al peñasco y echando mano al .270, que acerroje al momento, cubierto estaba de niebla, tanto que no veía a mas de dos metros frente a mí y ahora los lamentos se hacían más sonoros , parecían los de un toro bravo buscando contrincante, pero yo sabía cómo bramaba un toro y eso era completamente distinto, así que helado por el frío y el miedo, en cuclillas apoye el rifle al hombro y tentado estuve de disparar en su dirección  y si no lo hice fue porque se fueron alejando para al final apagarse y solo oírse alguno muy de vez en cuando, fue media hora, pero media hora de terror que me dejaron pálido, lívido y cansado como si hubiera subido corriendo al alto del puerto, solo cuando la niebla empezó a disiparse empecé a relajarme y volver a ser dueño de mis actos, volví a poner en seguro el BSA e intente seguir el rececho al corzo, pero en la nariz me daba que el día había acabado, y como no me encontraba muy bien decidí buscar la seguridad al lado de Jesús. Cuando me puse a caminar, las piernas me dolían por lo incomodo de la postura y la tensión del momento, así que espere un poco a que el sol me calentase y devolviera la temperatura a mi sangre, y con los ojos cerrados me bañe en uno de los rayos que ya calentaban el monte, y otra vez un berrido me devolvió a la realidad, pero esta vez como la niebla ya se había disipado totalmente escrute el lugar de donde procedía el lamento, que nuevamente se producía a doscientos metros de mi, entre unos quejigos al lado de una pradera, el cordal de la montaña que estaba frente empezaba a dibujarse claramente por lo que pude reparar en dos figuras que ascendían pico arriba y que supuse se trataba de Don Fede con el guarda, a pesar de la enorme distancia que nos separaba, ver a los dos hombres ascendiendo me devolvió la tranquilidad y me imagine que al estar a media altura, los berros serian de algún ternero que despistado por la niebla llamaba a su madre, así que me asome con cuidado al borde del promontorio y enfoque los prismáticos  hacia los quejigos, nada se veía, el sol el daba de lleno y no se movía ni un alma, pero aunque era tarde  para que algún corzo se moviera en un día normal, el de hoy al haber estado echada la niebla hasta tan tarde podía propiciar que los animales aprovechando los rayos mañaneros saliesen a sacudirse el agua, así que sin moverme mucho, procurando que mi figura no se recortara en las peñas, me puse a otear con los prismas de ocho, pero por mucho que me esforcé, hasta que me dolieron los ojos de mirar, no vi ni corzo, ni raposa ni mamífero de cualquier tamaño, solo una pareja de águilas, que a lo lejos, planeaba aprovechando las corrientes cálidas de la montaña. Eche mano a una manzana cavilando que al terminarla iría en busca de Jesús,  y quite la bala del rifle, dando por concluido el rececho matutino, esperando más fortuna al atardecer, así que volvía dar un repaso con los prismáticos, y al otear los quejigos me pareció ver una sombra bajo ellos, una sombra que se había movido y resplandecía como una gema, aun tenía la manzana entre los dientes, y solo la solté cuando me pareció que la sombra tenia cuernas y un macho de corzo comenzó a dibujarse en esa zona del cerebro donde vive la imaginación, aferre los prismáticos con las dos manos y me clave, como un perro pointer en esa imagen, no había duda, era un corzo, y me parecía que tenia cuernas, por lo espigado del cuello no podía tratarse de ganado montañés, estaba lejos para efectuar un disparo, y además no se veía bien, era solo una figura que se difuminaba entre la neblina, así que echando mano al dos setenta y a la vara de avellano intente un aproximamiento abandonando lo mas silenciosamente que pude el pedregal en que estaba acurrucado. No tarde mucho en ganarle distancia, el aire estaba a mi favor y mis pies pisaban una pradera de montaña en la que no hacia ruido, caminaba cauteloso, sabiendo que los últimos cincuenta metros serian imposibles ya que estaba al descubierto y los brezos, secos por el verano crepitarían bajo mis botas de montaña alertando a mi presa, había que entrar bajo, para que si este se levantaba no tuviera otra opción que huir hacia arriba, lo que dado el terreno en que se hallaba le obligaría a ir lento en la ascensión y me daba opción a doblar el tiro en caso de ser necesario, pegado a la verde hierba, avanzando en cuclillas  gane los últimos diez metros que distaban del borde del brezo, entonces volví a meterle los prismáticos y pude comprobar que no se había movido, la sombra seguía allí, y por Dios que era enorme, tenía que ser un corzo buenísimo por el tamaño del cuerpo. Una vez libre de brezos y piornos, los cuales me daban por la rodilla y busque un sitio cómodo para efectuar el disparo, ¡Dios, que tentación tirarle en el encame , acostado como estaba!. Había una piedra grande, del tamaño de dos hombres  que salía un poco por encima del piornal, el problema es que estaba a diez metros del lindero de la pradera, debía ganarse a pulso, lento, sin precipitación y sin hacer ruido, pero temblaba como un junco y más que respirar, jadeaba como un jamelgo de carreras, así que para evitar males mayores, me despoje de la mochila y la ropa extra e incluso me quite las botas para en todo lo posible atenuar el ruido sobre los secos arbustos, y así arrastrándome una veces ,en cuclillas otras, con el rifle en la mano izquierda avance lo que pude hasta la piedra, que se había convertido en mi tabla de naufrago para solventar aquella situación. Que puedo decir de esos diez metros, el corazón pugnaba por salir corriendo del pecho, el sudor empapaba frente y manos, la respiración… ¿Qué respiración? La estaba conteniendo, prolongando las apneas hasta la imprudente. Los apenas dos metros que ahora me separaban de la roca, totalmente descubierto, me parecían kilómetros, evitaba mirar de frente a los quejigos pensando que tal vez podía alertar a el animal, tal vez estaba escrutándome fijamente y esperando detectar ese movimiento que descubriera al cazador para emprender alocada carrera, echando al traste mi entrada pero por fin llegue hasta  el apoyo , coloque como pude el jersey que llevaba atado a la cintura y encima de este, delicadamente como si de una pluma se tratase apoye la madera de mi .270, entonces fije la vista en el lugar en que estaba encamado mi adversario, allí a menos de cincuenta metros seguía aquella negra figura, sin moverse incauto a su suerte, apunte, pero no pude centrarlo era incapaz de sujetar bien el rifle que temblaba entre mis manos, lo solté y aspire profundamente, intente calmarme y aunque no lo conseguí del todo volví a la carga y apunte de nuevo, esta vez todo el visor se llenó de corzo así que quite el seguro y apreté los más suave que pude el gatillo y… nada, el ruido que esperaba no se produjo, entonces me di cuenta de que no había acerrojado así que eche mano a la palanca y con todo el cuidado del mundo procurando no hacer ruido monte el rifle y aún ahora que lo recuerdo, todavía no sé como lo hice porque ya estaba totalmente fuera de mí. Fue en ese momento, cuando me moví para montar el cerrojo, fue precisamente en ese instante cuando lo que otras veces tanto buscaba apareció como por arte de magia y tres perdices rubias de montaña que allí tomaban un baño de tierra y en las que ni por asomo reparé asustadas levantaron vuelo con ese “rumbido” de reactor que tiene una roja criada salvaje rápidamente volví la vista hacia el lugar en que reposaba el corzo, reponiéndome como pude del susto que me habían dado las perdices, se había levantado, no me quitaba ojo, mirándome fijamente, entonces me quede bobo y  repare en que el corzo, no era corzo y un gran venado de Montaña, de grandes orejas, poderoso cuello y  soberbia cuerna llena de puntas, parado, a menos de cincuenta metros, me ofrecía el costado, y  yo lo miraba sin saber a qué atenerme. Por ganas le hubiera metido una bala en el codillo, tenía que reprimirme y aunque lo estaba apuntando, también me venía a la cabeza el Boticario y el Guarda, así que el único disparo que se oyó fue el PUM que salió de mi garganta, y apuntándolo, mordiendo los labios hasta hacer sangre, aguantándome como no me he aguantado en mi vida le eche otros tres tiros “guturales” mientras se escapaba ladera arriba. Abatido como me  pocas veces me he visto calce mis botas, descargue el BSA y recogiendo mochila, ropa y vara me encamine a buscar a Jesús, recordando el ciervo, el enorme ciervo, el primero que veía tan claramente en mi vida y que como después supe había sido el autor de los berridos provocado por los calores del celo, algo de lo que yo no tenía ni idea pues en mi tierra en aquella época se veían pocos corzos y los ciervos eran totalmente desconocidos, la niebla, la maldita niebla, el sueño y mi ansía me habían jugado una mala pasada, pero aún así su imponente figura se dibujaba en mi mente mientras me dirigía  camino de la vaguada en la que Jesús debía esperarme, cuando empezaba a caminar por  la senda sonó un tiro, con ruido de escopeta vieja, eso me saco de mis cavilaciones y me hizo regresar al mundo de los vivos, media hora más tarde encontré a Jesús, que excitado venia en mi busca abriendo los brazos, fumaba y me gritaba algo que no conseguía descifrar, por fin cuando me hallaba a tiro de piedra me dijo –He matado un Corzo, he matado un corzo, he matado un…- apure el paso y lo estreche en un largo abrazo, bien hecho le dije, -¿dónde está?-, Jesús con lagrimas en los ojos me señalaba el fondo de una valleja de monte cerrado, -El pobre no se movió, está allí abajo- , no parecía Jesús el cazador ilusionado, no tenía ese triunfal aspecto del que abate una pieza, estaba pálido, así que para animarlo le pregunte por la calidad del trofeo, -¿es bueno?-, encogió los hombros, -es grande al menos- le dije, -Grande, grandísimo es enorme-, como Jesús había visto pocos corzos no le preste atención, pero ante el desasosiego que mostraba empecé a pensar que había matado una corza así que sin más le espete -¿Tiene cuernos?, su respuesta fue demoledora, se le abrieron los ojos, y abriendo  los brazos me dijo –Si, son grandísimos- . Jesús había matado el ciervo, mi ciervo, el que yo había dejado escapar, y la culpa fue mía, al menos con ella cargue yo entre las bromas que luego hicieron su padre , el guarda y la gente que vino a ayudar  a bajarlo del monte, Jesús me había hecho caso a pies juntillas, solo le había disparado a “lo que tenia cuernos”,. Todavía hoy, que los cabellos han abandonado mi testa y los kilos me hacen subir las laderas más tranquilo, en esas mañanas de bruma se me aparece aquel ciervo, aquel enorme ciervo, metro patrón de todos los que yo he visto o cazado después y mientras apuro el truja esperando que escampe entregado a enredar en los oscuros rincones del alma le veo allí, mirándome, el vello se me eriza, me pongo a temblar y le doy gracias al Santo, a Huberto, de que me haga sentir que todavía….estoy vivo. A. Chaín.
iñaki
Autor: iñaki
03/05/2010 15:50:15
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Premio de relatos 2010
precioso relato. Que gran vivencia y que bonito recuerdo.
Fco. Javier Llorente
13/05/2010 0:34:17
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Premio de relatos 2010
“Un corzo en blanco y negro” Jueves 13 de Julio de 1972. Schmid pone en marcha el reloj a la hora en punto. Son las cinco de la tarde. La norma 5 afirma que: “si un jugador no aparece antes de que haya trascurrido una hora desde el inicio de la partida, la pierde por eliminación”. La silla hecha a medida, de piel negra y giratoria, traída de Nueva York para la confrontación permanece vacía frente al campeón. Parece reírse indiferente en su propia cara. Mientras, Boris baja la mirada y juguetea nervioso con el bolígrafo. Un calor asfixiante atenaza las calles desiertas del barrio de Chamberí. Juan Carlos apresura el paso en busca de un taxi. Su larga figura se desplaza ansiosamente buscando las sombras. Está acostumbrado a buscar las sombras, aunque por motivos diferentes. Ahora es el calor la causa. Normalmente lo hace como cazador para disminuir la posibilidad de ser detectado. Por fin, un solitario taxi recorre Princesa y consigue hacerse con él. -Por favor, al aeropuerto. El sudor que perla su frente comienza a evaporarse con la brisa proveniente de la ventanilla. El vuelo sale a las seis, su destino: Moscú. Luego le espera un avión que le llevará al pequeño aeródromo militar de Irkutsk al norte del lago Baikal, en Siberia. Habría preferido hacerlo desde Moscú en ferrocarril, acompañado de Menchu, pero sus compromisos de trabajos le exigían demasiado para tomarse el tiempo necesario. Ya lo sabía. Sabía que se lo había prometido, que harían el transiberiano juntos, mientras su amor primaveral arrollaba sus vidas, pero ahora que todo aquello había pasado y los hijos crecían y todo cambiaba, también ellos habían cambiado. Su amor era ahora algo más parecido al final de un verano, dónde la fuerza y el verdor de la naturaleza se habían apagado secamente. Por fin, el avión despega alejándose de todo. Ahí se queda Madrid, con sus hijos, con Menchu, y con la fábrica y sus problemas. Una tormenta gris se cierne sobre la capital pintando un telón acerado como fondo al despegue del DC-9 en que viaja Juan Carlos. En su mente tan solo un objetivo: Capreolus Pygargus, corzo siberiano o el Sueño de Siberia. Henry Kissinger se encuentra en California entreteniendo al embajador Anatoli Dobrinin, en la llamada Casa Blanca de Nixon del Oeste, en la playa de San Clemente. Toman el sol y viajan a Hollywood para confraternizar con las estrellas. Pero ante las alarmantes noticias provenientes de Reykiavik, Henry hace una llamada. Trata de animar al aspirante para que acuda al tablero. Bobby por su parte sigue en sus trece e insiste en cambiar el escenario y las cámaras. La guerra fría se libra también en las 64 casillas. El reloj se para y la penalización de una partida hace que Spasski vaya ganando, dos a cero. Mas dramática fue la primera, en la que incomprensiblemente Fisher come el peón en H2 condenando su alfil, abandonando toda posibilidad de hacer tablas y perdiendo la partida. ¿Significa este movimiento una romántica declaración de Fisher en la que le dice a Spasski que él no está en Islandia buscando las tablas? Es posible, pero ahora el match está cuesta arriba para el americano. Sábado 15 de Julio. Por fin aterriza el Antonov-12 en el minúsculo aeródromo al sur de Irkutsk. Un viaje horrible. Rodeado de una compañía de paracaidistas borrachos y sin entender nada de ruso. Se sentía más presa que depredador. Una paradoja más en su extraña vida. Tan extraña como el propio viaje. Aún se preguntaba cómo podía Víktor haber organizado todo aquello en plena guerra fría. Claro que Víktor le debía un gran favor y en general todo el equipo de Boris. Cuatro años antes, la ayuda y el análisis de Juan Carlos había sido determinante en la ronda de los Candidatos. Spasski había recibido la Medalla al Mérito Soviético por sus victorias frente a Geller, Larsen y Korchnoi. Logró ser el nuevo aspirante frente a Petrosian y consiguió vencer al armenio de forma impecable. Allí había estado Juan Carlos. Un jugador excepcional, tan excepcional como discreto. Tan sólo la escuela rusa había reparado en su talento, especialmente Víktor Baturinski. A Juan Carlos sólo le había separado de una carrera ajedrecística profesional, la heredada fábrica de su padre y su mujer. No obstante, había visitado con frecuencia Moscú y  tenía grandes amigos entre la cúpula militar y política soviética. De hecho hacía negocios allí. Baturinski lo había organizado. Un Jefe del Comité de Educación Física y Deportes, ex coronel y fiscal militar tenía muchos contactos. Domingo 16 de Julio. Tras una nueva discusión Schmid pone en marcha el reloj. Comienza la tercera partida en el cuarto de atrás y sin cámaras de tv a petición de Fisher. Una carnicería psicológica está a punto de comenzar. Apertura Benoni y en el movimiento 11.Nh5. Ataque desde el flanco al centro y comienza un feroz movimiento de dama hacia el fianchetto del rey blanco. Los pilares en los que se asientan los dogmas del ajedrez se tambalean. Al fin Fisher consigue ventaja de torre sobre alfil y tras la toma del centro por su rey, Spassky se rinde. Dos a uno en el tablero. Cuando llega el Gaz-21 a la pequeña cabaña, Juan Carlos está meditando el movimiento de Fisher. No puede ser, esto es un nuevo concepto de juego. Robert ha destrozado su cadena de peones y desprotegido a su rey. El juego de Fisher es de una abrumadora insolencia. La narración de la partida ha sido escuchada atentamente en la radio del vehículo. Si el enigmático movimiento de alfil por peón de H2 le había parecido una declaración de guerra sin cuartel, sin tablas, sin treguas, sólo destrucción hasta la victoria o el fracaso, este movimiento era aún más inquietante. A Juan Carlos le hubiera gustado estar en Reikiavik pero la preparación la había llevado a cabo Spasski con un reducido equipo sin contar con la aprobación de Víktor. Ahora Juan Carlos era un espectador más. Viernes 21 de Julio. Desde la pequeña cabaña surgían senderos en todas direcciones que se perdían en la inmensa Taiga. Vladimir conocía aquellos bosques a la perfección. Conducía la marcha sigilosamente hacia una corta, dónde salía a comer el corzo. Allí esperaron, amanecer y anochecer día tras día. Mientras, se suceden las partidas entre campeón y aspirante. Juan Carlos pasa el tiempo absorto en movimientos de piezas. Entre abetos, alerces y algunos abedules, como una formación de peones y alfiles, espera a que el rey salga del  fortín, para lanzar su ataque. La regla Nº 5 sigue presente en su cabeza pero él sabe que para esta partida no es válida. El rey se ha asomado, les ha visto, les ha mirado y tras la defensa de sus piezas en formación, la partida ha vuelto a las tablas. El viento arrastra la neblina barriendo la corta, que con sus tocones parece un tablero simétrico. Un cuco merodea misteriosamente emitiendo sobrecogedores sonidos en la soledad del oscuro bosque siberiano. Amanece lentamente. Fisher imponía, usando la estrategia del Loco, sus condiciones, haciendo sentir en humillante inferioridad a su rival. Así se sentía Spasski y así se sentía Juan Carlos también. Pero ellos estaban allí para luchar y Juan Carlos recordó la frase de Diecenes en las Termópilas 2.452 años antes: “¡Entonces lucharemos a la sombra!” En las sombras del amanecer, de pronto, un arrendajo parece asustarse y arranca del borde rompiendo en pedazos las ensoñaciones del cazador. Un movimiento de ramas. Las gotas de agua caen pesadamente mecidas por la brisa. Juan Carlos regresa a la realidad desde el electrizante movimiento 27 de la quinta partida islandesa, una clara catástrofe para Spasski. Levanta los Zenith 7x35. Allí está. Frente a frente, se miran ambos contrincantes. Juan Carlos duda, no sabe quien es quien. En sus ensoñaciones él debe ser Spasski. Al otro lado Fisher, mirando indolentemente mientras espera que el cazador mueva pieza. Juan Carlos, desgastado, cansado, comete un error. Levanta el Mosin y apunta. Ha movido, pero Fisher se ha anticipado con un leve movimiento, ya no está allí. Juan Carlos sólo puede ver el humo de la pólvora disiparse ante él. Vuelve a buscar al monarca para insistir en su jugada, en su jaque, en su lento juego. Pero el jugador desgastado no encuentra más que un fondo impenetrable tras el tablero. Los sonidos del bosque vuelven a rodear a Juan Carlos que en ese mismo instante se da cuenta de que ha perdido, que se debe retirar. Sumido en la soledad del fracaso recorre el sendero de vuelta a la cabaña. Parece un destierro. Vladimir se encuentra allí ahumando más pescado. Le dice: Vladimir nos vamos, me retiro. Vladimir perplejo mira fijamente al jugador, al cazador y entiende perfectamente la derrota. En su rostro iluminado por tenues rayos de luz a través del ventanuco de la cabaña Juan Carlos sonríe lacónico y piensa: 38.Rxf6!! (6ª). El rey negro yacía tumbado para siempre por el  “Sueño de Siberia”. Otros “hitos” históricos: -Juan Carlos regresó a la realidad el día 27 de Julio de 1972. Mientras, Fisher ganó el match con abrumadora supremacía el día 1 de Septiembre para desaparecer y no volver a ser campeón mundial nunca más. -Cuatro días más tarde la organización terrorista palestina “Septiembre Negro” tomó como rehenes a varios atletas israelíes produciéndose una masacre en su liberación. Mark Spitz dominó las aguas de Munich. -Richard Nixon desangró en Vietnam a una sociedad convulsa por la criatura problemática de Hoffman y  acabó con Carl Bernstein y Bob Woodward, ganando para su periódico al año siguiente el Pulitzer, y provocando su dimisión el 9 de agosto. -En aquel caluroso verano nací yo.
J Coca
25/05/2010 18:29:05
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Premio de relatos 2010
Se que es difícil, casi imposible, que gane un concurso un relato tan ruidoso y oloroso como este, dicen los deportistas que lo importante es participar y por una vez yo intento ser deportista y participo, debo aclarar que el relato es tan real como la vida misma y que al cabo del tiempo me alegra más el sucedido que tener el cráneo del corzo colgado en la pared. Sobre los vientos y su trascendencia en la caza: Hace unos años, pocos, un sábado por la mañana me llamó un amigo por teléfono: “Yo estoy en la finca de Andalucía viendo desastres, da miedo pisar el campo, me queda agua como mucho para un mes y el pasto se acabó hace seis, como esto siga así cualquier día nos comen los venados; te tengo localizado un corzo largo y bonito en Guadalajara si puedes ir esta tarde le digo al guarda J. que te espere, no le dejes acompañarte en el rececho, ya verás como está, si da dos pasos se muere.” “Pues si que puedo ir, dile a J. que estaré en la entrada de la finca a las siete.” Y así fue a las siete menos algo llegué y comprendí el aviso de mi amigo, al guarda lo conozco hace treinta años, siempre fue gordito, fuerte que decía él, también siempre fue bajito, de eso no decía nada, antes fumaba como una dama de alterne y bebía como dos, resulta que lo han operado de algo ... por las explicaciones debe de ser de vesícula, ha dejado de fumar y de beber, ahora come el doble y ya antes era capaz de dar cuenta de medio cordero sin inmutarse, crecer no ha crecido nada, pero engordar ...., mide 30 cms. menos que yo y pesa lo menos 20 kgs. más, es como una mesa camilla de esas para cuatro braseros vestida de uniforme, da miedo verlo, no puede ni respirar. Dejé mi coche y convencí a J. para que en lugar de acompañarme me subiera hasta la cuerda en su furgoneta, así yo rececharía cuesta abajo, después cuando le llamara por teléfono me recogería en un infame camino que existe en el fondo del barranco cuyas laderas yo pretendía cazar, no se resistió nada, la proposición le encantó, y así lo hicimos, como la tarde estaba maravillosa, solo cogí un chaleco sin mangas, los Leica, la vara de avellano, el LARM del 270 W. y me puse a recechar muy despacito. Más o menos a las 8,30 vi al corzo en la ladera de enfrente, a unos 400 m., por una vez las cosas estaban al revés, el estaba en lo limpio y yo en el bosque, pronto me hizo comprender que andaba buscando territorio, pegó un ladrido y otro corzo le contestó, bastante cerca y más bajo, a ese no lo veía, el corzo bajaba, despacito pero bajaba y eso me lo ponía a pedir de boca, el solo se terminaría por poner a no mas de 100 metros en poco rato, ambos corzos se alternaban en el desafío, lo que me permitió ver bien al que bajaba, era un buen corzo, largo y bien hecho, no era un oro pero era un corzo que había que tirar, el otro debía ser menos fuerte no se atrevía a salir a la palestra, la cosa estaba de lo más emocionante, yo, sentado en una peña, había fijado el punto en el cual cambiaría los prismáticos por el rifle y ese otro, un poquito más cercano, donde con toda seguridad el corzo rodaría sin remisión, todo estaba bajo control .... Pues no, no todo estaba controlado, de pronto un ruido de chapas sueltas y el jadeo de un viejo motor subiendo una  cuesta, entre ambas laderas discurre el infame camino de tierra mencionado, por ese camino apareció un Suzuki blanco, viejo y destartalado, lo conducía un  vejete, que por las hechuras parecía pariente del guarda, solo que este se tocaba con una boina parda y fumaba, le pegaba unos soberbios chupetones a un purillo negro y retorcido, con esa vista especial que tienen los hombres de campo el sujeto vio al corzo, paró el coche, sacó la mano por la ventanilla y pegó dos golpes en la puerta, el corzo le pegó dos ladridos y se quedó en donde estaba, ambos debían ser conocidos pues supongo que el hombre pasará muy a menudo por el caminillo, el vejete se bajó del coche, se dirigió a la cuneta y se puso a mear, el corzo tan tranquilo, sin inmutarse, hasta que ...., el hombre cierra su bragueta, se inclina un poco hacia delante y se tira el par de pedos más sonoros que he oído al menos desde que salí del colegio, dos pedos de campeonato, me lo parecieron a mi y se lo parecieron a los corzos, que ahora sí pusieron pies en polvorosa mientras soltaban una larga serie de ladridos en tonos diversos, ya que el otro corzo que yo no había logrado ver, y que a costa de los dichosos pedos vi cruzando un pelado como alma que lleva el diablo, decía más o menos las mismas cosas que el que había considerado ya colgado en la pared de casa. El viento fue decente y no me trajo la parte olorosa de la actuación del ventoso sujeto, estuve muy tentado a soltar un par de tiros al aire para demostrar que puestos a meter ruido también podía hacer alguno, no lo hice, pensé que a los dos corzos aquel hombre y sus ruidos les tenían bastante sin cuidado, estoy seguro de que no tardarían en volver a discutir entre ellos en el mismo sitio, si yo disparo no vuelven en quince días. Con las cosas de la caza nunca se puede estar seguro de nada, el monte ofrece muchas sorpresas, como la que le ofreció el mismo día a mi amigo Alfonso mientras andaba con su mujer tras los corzos , se encontraron con un cura de pueblo, pegaron la hebra, invitaron a comer al cura, el cura les hizo asistir a su misa y ... desde entonces el dichoso cura no ha parado de tirarle los tejos a la parienta de mi amigo, la llama por teléfono todos los días, claro que el muy cuco de mi amigo ... no le ha contado al cura que él fue fraile y que su parienta no es precisamente su parienta. Cordialmente, Julián Coca
J.P
Autor: J.P
27/05/2010 12:56:37
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Premio de relatos 2010
PROBABLEMENTE EL RECECHO MAS LARGO DE MI VIDA Esta historia comienza allá por los primeros días del mes de marzo, cuando con el catalejo en la mochila, me dedico a controlar los corzos de mi coto, que en esta época andan en grupos familiares y se les ve muy bien y también sirve para observar la desproporción entre machos y hembras, ¡que época más buena para hacer la caza selectiva de estas! Pero a lo que vamos, me fui a una zona del coto que denominamos "las siembras" porque allí no hay monte en varios kilometros a la redonda y donde los cazadores de menor me habían dicho que habían visto un corzo majo. Desde una colina, ví un grupo de cuatro individuos, una hembra adulta, dos hembras jovenes y un machete jovencito con su borra. Pero allí no parecía que estuviera el macho que buscaba, como no dominaba la parte trasera de la colina donde ellos estaban, decidí entrales por detras por si estuviera otro tumbado por los alrededores. Cuando llegaba a unos cien metros, la corza adulta salió corriendo y se llevó al resto del grupo detrás pero no había ninguno más, entonces cuando me estaba dando la vuelta, oigo ladrar a un corzo pero mucho más a la derecha de donde corrian estos, me acerque con cuidado al borde de la ladera y en la de enfrente, tumbado junto a unas aulagas, estaba un corzo que con el brillo del sol parecía muy bonito. Me tumbé en el suelo y saqué el catalejo: i307.photobucket.com/albums/nn319/javprisan/catalejo2010011.jpg> Comencé a observarlo por el catalejo porque estaba muy tranquilo: i307.photobucket.com/albums/nn319/javprisan/catalejo2010013.jpg> i307.photobucket.com/albums/nn319/javprisan/catalejo2010008.jpg> Hasta que se tumbó y se quedó mirando hacia mi: i307.photobucket.com/albums/nn319/javprisan/catalejo2010006.jpg> Pude comprobar que era un corzo bonito y solitario, que le faltaba la contraluchadera del cuerno izquierdo y la del derecho tampoco era muy grande pero su cuerna era alta y gruesa para los corzos de mi zona. Cuando me empezé a quedar frio, recogí los bartulos y me retiré despacio para no molestarle demasiado y en un último vistazo comprobé que seguía tumbado. El día 23 de abril, festivo en Castilla y León, me fuí hasta el coto y después de intentar una entrada a otro corzo que tenia controlado y que me sacó poniendo pies en polvorosa y siendo ya las nueve de la mañana decidí buscar al de las siembras. Lo bueno que tiene esta zona es que les puedes ver a cualquier hora del día, por contra, lo dificil es acercarse por lo despejado del terreno. Dejé el coche en el mismo sitio que la otra vez y entre por la misma ladera y cuando dí vista a la ladera de enfrente, ¡bingo! estaba a diez metros de donde le había visto en marzo. Pensé que si me dejaba llegar hasta una peñita que había en mi ladera, desde allí, colocaría la mochila y le tiraría de ladera a ladera como a unos 200 metros. Empece gateando muy despacio y levantandome de vez en cuando para ver que seguía en su sitio y en una de estas se levantó y se puso a comer. Por suerte para mi, comenzó a caminar hacia mi izquierda, con lo cual se me tapaba más y me dejaba avanzar mejor. Cuando ya llegué a la peña y soló me faltaba descolgarme la mochila, ví que estaba mirandome con un mosqueo descomunal, pensé en quedarme quieto y esperar a que se relajase pero no fue así, comenzó a ladrarme y se descolgó por la ladera donde estaba, tampandose de mi. Que mala suerte, solo me faltaban unos segundos. Esperé porque como esa zona está tan pelada, ¿a ver donde iba?. La vista desde mi posición era como de balconcillo de montería:  i307.photobucket.com/albums/nn319/javprisan/2010011.jpg> El corzo, que le había sentado muy mal que le incordiase, iba soltandome un sermón cuando cruzaba la siembra, paralelo al arroyo, hasta llegar a la ladera donde se ven cinco encinas, cruzó por donde estan las tres juntas y se fue hasta la que está en medio de la ladera sola, donde después de dar varias vueltas se tumbó. Que felices me las prometia porque precisamente en esa encina ya había cazado yo otro corzo hace un año y tenia una entrada muy buena por el rodapie de la ladera de la izquierda, asomandomé a unos 175 metros. Dí un rodeo para que no me vierá y para alla que me fuí. Cuando llegué y me asomé: ¡Mi gozo en un pozo! Ya no estaba allí y lo que es peor registré toda la ladera con los prismáticos y no aparecía por ningún lado y esa ladera soló tiene las encinas para taparse. Pensé en subir a la ladera de mi izquierda por si el corzo estaba intentando volver a su querencia. Cuando llegué arriba, una sombra fugaz, pasó por detras de la encina que está en el viso de la ladera donde se tumbó y sin poderle ver bien, pensé que era el corzo que se había subido y por la parte trasera deambulaba. Esperé inmovil acontecimientos y efectivamente el corzo, mi corzo, intentaba regresar a su querencia por la parte alta de donde había venido. Cruzó una siembra y al entrar en la ladera en una zona muy tupida de aulagas espanto a una corza que estaba allí encamada y que salió ladrando ladera arriba hasta trasponer. Cuando volví los prismaticos al corzo,  ya no estaba.¿Se habría tumbado o habría cojido una vaguada y ya no le veía? Ante la duda decidí ir para allá. Cuando llegué, entré por la parte alta, por donde había saltado la corza pero soló veía aulagas: i307.photobucket.com/albums/nn319/javprisan/2010003.jpg> Decidí ver las camas que había de donde salió la corza y como si de una liebre se tratase,  a dos metros de mi, saltó el corzo dandome un vuelco el corazón. Tiré el tripode y me descolgé el rifle pero no me gusta tirar a los corzos a la carrera aunque este estaba muy cerca, el corzo siguió exactamente el mismo camino que la corza, ladera arriba y justo antes de trasponer se paró a mirarme. Entre el susto y sin apoyo no era capaz de poner la cruz en su sitio y dos segundos después desapareció. ¡Como maldecia mi mala suerte! ¡Que cabreo tenia encima! Recogí el tripode y todo lo rapido que un tio de cien kilos de peso puede subir una ladera, lo hice, pero cuando llegé arriba ya no se veía nada. Derrotado, emprendí regreso hacia el coche pensando en que otra vez será. Cuando llevaba cinco minutos andando, al fondo de un valle, por una siembra, veo cruzar un corzo: i307.photobucket.com/albums/nn319/javprisan/2010002.jpg> No me lo podia creer, era mi corzo y estaba como si tal cosa, incluso hacia paradas para reponer fuerzas en la siembra de trigo. Cuando cruzó, llegó a la parte baja de una ladera donde había un espino al que golpeó por dos veces con su cuerna y se tumbó debajo de él. Me estaba dando más oprtunidades que a "Platanito" pero esta vez, tenía yo todas las de ganar, el viento a favor y desde la parte alta de la ladera yo dominaba la baja donde estaba él. Al principio a paso rapido y luego poco a poco, a medida que me acercaba, iba extremando las precauciones. Cuando estaba a unos 200 metros veía... i307.photobucket.com/albums/nn319/javprisan/2010008.jpg> ...Su cuerna que brillaba por el sol, pero no era capaz de ver ni su cabeza porque unas aulagas altas le tapaban. Me acerqué unos 50 metros y como me temía que se levantase y saliera pitando coloqué el tripode, apoyé el rifle y sujetandolo con la mano derecha, saqué con la izquierda el buttolo que llevaba en el bolso, para intentar que se levantase por curiosidad. Primero toque como un ladrido y mirando por el visor veía como la cuerna se giraba para mirar hacia mi, pero en cuanto dejaba de tocar volvía a girar la cabeza, luego toque la hembra en peligro, luego el corcino en peligro, ¡Vaya serenata! y ¡Que si quieres arroz Catalina! Que no se levantaba. Avancé otros 30 metros sin quitar el rifle del tripode muy lentamente y ante el temor de que saliera corriendo me paré, me preparé ya encarado y le cité como los toreros: Eh!, eh!, eh! Al tercer eh! como si tuviese un muelle en las patas se levantó y se quedó cruzadito mirandome, entonces coloqué la cruz en su sitio, monté el pelo y pumm, una nube de pelo en el aire me decía que el 308 había hecho su trabajo. i307.photobucket.com/albums/nn319/javprisan/20103001.jpg> Seguramante no será el mejor corzo que cace en mi vida, pero un rececho más largo y del que tenga mejor recuerdo, será dificil. Un saludo!
Mario Bregaña
Autor: Mario Bregaña
14/06/2010 19:20:22
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Premio de relatos 2010
Hola corceros. Me encuentro con la sorpresa de que el plazo para presentar relatos al concurso ha concluido. Di por hecho que coincidía con el de los otros concursos y me he despistado. Que pena. Oséa que entiendo que estoy fuera de él, pero aún así, como era mi intención publicarlo, y por cumplir una promesa, aquí os lo dejo. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- GERO.- IN MEMORIAM Esta es la historia de una amistad que surgió gracias al corzo, su conocimiento y su caza, y que terminó demasiado pronto mientras preparábamos la cacería de uno de ellos. Había hasta hace poco tiempo un bar en Vitoria que frecuentábamos cazadores, pescadores, guardas y naturalistas, que sin intención previa, se había convertido en uno de esos refugios y mentideros de los aficionados, donde sin cita era fácil encontrar algún conocido con el que charlar del eterno asunto de la caza y de los bichos. En la tele, canal Caza y Pesca, en las paredes, fotos de los clientes y amigos con alguna de sus hazañas, y en el rumor de las conversaciones: La caza, siempre la caza. El dueño, gruñón y amigo, perdicero y pescador, actuaba como enlace para citas, olvidos y recados, y casi como en un club de confianza podía, con su consentimiento, consignarse tal papel que alguien pasaría a buscar o por un rato o hasta el día siguiente, un bulto incómodo de transportar. En ese ambiente y en una provincia tan corcera como Álava, durante la primavera no se hablaba de otra cosa que de corzos. Que si alguien había fallado uno precioso, que si un agricultor había visto al monstruo de la dehesa, que si otro había tenido éxito y se estaba preparando una cena. Todo ello con el mosqueo perpetuo de las más o menos santas compañeras que concluían, como siempre, que la única diferencia entre niños y hombres es el precio de sus juguetes. Allí conocí hace ahora seis años a Gero. Abogado madrileño de cincuenta años entonces, era el menor de cinco hermanos y, según me contó en alguna de nuestras conversaciones de viaje corcero, el rebelde de la casa, que renunció en su momento a una cómoda vida en la empresa familiar para labrar su propio futuro. Hombre estricto en sus hábitos y convicciones, reacio a entregar su confianza sin una larga relación previa, había descubierto la caza hacía poco tiempo quedando irremisiblemente enamorado y su ilusión por cualquier iniciativa venatoria parecía más propia de un veinteañero que de alguien como él. De mirada dura, de las que no regalan simpatía, con gesto asimétrico y un aspecto que a mí me recordaba el del o el de cualquiera de los nobles de barba recortada y frente clara del , pero con un extraordinario humor negro, propio de los rebeldes, y una conversación culta, fluida y siempre interesante. En su escritura menuda y reglada, siempre a lápiz, y en su gesto al hacerla, a mi se me figuraba una especie de Cervantes actual con un ligero toque escocés, no en balde parte de su familia procedía de los Highlands donde hacía años había hecho un viaje iniciático en busca de los colores de su Kilt. Aunque con antecedentes de caza en su familia, nunca se había interesado por ella y en el ambiente urbanita donde su vida se había desarrollado, no había coincidido con nadie que al él le pareciera interesante que la practicara y le animara a hacerlo. Incluso confesaba que hasta no hacía mucho había tenido una idea peyorativa de los ocultos fines de monterías y otros eventos cinegéticos que pensaba sólo tenían la misión de cerrar tratos, politiqueos, pleitesías, y trapicheos de información, siendo la caza sólo la excusa para reuniones o encuentros si no imposibles, sí impropios. Ahora, encantado con la nueva esencia que había descubierto de ella, probó durante algunos años, con el ahínco de un alumno aplicado, las modalidades que aquí ofrece el panorama, como la caza de migratorias, con toda la parafernalia del asunto paloma, o tras las bravas y escasas patirrojas, alguna montería, y la más popular: la batida del jabalí. Su entusiasmo, sus ganas de aprender y la humildad con que confesaba su ignorancia sobre los asuntos del monte, hizo que se cimentara nuestra relación y del saludo y la conversación casual pasamos a la amistad, bien tan preciado y difícil de conseguir pasados los años de la juventud. Con más pena que gloria picoteó de todas hasta que descubrió el corzo. Solitario y metódico por naturaleza, madrugador impenitente, se encontró sin darse cuenta con su animal tótem. Un auténtico flechazo. Estudioso de lo que le interesaba, leyó todo lo que sobre el corzo cayó en sus manos y con la ayuda de algunos iniciados consiguió sus primeros trofeos. Con la balística emprendió un camino similar y aunque no llegó a recargar sus cartuchos, sabía más sobre pólvoras y el porqué de algunas fórmulas que muchos recargadores veteranos. Recuerdo el relato emocionado del lance con el que consiguió su primer corzo en solitario, que aunque no era gran cosa, resultó para él una reválida superada y el mejor de sus trofeos. En plena efervescencia de su nueva vida de cazador recibió de su médico la devastadora noticia de que la enfermedad innombrable había hecho presa en él sin solución y de que su futuro era de solo medio año. Tras el mazazo inicial y una fría reflexión decidió abandonar el bufete y dedicar a su familia y a la caza el tiempo que le quedaba. Esos seis meses fueron casi tres años en los que tuve la suerte de disfrutar de su amistad y de un montón de salidas en busca del duende del bosque. Como corcero evolucionó rápido y se encontraba en las puertas de esa fase dulce en la que no buscas cualquier cosa y te obsesionas con un animal concreto con el que estableces un pulso de toda la temporada. Encontrando en la tranquilidad del rececho algo de su propia esencia metódica, viajamos juntos en las vedas del corzo a recechar machos monteses, ciervos, muflones, etc. El pasado septiembre fuimos a Sudáfrica donde hizo su primer y único safari, disfrutó como un niño y sorprendió como preciso y sereno tirador a propios y extraños. Ya de vuelta, y antes del comienzo de esta temporada en la que todavía estamos, le echó el ojo a un corzo precioso, conocido del año pasado y prófugo de algún intento fallido. Su cuerna se había alirado y las rosetas engordado de forma espectacular. Inquilino de una bonita lengua de pastos que atraviesa un pinar viejo y extenso, y con más alarmas que Fort Nox, le daría sólo alguna oportunidad que tendría que saber aprovechar. Para comprobar la regulación de su Malincher acudimos el sábado tres de Abril al campo de tiro. Físicamente ya no era ni la sombra de lo que había sido y tras el segundo disparo se encontró mal y volvió a casa. El martes día seis a las tres de la tarde emprendió su último viaje con destino a las grandes praderas donde ya liberado de las ataduras con su maltrecho cuerpo, seguro que estará recechando algún corzo. Aunque la muerte de un amigo siempre es un asunto triste, en esta ocasión, además de tener el honor de que me permitiese acompañarlo en sus últimos días, siempre le estaré agradecido por la lección vital que ha supuesto para mí el sosiego y naturalidad que trasmitía respecto a su propia desaparición. Será todo un ejemplo a seguir en tan difícil trance, aunque dudo que estén entre mis virtudes su pragmatismo y entereza. Hace unos días, recordando su compañía, me acerqué al pastizal del viejo pinar donde recalé en un promontorio desde el que solíamos atalayar y que llamábamos “La peña del águila”, por la costumbre de una culebrera de posarse allí. Cuando ya me marchaba sin haber visto nada salvo el paisaje, me sobresaltó el ladrido ronco y profundo de un macho. Plantado en el claroscuro del helechal, entre aquellos pinos centenarios, estaba su corzo a menos de cincuenta metros. Me veía claramente pero no se marchaba y en sus ladridos parecía que me preguntaba ¿Dónde está tu amigo, que no le veo hace tiempo? Espero cazar en ese precioso coto de las faldas del Umión muchos años y poder sentarme en “La peña del águila” algunas tardes para acordarme de los buenos días de caza que pasamos juntos y reflexionar sobre el regalo que es la vida. No cazaré ese corzo ni a sus descendientes y dejaré que disfruten de todas sus etapas, cosa que Gero no pudo hacer. Hasta siempre Gero. Te echo de menos. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- P.D.: Hace tres meses os pedía opinión sobre las posturas de un corzo al trote, para hacer una plumilla y regalársela en su cumpleaños. No me ha dado tiempo, pero como lo prometido es deuda, os enseño un apunte sobre aquella intención. i734.photobucket.com/albums/ww350/Mariobregana/Carrera-Corzo-para-Gero.jpg> Saludos. Buena suerte y buena caza.
J Coca
14/06/2010 20:32:42
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Premio de relatos 2010
Mario magnifica la intención, soberbio el relato y cojonudo el dibujo, sea cual sea la fecha de cierre del concurso tu amigo Gero desde las praderas de ese dios de los cazadores que es Manitu ya sabe que tu lo has ganado en su nombre. Gracias por ser tan buen escribidor como fotografo y dibujante, Julián Coca
Javier Sanz
Autor: Javier Sanz
14/06/2010 20:47:50
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Premio de relatos 2010
Por mi parte, y sin que sirva de precedente, podría participar el relato de Mario en el concurso, estamos entre caballeros y me creo lo que dice Mario sobre el despiste. ¿?
Fco. Javier Llorente
14/06/2010 23:15:24
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Premio de relatos 2010
Emotivo y bello. Si las autoridades le incluyen en el concurso, como participante estaré totalmente de acuerdo.
Aitor Martínez Pozuelo
14/06/2010 23:40:50
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Premio de relatos 2010
Me apetece darte un abrazo. Ahora se que, por fin, pasaste el catarro que te oprimía.
Gerardo Pajares
Autor: Gerardo Pajares
14/06/2010 23:49:48
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Premio de relatos 2010
La Junta Directiva ha decidido ampliar el plazo de presentación de relatos hasta el próximo día 1 de julio. Agradecemos la elegancia del gesto de Fco. Javier Llorente. Igualmente creemos que es una buena oportunidad para compartir algunas vivencias e intentar tenerlas en letra impresa. Os animamos a que presentéis alguno más en esta edición del concurso. Saludos
Alfonso Treviño
Autor: Alfonso Treviño
15/06/2010 9:47:41
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Premio de relatos 2010
Enhorabuena Mario por ese relato tan sentido y por los dibujos que no son nada fáciles y en su conjunto preciosos. Las cabezas dibujadas de un corzo me parecen imposibles y plasmarlas en el papel y que se asemejen a un corzo, ciencia ficción..... Esán logradísimas. abrazo, Alfonso Treviño.
J.P
Autor: J.P
15/06/2010 10:26:17
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Premio de relatos 2010
Eres la bomba Mario. Me enganchaste con tus fotografias, pero ahora me emocionas con tu relato y además eres un dibujante sensacional.¿Hay algo que hagas mal? De todo corazón:ENHORABUENA! Un saludo!
Alfonso Urbano López de Carrizosa
Autor: Alfonso Urbano López de Carrizosa
15/06/2010 13:30:01
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Premio de relatos 2010
Muy emotivo el relato Mario. La plumilla...sensacional. Un saludo
JAVI LÓPEZ
Autor: JAVI LÓPEZ
16/06/2010 1:43:52
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Premio de relatos 2010
Al lado de la definición de artista en el diccionario, tendría que salir una foto tuya Mario... Un saludo
Aitor Martínez Pozuelo
18/06/2010 12:05:31
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Premio de relatos 2010
Mi pequeño aporte. Más vale tarde ... RESUMEN DE TEMPORADA Regreso a la piedra donde deje la mochila. Tor esta impaciente y quiere bajar. A través de los prismáticos veo el pelo del corzo. No se mueve. Termine la temporada. Y me da por pensar y recordar como ha sido esta temporada. Siempre empieza el 15 de agosto pero esta se adelanto una semana. Solo recordar en lo bien que lo pasamos a conejos con los arco me hace dudar en mandar unos sms para empezar a liar la de este año. El grupo, los lances, en fin lo que fue aquel fin de semana en Navarra son de los que marcan. Y a la semana siguiente en León con los cachorros y un año muy decente de codorniz. Como disfrute esos dias en el pueblo. Mañanas con una decena de codornices colgadas y más de dos docenas voladas con la superpuesta del tío Arsenio, la que me regalo mi padre. Y eso que es cerrada, con dos y una, pero con un encare fantástico. La vieja FN sigue funcionando y van para cerca de los 40 años. Haber si aparto un poco de dinero y la mando a restaurar que merece la pena. Y llego septiembre y la segunda parte corcera, como en un partido, empezó. Y me dedique al rifle y fue por poco tiempo porque a la segunda salida conseguí el corzo fantasma. Ese que sólo se dejo ver una vez, el que sólo cruzo una vez delante de la trailcam y que cuando desistí en la entrada mañanera salio a verme. Mala suerte para él y casi para mí. Lo cobro Tor a las dos horas. Menudo perrazo. En la primera parte no tuve oportunidad de tensar el arco en todas las salidas. A parte de los jovenzuelos desterrados ningún corzo decente se dejo acercar. Que de oportunidades no aprovechadas. Pienso que, algún día, permitirán cazar animales jóvenes antes de que terminen en la carretera, con un precinto distinto al que dediquemos al ejemplar adulto o permitan el abate de zorros en los recechos que buena falta le hace a los cotos. Y llego octubre y la migración arrancó. Y la suerte de acertar con los dias de vacaciones con tres dias seguidos de entrada de malviz. Como me lo pase tirando con la vieja FN, intentando disparos complicados y largos o bajando alguna después de que el puesto vecino la fallase. Dias de compañerismo y almuerzos aunque sin palomas. Como me entro la risa tonta aquella mañana que, aunque entraba poco pájaro, la escopeta del vecino daba problemas. Pensó que me pasaba algo similar porque oía a cada disparo mío el carro de mi escopeta. Él tenía que recargar a mano su semiautomática y acudió a mi pensando en que tendría aceite para poder aligerar los mecanismos de la suya pero se marcho cabizbajo al ver que lo que había llevado aquella mañana era la escopeta de corredera que uso para todo. Seguro que pensó que soy raro al usar un arma manual pero que podía seguir cazando sin los problemas que él tenia. Y llego noviembre y arranco la temporada de perdiz en el coto nuevo. Como volaron el día de la apertura. Y otro día más que las vi. Pero nada más. Mi hice con un conejo nada más empezar el primer día y levante una piara de jabalí. A mediados de mes se fue la abuela. Varapalo esperado y dias de caza sin salir. Así es la vida. Celebre el cumpleaños un par de dias antes de mi día. Nunca me habían guiado. Siempre había sido yo quien guiaba a cazadores de otras provincias pero esta vez era yo quien tenía que seguir los consejos del cazador de la tierra. Y salio casi perfecto. Cobre mi hembra de arrui con un tiro perfecto, andando por aquellas piedras almerienses entre monteses y águilas, acompañado de un buen amigo y de un guía sabedor de lo que hay que hacer. Probé en esas condiciones de caza la nueva ropa. Más técnica y con otros colores de camuflaje que funcionaron a la perfección. Y probé la mochila nueva con el adaptador para llevar el arma. La mejor compra que he hecho. Llevar todo el día el rifle protegido y con el peso repartido en la espalda es la mejor prueba. Mucho mejor que la de acercarme al puesto con la escopeta y los cartuchos sin sentir su peso durante los diez minutos que había desde el coche. Nunca estaré lo suficientemente agradecido a Mario y a Adolfo. Menos mal que apareció a los pocos dias el animal que había tirado. Salio de 8,5 sobre 10. Y con el subidón del arrui termine el mes cazándole la primer y única sorda de la temporada a Kiro. No me disgusta el perro. Y lo mejor es que estaba con mi padre. Y llego diciembre. Un mes que teníamos una excursión hasta Castellón para intentar, con arco, cabras monteses. Salio perfecto todo. La organización, los dias de caza, la gente, vimos muchos animales. Es la leche como funciona esa empresa. Los cuatro componentes cobramos nuestras cabras. Fue la leche. Pero lo mejor fue el cobro con el teckel de alguna de aquellas equilibristas. La madre que lo trajo como andaba el perrete rubio por las piedras. Y nos escapamos de milagro al temporal de nieve que cerró el puerto unas horas después de pasar. Volví a León para navidad y conseguí alguna torcaz. Imposible buscar liebres por las fincas ya que te hundías y perdí el día de año nuevo al amanecer con nieve. Así llego enero. Año de nieves año de bienes. El día de reyes amanecí en el coto más con ganas que con fuerza. Estuvimos de cena y apenas dormí dos horas. Kiro me miraba como pidiéndome más pero no podía. A las 11 regresaba al coche cansado y con sueño cuando por el fondo de una finca apareció el jabalí más bonito que he cazado. Venia escapado de la batida que estaban organizando dos cotos por encima. Cambie el perdigón por bala y me la jugué en un lance más de montería que de caza al salto. A la segunda bala con la escopeta de corredera di con sus costillas en tierra a 90 metros. Si estoy sólo lo tiro a 10 metros porque sabía por donde terminaría pasando pero con el perro a mis pies, el cencerro del collar y los colmillos que asomaban no quise arriesgar. Menos mal que me echaron una mano a subirlo al coche y me sacaron unas buenas fotos. El animal lo merecía. Y termino enero, la caza menor y nos dedicamos a las corzas en febrero. Conseguí de un buen disparo casi de noche la primera. Una corza joven y solitaria que no me dejo ver su escudo anal hasta el último segundo. La segunda la conseguí el último día e la temporada. El día anterior la había fallado con el arco. En su huida vi que cojeaba y lo intente al día siguiente con el rifle. La encontré en la orilla de una finca con su cojera y no quise arriesgar. Hice un largo disparo supervisado por los prismáticos de mi padre. Levanto el dedo tras el disparo. Parece que no se había recuperado del todo de algún golpe. Llego la primavera como de un partido de una sola parte se tratara. Septiembre esta ocupado por la boda así que no hay posibilidad de cazar el corzo en esas fechas. A Gero no le da tiempo de salir al terreno de juego. Descansa de su enfermedad cazando corzos en aquellas laderas y seguro que de vez en cuando nos echara un ojo para ver como nos va todo. Falle un corzo cumplido con el arco y el penúltimo día sigo mirando en la mata donde ha caído el que he disparado con el rifle. Termine aunque me queda sacarlo del barranco con el perro atado, el rifle, la humedad y un buen repecho. Miro el reloj y he pasado media hora intentando repasar mi temporada. Decido ir al coche y aliviar el peso, dejar al perro y sacar en la mochila por la zona baja el corzo. Tor esta ansioso. Le ha visto caer y quiere morder. Se ha portado muy bien sin chillar nada y eso que nos ha ladrado un corzo en el bosque, hemos levantado un jabalí del trigo a 10 metros y hemos pasado por los majanos. No sabe nada el perrete. A las diez menos algo tengo al corzo eviscerado en la mochila. Me he auto fotografiado y manchado de rojo al olvidar los guantes en el coche. Repaso mi mente por si olvido algo en la zona. Llamo al guarderio para avisar del abate y estoy pensando en tomarle las medidas, en que esta muy gordo y la primavera los ha llenado de grasa. Cerca de las once de la noche conduzco para casa.  Sigo con la mente en marcha en un coche extraño. Conduzco el de mi padre y se me hace raro todo. Lo que en el oeste era llevar el caballo al herrero ahora se llama chapista. Sigo dándole vueltas a todo, al lance, a lo que me perderé de caza en septiembre mientras este de viaje, lo que disfrutaré en eseviaje, a que se acabo el perseguir corzos hasta que en diciembre se pueda intentar las hembras…. Me cruzo con otro coche y vuelvo a dar las largas. Estas carreteras estrechas con los trigos al lado pueden tener escondido algún animal que no pueda esquivar. Me acerco a una zona donde suelo encontrar algún corzo cruzando y voy contándole la batalla a la jefa por el manos libres. También se alegra. Me ve feliz y ella también lo esta. Sigo con la charla calculando el tiempo que me cuesta llegar para tenerla tranquila. No pierdo vista de los laterales de la carretera y pasa lo que otras veces pasa. Preveo la invasión de algo que se mueve en la cuneta y levanto el pie del acelerador. Cruza una liebre de las de aquí como si no se le acercara un coche a 90 Km. por hora. Piso un poco el freno y  termina de cruzar antes de que llegue. Me hace recordar que conseguí hacerme con una de un flechazo en noviembre dias después de lo de la abuela. Salí a airearme el día de caza con el arco y volví con 5 kilos de liebre para navidad.
Javier Sanz
Autor: Javier Sanz
18/06/2010 12:20:52
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Premio de relatos 2010
Cuántas cosas nos pasan en un año ... y seguro que te has dejado algo ¡¡ Enhorabuena por lo bueno ...
Mario Bregaña
Autor: Mario Bregaña
21/06/2010 10:25:11
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Premio de relatos 2010
¡Que bonito Aitor! Lo bueno y lo no tan bueno, la vida del cazador. Yo creo que lo hemos aprovechado bien. ¡Como se tiraban las reales a por los cabritos de las montesas! Eso ya nadie nos lo quita. Abrazos
Aitor Martínez Pozuelo
21/06/2010 16:20:08
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Premio de relatos 2010
Ya tengo otra hucha para volver. Disfrute mucho. ¿Te lo imaginas con el arco? con algún día más, más compañia... No me llega para todo lo que deseo hacer jejeje
Alfredo Elvira Serrano
21/07/2010 14:11:48
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Premio de relatos 2010
Una duda...acabo de volver de vacaciones y me he metido para ver el ganador del concurso...¿no terminaba el 30 de Mayo?. ¿Me he perdido algo?. ¿Se ha prorrogado el plazo?. Gracias y un saludo: Alfredo Elvira Serrano.
Gerardo Pajares
Autor: Gerardo Pajares
04/09/2010 22:22:27
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Premio de relatos 2010
Fallo del jurado El jurado ha determinado que el ganador de la presente edición del concurso de relatos es [b]D. Mario Bregaña[/b] por [b]Gero.- In memoriam[/b]. El premio será entregado por [b]D. Pablo Ortega[/b], Presidente de Honor de la ACE, en el curso de los actos conmemorativos del X Aniversario de la fundación de esta entidad a desarrollar el Valladolid el día 25 de septiembre. Enhorabuena al ganador y nuestro sincero agradecimiento a todos los participantes.
JAVI LÓPEZ
Autor: JAVI LÓPEZ
05/09/2010 13:21:59
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Premio de relatos 2010
¡ENHORABUENA don Mario!
J Coca
05/09/2010 18:46:02
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Premio de relatos 2010
Enhorabuena Mario, ese relato tiene algo que lo diferencia del resto y a mi entender le aporta un valor literario poco frecuente en los relatos de caza, ese algo es de dificil definición para este cuentista y por ello emplearé un termino que aplicó hace tiempo Mariano Aguayo a uno de mis cuentos y me gustó pues antes me había dicho " El relato tiene fallos, el relato es mejorable, el relato tiene fases inconexas pero ... es un relato cojonudo, tiene DESGARRO y eso marca la diferencia", pues eso Mario tu relato tiene DESGARRO y tiene razones para tenerlo. Mucho siento no poder estar el día de la entrega del premio y darte un abrazo, pero .... la berrea es la berrea y la voz del ciervo en celo tambien tiene algo de "desagarro", estaras conmigo"In pectore" que es ese sitio donde llevan los Papas a los Cardenales y por ello parece un buen sitio, aunque es muy posible que estuvieras mejor en otros "pectores" el mio al menos es amplio y puede resultar bueno para ponerse detras un día de viento. Un abrazo, Julián Coca
Fco. Javier Llorente
05/09/2010 21:55:58
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Premio de relatos 2010
Me sumo a las felicitaciones.
Delpuerto
Autor: Delpuerto
06/09/2010 7:22:23
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Premio de relatos 2010
Enhorabuena Mario.
Javier Sanz
Autor: Javier Sanz
06/09/2010 8:13:19
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Premio de relatos 2010
Enhorabuena Mario, lo mereces sin duda.
Alfonso Urbano López de Carrizosa
Autor: Alfonso Urbano López de Carrizosa
06/09/2010 9:57:24
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Premio de relatos 2010
Enhorabuena Mario! Un saludo
J.P
Autor: J.P
06/09/2010 13:33:16
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Premio de relatos 2010
Enhorabuena Mario! y si Dios quiere te la daremos en persona el día 25. Un abrazo!
Félix de Gregorio
Autor: Félix de Gregorio
06/09/2010 20:09:38
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Premio de relatos 2010
Enhorabuena Mario!! Precioso relato, y otra sorpresa: también sabes dibujar, manda coj...!! Me han encantado esos dibujos. Saludos,
Mario Bregaña
Autor: Mario Bregaña
07/09/2010 12:28:26
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Premio de relatos 2010
¡Muchísimas gracias! Es un honor que no esperaba. Junta y socios de la ACE, muy honrado y agradecido. Muchas gracias también a Darío Helche, Javier Sanz, Antonio Chaín, Fco Javier Llorente, Julian Coca, Javier Prieto y Aitor Martinez por ser además de compañeros de este magnífico lugar de encuentro, tan dignos competidores y por la calidad de sus trabajos. Especialmente a Fco Javier Llorente y Javier Sanz por la elegancia en su gesto de animar a la Junta a permitirme participar habiendo presentado tarde mi relato, independientemente de que después se ampliara el plazo. Como no podía ser de otra manera, le dedico este premio a mi desaparecido amigo Gero, que ha pesar de la tristeza que me produjo su marcha, me ha brindado este placer póstumo. Gracias también a todos los demás por vuestras felicitaciones. Buena suerte y buena caza.
Javier Sanz
Autor: Javier Sanz
07/09/2010 13:01:01
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Premio de relatos 2010
Lo dicho Mario, te lo mereces sin duda. Desde luego que tu amigo Gero compartirá contigo tu alegría tan sincera.
iñaki
Autor: iñaki
08/09/2010 22:19:40
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Premio de relatos 2010
Pues enhorabuena. Un gran relato.
Andrés Cabestrero Escudero
Autor: Andrés Cabestrero Escudero
10/09/2010 2:26:04
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Premio de relatos 2010
El apelativo de "don" bien ganado que te lo tienes, hay relatos maravillosos en esta edición, yo diría que todos lo son y a todos los participantes felicito por los mismos, aunque de forma muy especial debo de hacerlo contigo por ser el ganador. Espero por todos los medios poder asistir el día 25 a Valladolid y felicitarte personalmente, hasta entonces siéntete felicitado como no podría ser de otra manera. Enhorabuena Mario, de todo corazón muchas felicidades. Un cordial saludo.
Chaín
10/09/2010 13:09:46
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Premio de relatos 2010
Uno es como es y desgraciadamente tengo muy poco de diplomático. Enhorabuena Don Mario. Para los señores del Jurado : Hay que tener muy pocos recursos para darle el premio a una Necrológica, por muy buena que sea, todos cargamos nuestros propios difuntos y algunos tan entrañables que basta un fugaz recuerdo para que los ojos se hinchen y sea imposible golpear el teclado así que se quedan en esos rinconcitos que cada uno tiene escondidos en lo que va encima de los hombros. Y todos tenemos nuestra necrológica, quizá demasiado intima como para hacerla pública, a lo mejor como soy de una tierra oscurecida por la lluvia del invierno, donde todavía convives con las meigas está mal visto mentar a los muertos. No creo que haga muchos amigos, pero ya está bien de tanta sensiblería que raya lo cursí. Y no lo tomen como mala leche por no haber sido galardonado, los que me conocen bien, tanto amigos como no tan amigos, saben que si no lo digo…..reviento. Un saludo, a todos.
Mario Bregaña
Autor: Mario Bregaña
12/09/2010 12:50:46
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Premio de relatos 2010
Estimado Antonio: Muchas gracias por tu felicitación. No veo la necesidad de disculparse por ser sincero, efectivamente cada uno es como es, y resulta difícil remediarlo. Siento mucho si mi estilo, en mis intervenciones, o de mis fotos, te resulta sensiblero o cursi, pero como tú bien dices, es complicado cambiar. O lo hago así o no lo hago. No pretendo que le gusten a nadie, sólo participar como uno más e intentar aportar algo que no sólo sea lo mal que nos va, cómo nos maltrata la Administración y la opinión pública, o sobre el incierto futuro de nuestros escasos sucesores en esta afición, o forma de vida. Tengo que admitir que tuve que vencer cierto pudor al publicar este escrito pero coincidieron tres circunstancias en el tiempo: lo reciente de su desaparición, un reconocimiento como “buen cazador” que no tuvo y que no dudo que hubiera conseguido si su vida hubiese sido más larga, y por último una promesa hecha a él mismo, en la cual difundiría, en el medio que yo juzgase más adecuado, la importancia que la caza había llegado a tener en alguien ya mayor y en concreto, la del corzo. ¿Dónde mejor que aquí? Yo tampoco procedo de la cultura mediterránea donde la escenificación del dolor por la muerte puede ser más pública, aquí no hay meigas ni orballos pero sí langarras y sorgiñas y también sabemos de días plomizos y melancolías. Sin embargo sí que intentamos hablar de los desaparecidos, aunque no nos apetezca o nos entristezca, para perpetuar su memoria y hacer más llevadero el hueco que dejaron. Hace poco di con un .pdf de una edición agotada que buscaba, de un libro de Robert Graves (autor de “Yo Claudio”, candidato al Nóbel y reconocido estudioso de la mitología celta), “La Diosa blanca”. Lo hacía por un par de capítulos donde relaciona el corzo con el unicornio, y tuve oportunidad de leer otros escritos suyos que precisamente tratan de la importancia del recuerdo compartido de los muertos, casi como uno de los ejes de aquella cultura. Supongo que lo habrás leído, pero si no es así y te apetece, te recomiendo que lo hagas. Siempre viene bien, al menos en mi caso, cuestionarse si uno responde a algún estereotipo o sólo se abriga en él para justificar su propia forma de ser. Respecto a la decisión de los señores del Jurado nada tengo que decir más que reiterar mi agradecimiento. Siento mucho que no te gustara mi escrito, a mí el tuyo me encantó. Saludos,
alberto montero galego
Autor: alberto montero galego
13/09/2010 22:32:00
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Premio de relatos 2010
Mario, me ha encantado tu relato, tanto por su calidad semántica como por su contenido. De todos ha sido el que más me ha gustado, si bien es cierto que son todos buenos. Este párrafo me encanta: "Abogado madrileño de cincuenta años entonces, era el menor de cinco hermanos y, según me contó en alguna de nuestras conversaciones de viaje corcero, el rebelde de la casa, que renunció en su momento a una cómoda vida en la empresa familiar para labrar su propio futuro. Hombre estricto en sus hábitos y convicciones, reacio a entregar su confianza sin una larga relación previa, había descubierto la caza hacía poco tiempo quedando irremisiblemente enamorado y su ilusión por cualquier iniciativa venatoria parecía más propia de un veinteañero que de alguien como él." Enhorabuena. Un cordial saludo. Alberto Ramos Álvarez.
ALBERTO TENDERO
Autor: ALBERTO TENDERO
18/09/2010 10:14:12
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Premio de relatos 2010
Enhorabuena Mario, además de la fotografía, escribes y dibujas, todo un ARTISTA. Un abrazo, Alberto Tendero. Ace 521
Chaín
16/09/2010 12:08:40
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Premio de relatos 2010
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JAVI LÓPEZ
Autor: JAVI LÓPEZ
16/09/2010 12:48:45
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Premio de relatos 2010
Mensaje editado por el Administrador al ser una respuesta a uno anterior que ha sido editado voluntariamente por su autor habiendose perdido de ese modo la secuencia de las intervenciones. El Administrador del Foro.
Alfonso Treviño
Autor: Alfonso Treviño
16/09/2010 18:38:57
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Premio de relatos 2010
Mensaje editado por el Administrador al ser una respuesta a uno anterior que ha sido editado voluntariamente por su autor habiendose perdido de ese modo la secuencia de las intervenciones. El Administrador del Foro.
Chaín
17/09/2010 10:48:50
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Premio de relatos 2010
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