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J Coca
15/06/2010 20:27:05
(1 vistas, 3 respuestas)
TOBALO, SU PUNTERÍA Y EL PESO DE LA FAMA:
En este caso solo soy un mero amanuense, un escribidor que dirían otros, dado que la historia me ha sido contada y yo me limito a transcribirla para vosotros, me la ha recordado el apellido de Andrés Cabestrero que dice disfrutar algo con mis relatos, la historia tiene cuatro protagonistas, mi madre, un cabestrero y dos toros enfadados. Mi madre, que Dios mediante cumplirá cien años en los primeros días del próximo julio, afortunadamente, dentro de un modesto orden, conserva bastante bien sus facultades físicas y se puede decir que mejor las mentales, hace un tiempo en la sobremesa de una comida en nuestra casa uno de los nietos le preguntó si había sentido miedo en muchas ocasiones, la contestación fue curiosa: “Miedo, por enfermedades y ante desgracias familiares y especialmente tras haber perdido un marido y dos hijos lo he sentido muchas veces, miedo físico por mi persona muy pocas, y de esas pocas que recuerde dos fueron ante bombardeos aéreos, una ante un incendio en el campo, otra ante una inundación que arrastraba el coche en el que estaba metida, la quinta ante una discusión en la mesa, en casa de mis padres, en la que dos coroneles, uno alemán y otro italiano, sacaron las pistolas y mi padre se puso en medio y los expulso a ambos de su mesa y de su casa y el resto … todas por culpa de los toros, que esos me han dado un montón de sustos y en alguno me han hecho pasar mucho miedo, la vez que más miedo físico he pasado fue por culpa de los toros y todavía más de ochenta años después alguna noche sueño con ella y me despierto angustiada, curiosamente una vez estuve cara a cara y muy cerca con una loba y no sentí miedo y creo que ella tampoco lo tuvo, le hable y pareció entender mi aviso” Esa historia que causó tanto miedo a mi madre es la que contaré, carece de la menor relación con la caza pero si tiene mucha con la buena puntería y muy especialmente con la fama de tener buena puntería y lo útil que puede ser esa fama: TOBALO, SU PUNTERÍA Y EL PESO DE LA FAMA: Los hechos tuvieron lugar en los años veinte del pasado siglo, cuando mi madre tendría entre doce y quince años, “Tobalo” era el cabestrero en la finca de sus abuelos maternos, mi madre no recuerda, o quizá nunca supo, si el apelativo era apellido o mote, pero si recuerda bien al tal Tobalo, alto, delgado, fibroso, serio y muy de fiar para cualquier asunto, tan de fiar que él era el encargado por la bisabuela de la difícil misión de que sus nietos no se metieran en líos cuando aparecían por la finca, en esos momentos lo convertía en una “nanny” muy atípica, un cabestrero-niñera si españolizamos la profesión. Tobalo, llevaba al hombro una alforja de loneta llena de cantos rodados bien elegidos, y en la mano una honda de cuero repujado rematada por un fino cordelillo de seda que hacia restallar con un sonido similar al de un disparo de pistola de grueso calibre, mientras el mayoral y los vaqueros se manejaban a caballo Tobalo trabajaba a pie, al parecer era ligero y sigiloso, siempre estaba colocado en el sitio preciso, y su conjunción con el mayoral y sus ordenes perfecta, bastaba que este gritara desde lo alto de su caballo: “Tobalo, llama al “Ventero” O bien “Tobalo, cuidado con ese toro castaño, dale leña que se quiere largar” Para que volara una piedra hacia el animal que intentaba desmandarse, si era cabestro la piedra pegaba en los pitones si era toro en las costillas, que los pitones se podían romper, el recado era contundente y al parecer muy convincente, los receptores de un par de recados de ese tipo los recordaban de por vida. Tras años de bregar juntos fue suficiente que el mayoral gritara: “Tobalo” Para que el llamado actuara de inmediato contra el animal díscolo y muy especialmente para que toda la ganadería supiera las consecuencias del grito, en la mayoría de las ocasiones con el grito o como mucho con el restallar de la honda era suficiente, solo en casos muy especiales, con toros muy enfadados y en las peleas, eran necesarias las piedras; la fama de Tobalo, la de su puntería y la contundencia de sus mensajes pétreos bastaba para imponer el orden. Cuenta mi madre que en la finca había una gran panera cuyas puertas tenían el tamaño adecuado para que entraran las galeras cargadas de mies, y en la que se amontonaban en enormes montones separados el trigo, la avena y la cebada, a esos montones se subía por unos tablones con travesaños colocados en hilera, con función parecida a la de una escalera de varios cuerpos. Recuerda que era verano, que probablemente fue en los primeros días de un septiembre, cuando al atardecer ya con la fresca estaba dando un paseo a pie, cuando oyó los zumbos de los bueyes sonar a jaleo con toros, así lo define y me parece muy expresivo y grafico, oyó el galope de cascos herrados y las voces de aviso de los vaqueros: “Taparse, taparse rápido que dos toros se han desmandado y van derechos a las casas, ocultarse que van muy calientes ….” Dice mi madre que más que correr voló, pero que estaba lejos y no consiguió la suficiente velocidad como para llegar a la casa, con los toros ya muy cerca se metió en la panera, cuyas puertas abiertas de par en par tuvo que dejar como estaban, subió por los tablones hasta lo más alto del más alto de los montones, supone que era el de cebada, y … los dos toros entraron en la panera, no sabe, ni le importa, si lo hicieron tras ella o como ella buscando refugio, el caso es que ellos entraron y ella sin dudarlo saltó desde el tablón al montón de mies y empezó a hundirse, se pudo agarrar a la tabla con la mano izquierda mientras con la derecha y con los pies intentaba nadar, con el resultado que con el movimiento cada vez se hundía más, angustiada, con la cebada al cuello, y con los dos toros encampanados hacía donde ella producía un más que mediano bullicio, solo se ocurrió gritar desesperadamente: “Tobaaaaaalo” El resultado del grito fue instantáneo, pura magia del pánico a la honda, los dos toros giraron sobre sus patas traseras y salieron de la panera como almas que lleva el diablo, nada más salir los toros entró Tobalo a la carrera y tras él el mayoral a caballo, Tobalo subió a rescatar a mi madre y la bajó en brazos para montarla sobre la grupa del caballo del mayoral que la trasladó hasta la casa. Hoy muchos años después recuerda toda la escena pero muy especialmente, la entrada de los toros en la panera, su angustia al verse ahogada en cebada, el respingo y el como se revolvieron los toros ante su grito y la entrada del mayoral a caballo, dice que sin embargo no recuerda a Tobalo subiendo por los tablones ni sacándola de entre la mies, solo recuerda cuando ya en sus brazos bajaba hasta el caballo sobre cuya grupa la depositó. Es cuando menos curioso como una señora tan urbanita como la que más y nada aficionada al campo, ha tenido toda su vida ligada a él de uno u otro modo y vivencias como la que nos acaba de relatar o como haber hablado con una loba en el jardín de su casa de campo, pero esa es otra historia. La fama de buena puntería ha logrado que muchos de nosotros cazadores estemos dispuestos a creer lo que cuentan los que la tienen y a dudar de lo que cuentan los que tienen la contraria, creo que solo las famas con tan sólidos fundamentos como la que tenía Tobalo merecen la pena, tenerlas tan convincentes es labor ardua y continuada. Andrés perdona por usar tu apellido para este relato pero supongo que no te molestará; a mi paisano Alfonso cuando trajine por el entorno de Villanueva de Cañedo y del Castillo del Buen Amor esta historia le hará pensar en que hace más o menos cien años andaba por aquellos pagos una muy especial niñera que manejaba mejor la honda que el chupete. Cordialmente, Julián Coca
Andrés Cabestrero Escudero
Autor: Andrés Cabestrero Escudero
17/06/2010 0:02:44
(0 vistas, 3 respuestas)
TOBALO, SU PUNTERÍA Y EL PESO DE LA FAMA:
Estimado Julián: Evidentemente tú no eres un mero amanuense o escribidor, puesto que no te limitas a transcribir historias, sino que siempre llegas más allá, dotándolas a todas ellas de un encanto muy especial y poniendo el énfasis necesario en aquellos puntos que así lo requieren para convertirlas en verdaderas obras maestras. En cualquier caso son historias de caza, de campo, de lobos, y de toros, que huelen y saben a todo ello, y que tanta relación tienen entre si, historias perfectas para ser escuchadas o leidas frente a una chimenea con el crepitar de una buena leña como sonido de fondo. Hoy te doy las gracias de una forma muy especial, puesto que una vez más he vuelto a disfrutar con tu nueva y emocionante historia, y me alegro que mi apellido te haya traido a la memoria a "Tobalo", aunque si de algo me alegro realmente es que la historia se saldara con tan buen final para todos y en especial para aquella niña, hoy mujer centenaria a la cual deseo que Dios la permita seguir conservando durante mucho tiempo más, tanto la plenitud de sus facultades físicas como mentales y así pueda seguir disfrutando de la vida, de sus hijos y de sus nietos, a la vez que vosotros lo hacéis igualmente de forma recíproca con ella. Me considero en deuda contigo, por lo que espero poder "cazarte" un bonito corzo cualquier día que la suerte me quiera sonreir, mientras tanto permíteme que incluya en el presente mensaje la fotografía de un macho que se me antoja tiene en sus ademanes amenazantes ante mí, un gesto similar al de un morlaco momentos antes de ser citado para tomar la muleta. La calidad de la fotografía no es buena por tratarse de un amanecer brumoso y donde la luz era muy excasa, y en tales circunstancias me defiendo bastante mal con la cámara, no obstante intentaré con gran afán cazarte ese bonito corzo prometido. i858.photobucket.com/albums/ab149/POINTER456/IMG_6882.jpg> Un cordial saludo.
JaimeCT
Autor: JaimeCT
22/06/2010 0:07:28
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TOBALO, SU PUNTERÍA Y EL PESO DE LA FAMA:
¡¡¡¡Vaya pareja!!!! El primero por otro genial relato, un placer. El segundo por el trapio del Santa Coloma, origen Vistahermosa,  que parece cruzado con Veragua,  origen Vazqueño, por la capa. Felicidades
J Coca
22/06/2010 17:44:59
(0 vistas, 3 respuestas)
TOBALO, SU PUNTERÍA Y EL PESO DE LA FAMA:
Andrés nada me debes, me has regalado muchas fotos magnificas y disfruto todos los días un rato viendo las preciosidades que subís a este foro ese grupo de artistas que tiene la ACE, es un placer verlas. Respecto a esta del corzo encampanado amenazadoramente, debo decirte que he buscado por casa los trastos de torear y ahora no salgo al campo sin ellos, capote, muleta y estoque, acompañan al rifle y los prismáticos en las salidas, ahora me falta encontrar un amigo que quiera hacer de mozo de estoques y otro de apoderado, cuando se lo propongo me miran así como raro y sospecho que empieza a correr un run run sobre el estado de mi salud mental, pero se equivocan estoy cuerdo y además he descubierto que los corzos cuando me ven de esa guisa no pueden superar la curiosidad y hacen más largo su acostumbrado parón. Antonio Chain y yo somos amigos y discutidores natos, hace años tuvimos una amigable discusión, nunca aclarada del todo, sobre la posibilidad de que un corzo macho defienda contra un zorro a la corza y sus corcinos, yo había presenciado como una pareja zorruna se las ingeniaba para que mientras la zorra alejaba a la corza el zorro le intentaba arrebatar el corcino, el intento falló por la airada intervención de un corzo macho que se arrancó con ganas a por el zorro, ese fue el hecho pero sobre él caben diferentes interpretaciones, al cabo del tiempo creo que Antonio tenía razón, el corzo no defendía a la cría, simplemente estaba de mal humor y puede que tuviera viejos rencores contra las gentes del jopo y por ello se levantó de la siesta y le pegó una señora carrera al zorro, el corcino tuvo suerte y la ocasión le vino al pelo pero su pariente, y puede que incluso padre, no intentaba defenderlo como yo en un primer momento interpreté; creo que es muy raro que un cervido macho defienda algo diferente a su propia persona, otros muchos animales si lo hacen y son unos abnegados y hasta heroicos padres como el jabalí por ejemplo. Ese corzo de la foto tiene unos pitones de aquí te espero, antes de darle unos capotazos tendré que pasarlo por el mueco y llamar al barbero, sin su intervención mejor usar el rifle que el estoque; respecto a la longitud de los cuernos de los toros dice Miura que si sus toros no tuvieran los pitones tan largos habrían herido a muchos más toreros, tiene razón, los toros con los pitones cortos son mucho más certeros, de todos modos cuando de corzos y de otra cosa, que dejo a la imaginación de los lectores, se trata es mejor una generosa longitud y grosor, vamos o eso creo que dicen quienes de ello entienden. Cordialmente, Julián Coca Jaime buenas fotos de venados, este año las cuernas prometen ser espectaculares, espero que el precioso gabato no se deje acercar tanto por los “patas pardas” como te ha dejado a ti, un abrazo, Julián