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J Coca
19/11/2010 10:01:51
(1 vistas, 7 respuestas)
El Carraco, un cuento muy de la dehesa
Esta es la historia de una niña, mi abuela materna, y la de un toro de lidia que fue su amigo en la juventud, es una historia muy de la Dehesa,  por eso, en estos momentos de calma corcera, os la cuento a todos  pero especialmente a Santiago Segovia por aquello de que le gustan mis “Cuentos de la Dehesa”. Tengo un curioso libro sobre las experiencias de un medico, dedicado a la medicina en condiciones extremas, expediciones a la selva amazónica, al Himalaya, naufragios etc. etc., merece la pena leerlo, en él hace referencia a como influye el miedo en la producción de energía y como esta influye en nuestras reacciones ante el peligro, sus explicaciones en lenguaje sencillo, milagro siendo un medico quien escribe, son muy convincentes, como introducción a la historia y en relación con la diferencia entre miedo y pánico os transcribo un párrafo de lo que ese medico dice sobre el asunto: “El miedo estimula automáticamente la producción de energía. Como se empleé esa energía dependerá de los procesos conscientes utilizados para salir de la confusión, para transformar el flujo de información sensorial en un informe de situación coherente que pueda serles presentado a los centros superiores del razonamiento del cerebro. Con experiencia y disciplina, la energía generada por el miedo puede ser canalizada a una acción determinada. Sin ellas, la energía puede explotar, transformarse en pánico y luego disiparse en una actividad inútil o incluso contraproducente” (Kenneth Kamler, Sobrevivir al Limite, Ediciones Destino, S.A.) Un cuento muy de la dehesa: “LA NIÑA Y EL CARRACO” Mi abuela materna era la menor de cinco hermanos y la única mujer, como además nació con varios años de diferencia con el anterior de sus hermanos, se convirtió en la niña mimada, fue siempre “La Niña” para toda la familia, sus padres eran ganaderos de bravo y como era frecuente en aquellos tiempos, y creo que todavía lo es ahora, si bien tenían casa en la ciudad gran parte del tiempo lo pasaban en la finca; en las ganaderías bravas los nombres de los toros derivan siempre del de su madre, y así se forman familias de vacas (reatas) que terminan por hacer difícil eso de bautizar toros, por esa razón, si os habéis fijado en nombres de toros, los hay curiosos y casi imposibles, por ejemplo un Filibusterillo hijo de la Piratilla, es biznieto de la Filibustera, nieto de la Pirata y hermano del Corsario y sobrino del semental Filibustero que también puede que sea su padre y así hasta toda una retahíla que dependerá de la imaginación del ganadero y del conocedor (el mayoral lleva el control de los toros el conocedor el de las vacas). “Carraco” fue el último hijo de una vaca vieja llamada Carraca, que ya muy machacada por los años en una noche de tremenda helada murió de parto, la historia la escuché directamente de mi abuela en muchas ocasiones, aunque murió de noventa y seis años y la historia había sucedido cuando ella tenía entre los quince y los veintiuno siempre que recordaba al “Carraco” lo hacía con una nota de afecto en la voz. En una heladora mañana del mes de diciembre, el mayoral se presentó en la casa con un becerro recién nacido cruzado sobre la montura del caballo, el animalito está prácticamente congelado, parece muerto, tan solo un ligero vaho que sale de su nariz delata un hilo de vida, se apea del caballo y con el becerro en brazos entra en la gran sala de la casa donde se hace la mayor parte de la vida en el entorno de una enorme chimenea, cuya campana ocupa gran parte de la habitación y en la que arde constantemente media encina, allí lo deposita en el suelo cerca del fuego y dirigiéndose al ganadero dice: “La vieja “Carraca” parió anoche, no pudo aguantar y la he encontrado muerta  prácticamente congelada, este pobre estaba pegado a ella, creo que ha mamado los calostros y por eso lo he traído, lo mismo se salva, ya que ha tenido suerte y lo he encontrado yo antes que los lobos si a usted le parece podemos intentarlo” Al parecer mi bisabuelo sabía quien podía salvar al bichillo: “Creo que en esta casa solo “La Niña” es capaz de sacar adelante a este pobrecillo, llamadla y que se encargué de él” No hizo falta llamarla, era muy bichera y alguien había comentado la llegada del mayoral con el becerrito, se sentó en el suelo junto a él y dedicó un rato a darle masajes, entre el calor de la chimenea y los masajes el animal revivió, se levantó tambaleante y … sin dudarlo, cayéndose y volviéndose a levantar, se arrancó contra los presentes, esquivarlo era fácil para los humanos, pero no para las mesas, las sillas y el resto de los enseres domésticos, en un momento hizo rodar uno cuantos trastos, pronto lo sujetaron y alguien acudió con un cubo de leche caliente, el mayoral enseñó a mi abuela como debía colocar los dedos para hacer caer la leche en la boca del becerro mientras él lo sujetaba, Carraco era un superviviente nato, aprendió de inmediato, y decidió que ni mi abuela ni el mayoral eran enemigos, a ellos no se volvió a arrancar, a los pocos días Carraco era un miembro de la casa, entraba y salía sin meterse con nadie ni con nada, la abuela tocaba las palmas y Carraco acudía a la carrera a por su cubo de leche, esos aplausos se convirtieron en la señal de llamada, se hizo intimo de los mastines que guardaban la casa y de los alanos que tenía el bisabuelo para separar a los toros en las peleas, ellos y la abuela fueron sus compañeros de juegos hasta que llegó el día del herradero, ese día el bisabuelo, con buen acuerdo, decidió que Carraco tenía que vivir con sus congeneres y lo incorporó al grupo de añojos que se destetaban al herrarse; la abuela no lo abandonó, siempre que aparecía por la finca era su primera visita, se acercaba al cercado y tocaba las palmas, el torete acudía a la carrera y comía la golosina que mi abuela le llevaba, todo ello con grandes demostraciones de cariño bovino, es decir empujones y más empujones y estiramientos de cuello pidiendo caricias. Pasaron cuatro años, el torete se había convertido en toro, y por cierto en todo un pedazo de toro, pero las cosas seguían igual, palmadas de la abuela y torazo a la carrera a saludarla, con gran susto de los demás la abuela continuaba sacándolo del cercado y paseando con él y con los perros, aquello debió ser digno de ver una jovencita acompañada por un toro bravo que se comportaba como si fuera un perro grande, muy grande, y media docena de perrazos a los que el toro miraba como amigos, al menor descuido el torazo se colaba en la casa, se conoce que no había perdido la afición al cubo de leche; en cierta ocasión y tras una pelea con otro toro Carraco se arrancó al caballo de un vaquero, dos palmadas de la abuela, que había presenciado la pelea tras una pared temiendo por la integridad de su amigo, cortaron en seco la arrancada y aquel toro enfadado, caliente y con los cables cruzados, se acercó a saludar a su amiga, contaba la abuela que fue la única vez en que el toro le dio un poco de miedo, aseguraba que su mirada era completamente diferente. En invierno es frecuente la presencia de toreros famosos, y no tan famosos, pasando temporadas en las fincas de amigos ganaderos, aprovechan para tentar y entrenarse, en la de mis bisabuelos así sucedía y al parecer en aquellas largas noches, sin luz eléctrica y en una casa enorme, el sitio mejor para echar unas largas partidas de tresillo era la sala central al amor de la gran chimenea, pues bien en una de aquellas partidas la conversación derivo hacia el miedo y la diferencia que existe de reacción ante lo esperado y lo inesperado, los contertulios además de mi bisabuelo eran dos toreros, dos ganaderos amigos y algún personaje de esos que siempre rondan a los toreros, al parecer no se ponían de acuerdo y en cierto modo contradecían la opinión del anfitrión, que opinaba que lo inesperado asusta mucho más mientras que ellos decían que un valiente lo es en cualquier circunstancia, aquella discusión amoscó algo al bisabuelo, que al parecer tenía el genio muy vivo, en un momento dado y con una disculpa baladí se levantó de la mesa y busco a su hija: “Niña llama al Carraco y pon en su sitio a estos presumidos” “La Niña” llamó al mayoral y le pidió que abriera la portera del cercado donde estaba el toro en compañía de otros colegas dejando que saliera solo él, dada la estupenda y antigua relación del mayoral con el toro aquello era sencillo, así se hizo y … mi abuela tocó palmas, con disimulo dejo la puerta solo entornada y … al poco rato un torazo cinqueño con dos pitones imponentes apareció por la puerta y sin la menor vacilación se acercó a la concurrencia, que dicho sea de paso se interponía entre él y la chimenea que cinco años antes le había resucitado La satisfacción de mi bisabuelo, tranquilamente recostado en su sillón, mientras el resto literalmente volaba buscando refugio debió ser enorme, un torero se encerró en su dormitorio, el otro apareció en la bodega, uno de los ganaderos se metió de un salto en la campana de la chimenea, el otro al parecer era amigo antiguo y sabía del Carraco y sus andanzas se limitó a quedarse quieto, aunque la abuela asegura que muy pálido y nada tranquilo, el ad latere de los toreros … pues ese apareció dentro de un armario y oliendo sospechosamente. Carraco miraba todo aquel trajín con curiosidad mientras recibía las caricias de rigor por parte de la abuela, para sacarlo solo hizo falta enseñarle el cubo de leche desde la puerta, como siempre fue tras él con toda tranquilidad. El resto de la historia no tiene un final tan feliz aunque si el mejor a mi parecer, con enorme disgusto de mi abuela Carraco se lidió en Bilbao al año siguiente, según contaban los que vieron la corrida al principio parecía despistado y manso de solemnidad, pero … un picador se fue a por él y le dio un ligero puyazo, solo pudo dárselo ligero pues al toro se le removieron los viejos genes y mató a ese caballo, a ese y a otros siete, al parecer resultó muy bravo y se fue al otro mundo acompañado por ocho jacos; si mandarlo a la plaza fue o no una buena decisión yo no soy quien para juzgarla, pero indudablemente dejarlo en la finca era un problema de difícil solución. Cordialmente, Julián Coca
Delpuerto
Autor: Delpuerto
19/11/2010 10:28:40
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El Carraco, un cuento muy de la dehesa
Preciosa historia Julián. Yo conocí un toro de esos, y nunca me acostumbré. En cuanto escuchaba sus pasos por la entrada de la casa, adivinaba que tocaba la broma de TORO EN EL COMEDOR y me quitaba de enmedio. Mi miedo siempre pasaba a pánico en presencia de ese precioso animal o cualquiera de sus congéneres, aunque fuesen de menor edad. Y si a ese precioso animal le añades la noche, mi pánico es indescriptible. Gracias por tus relatos.
J Coca
19/11/2010 10:56:28
(0 vistas, 7 respuestas)
El Carraco, un cuento muy de la dehesa
Leopoldo en eso del miedo a los toros ya somos dos, yo no he podido quitarmelo nunca, me contaba Paco Camino durante la cena de una montería que eso no debía de preocuparme, que todos tenemos miedo a algo, a él los toros no le daban demasiado miedo pero el agua le daba panico, casi hasta la de la bañera, con medio metro de agua de un arroyo pasaba miedo y recordaba una travesía hasta Isla Margarita en Venezuela como el peor rato de miedo de su vida y eso a pesar de que el mar estaba como un plato y el yate era estupendo. Cordialmente, Julián Coca
Eduard Melero
Autor: Eduard Melero
19/11/2010 20:23:49
(0 vistas, 7 respuestas)
El Carraco, un cuento muy de la dehesa
Bonito relato Julián, gracias por compartirlo
JAVI LÓPEZ
Autor: JAVI LÓPEZ
21/11/2010 13:57:39
(0 vistas, 7 respuestas)
El Carraco, un cuento muy de la dehesa
Realmente magnífico, no puedo parar de imaginarme las caras de aquellos que compartían velada aquella noche con su bisabuelo... Respecto a que el toro acabara en Vistalegre, creo que fue lo mejor, el toro nace para lo que nace, y creo que no de haber mayor "honor" para un toro bravo. Soy muy aficonado a la Fiesta, y la verdad este relato suyo me ha gustado de manera especial. MUCHAS GRACIAS por compartirlo con todos nosotros. Un saludo
Mario Bregaña
Autor: Mario Bregaña
21/11/2010 22:11:02
(0 vistas, 7 respuestas)
El Carraco, un cuento muy de la dehesa
Precioso Julián, como siempre. Esta historia inspira un par de plumillas: una con la niña y el morlaco siguiéndole y otra con los toreros aterrorizados buscando refugio y el bicho en el salón. Gracias por animarte a escribir. Saludos cordiales
(Santiago Segovia Pérez)
Autor: (Santiago Segovia Pérez)
22/11/2010 9:56:13
(0 vistas, 7 respuestas)
El Carraco, un cuento muy de la dehesa
Muchas gracias Julián por dejarnos disfrutar de este relato, y con mayor motivo por dedicármelo. La verdad es que la historia de Carraco y tu abuela me evoca una mezcla de sentimientos nada fácil de describir. Siempre encuentras en la forma en que describes todo, un equilibrio que no es fácil conseguir. Muchas gracias Julián.
Andrés Cabestrero Escudero
Autor: Andrés Cabestrero Escudero
05/01/2011 0:48:36
(0 vistas, 7 respuestas)
El Carraco, un cuento muy de la dehesa
La verdad es que debería de entrar con más asiduidad, con más calma y con más tiempo a este foro de relatos para deleitarme con los mismos, pero la verdad es que prefiero el tacto de los libros a la pantalla del ordenador y en ocasiones hago pereza, aunque en alguna que otra noche larga como la de hoy bien que se agradecen.         Una historia preciosa Julián, y como siempre es costumbre en tus cuentos relatada de una forma tan amena que la convierte en entrañable. ¿Para cuándo una segunda parte de "Cuentos de la Dehesa"...? Tanto talento, tanto conocimiento, tanta experiencia y tanto aún por contar, bien se merecen una nueva entrega por parte del Barón cuentista para sus incondicionales. Nunca dejes de escribir, de escribirnos. Recibe un cordial saludo. Andrés Cabestrero