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José Luis Polvorosa Gonzalez
Autor: José Luis Polvorosa Gonzalez
28/12/2010 17:12:40
(1 vistas, 5 respuestas)
No sólo se indulta a algunos pavos
Hay ocasiones, en las que por diversas razones, algunos cazadores bajamos el arma, cuando sólo resta apretar el gatillo. Ya que estamos en fechas, en las que todos nos deseamos paz y felicidad, permitidme que os cuente un relato, de una de esas ocasiones, en las que dejé en paz, a un viejo conocido. Es posible que alguno lo hayáis leído, pues una revista del sector, ha publicado varios que les he enviado. A lo largo de los años, me he encontrado  machos viejos, con los que he tenido que utilizar toda mi experiencia, para poder ponerme a una distancia de tiro correcta. Con paciencia y perseverancia, dos virtudes muy a tener en cuenta, cuando se trata de cazar a rececho, siempre había conseguido buenos resultados, sin embargo, el corzo de la Valleja Traidora,  ¡es harina de otro costal! Hasta el nombre, donde éste corzo tiene sus aposentos, resulta complicado, ya que en mi pueblo a los valles pequeños, les llamamos vallejos, lo que no sé, es porqué a éste  le denominamos valleja y encima con el sobrenombre de traidora.   La zona, está poblada en su mayor parte, por robles y brezos, contando con algunas áreas cubiertas de piornos y otras un poco mas abiertas, donde crecen espinos albares y rosales silvestres. Como está alejada del pueblo, nunca se han dado en este monte las suertes de leña, así que está muy cerrado. (Para el que no lo conozca, aclaro que las suertes de leña, son unas parcelas de monte que se marcan, para los vecinos que deseen leña para el fuego. En dichas parcelas, lo que se hace es una entresaca, dejando los mejores robles, que ya de paso, se podan). La valleja, discurre sinuosa en dirección Este Oeste y tiene a ambos lados pequeños vallejos (quizás por eso tenga el apelativo femenino), terminando en una gran ladera, donde se bifurca. Su especial orografía,  hace que cuando hay algo de aire, éste revoque continuamente,  complicando mucho el rececho. En la época de veda, lo he visto en varias ocasiones. Francamente tiene una estampa preciosa, con cuernos simétricos que sobresalen una cuarta, por encima de sus orejas. Camina siempre muy erguido, con el sigilo típico de los corzos y atento a todo lo que ocurre en su entorno, en definitiva... ¡Un auténtico duende!, que además de conocer perfectamente su territorio, creo que también conoce la orden de vedas, ya que cuando llevo sólo los prismáticos,  lo he tenido a tiro fuera del monte, pero cuando toca ir con el rifle, siempre me detecta él primero, ladrándome muy enfadado, con unos berridos que ya me resultan familiares y aunque no entiendo su lenguaje, puedo imaginar lo que trata de decirme. Este año, tras un invierno especialmente duro, con nevadas de más de medio metro, y los lobos rondando por la zona, tenía miedo de que no lo hubiese superado, pero por fin ha llegado abril y ahí está de nuevo, luciendo un nuevo sobrero, quizás mejor que el del año pasado, y demostrándome, de momento, que es mas listo que yo, cosa que en el fondo hasta ha llegado a agradarme. No hay siembras cercanas y he comprobado que al menos durante el día, se alimenta dentro del monte, pues los brotes de los rosales y majuelos, se ven muy comidos. De esto, quizás tenga yo algo de culpa, ya que en invierno, andando a las sordas por esa zona, en más de una ocasión me he acordado de los corzos y he sacado el cuchillo para podar algunos de dichos arbustos. En alguna parte he leído, que es una buena práctica para que en primavera salgan muchos brotes, que tanto gustan a los corzos. En varias ocasiones, me he apostado en un promontorio desde el que domino el borde norte y oeste del monte, pero estando con mi amigo del 6,5x57, sólo lo he visto en una ocasión, corriendo a otro macho que había entrado en su territorio. Estuvieron un rato a carreras, a más de 150 metros y no me arriesgué a tirar, aunque después pensé que había perdido una ocasión. Pero es que ¡no se paró un instante! y realmente resultaba complicado apuntar a causa de los quiebros que hacía, persiguiendo al otro macho. Algunos días, aprovechando que el suelo estaba mojado, me he adentrado en sus dominios,  tratando de meter menos ruido que una mariposa y comprobando cada pocos pasos la dirección del aire, con el dosificador de talco que me he fabricado. He utilizado escarpines de lana de oveja, he frotado mis manos con  brotes de tomillo y las he pasado por la ropa, pero con este astuto corzo, éstas prácticas no me han servido, ya que unas veces por culpa del vigilante arrendajo, que con sus graznidos pone en guardia a todos los habitantes de la zona, otras a causa de esa ramita que cruje al pisarla, por mucho cuidado que se ponga, un revoque del aire, que de pronto se pone de espalda y otros factores, que seguramente no tengo en cuenta, pero que sí son captados, por los muy superiores sentidos del corzo, hacen que éste, siempre termine detectándome y soltándome una serie de improperios, que me hacen salir del bosque con las orejas gachas. Lo normal, es que los corzos marquen su territorio en el borde del monte, sin embargo éste lo hace bastante más adentro, lo que complica mucho la visión en una zona tan cerrada. Esperándolo cerca de los escarbaderos que tiene, para marcar su territorio, he conseguido verlo entre los árboles, pero tirar con tantas ramas por medio, resultaba imposible, o al menos muy incierto. A finales de julio, pensaba que mi suerte cambiaría, ya que muchas mañanas le oía ladrar, o más bien refunfuñar en varias zonas del bosque, sin que pudiese haber notado mi presencia, o al menos eso creo. Seguramente comenzaba el celo y como había visto dos corzas, que andaban por su territorio, esperaba que saliese tras alguna de ella. Sin embargo, solo conseguía ver a las hembras, que son bastante mas confiadas. Una de ellas, me pasó a escasos diez metros, del promontorio donde estaba yo apostado, y no se percató de mi presencia....... Quizás iba pensando en su Don Juan. Por más estrategias que he utilizado, no ha habido forma de poner  este corzo en el visor, así que sin darme cuenta, han pasado los días y se ha terminado el período de caza primaveral. No me  queda más remedio que esperar a septiembre, época en la que soy consciente, de que suele resultar todavía más complicado, hacerse con un buen macho. Ya estamos a finales de septiembre y apenas ha llovido desde el mes de julio. He tenido que ahondar en varios puntos, un pequeño arroyo, cercano al monte donde vive el corzo de mis amores, ya que sólo hay unos pequeños charcos, donde casi no pueden beber ni las torcaces. Desde el pueblo a la valleja, hay unos cinco kilómetros y como el coche siempre se queda en casa, tardo una hora larga en llegar. Pero cuando se sale a recechar, importa poco el madrugar, así que un poco antes de  amanecer ya me encuentro en el cazadero, sentado en el promontorio desde el que diviso mejor la zona. Hace casi una hora que ha amanecido y sólo he visto a una corza con dos crías, entrar en el monte.   Este año a causa de la sequía, los árboles están perdiendo antes las hojas, así que con  el monte un poco más desnudo y el terreno mojado, debido a la lluvia que ha caído durante la noche, decido entrar una vez más, en el territorio del duende, ya que él, no se decide a salir. A ratos sopla el cierzo, así que cojo el viento de cara y camino muy despacio haciendo largas paradas. En una de ellas, puedo ver entre los árboles un corzo en el fondo del vallejo. Los Habitch 7x42, enseguida me aclaran que se trata de una corza, sigo observando y veo un poco más a la derecha, un corzo del año, que va subiendo vallejo arriba. Espero un rato, por si el macho se encuentra cerca, pero sólo se oye una ligera brisa, que a penas mueve las hojas que les quedan a los robles. Camino unos pasos y....... ¡otra vez me la ha jugado!  Yo no me había enterado, de su presencia, pero él, seguro que había notado algo raro y estaba parado vigilando, hasta que mi movimiento me delató. Los ladridos indican, que lleva la dirección de la corza y su cría, lo que me hace tomar una decisión que hace días llevo pensando y que voy a intentar al día siguiente. Son las seis de la mañana, y ya estoy desayunando con mi hijo, que algunas veces me  acompaña  en los recechos, aunque reconozco que no tiene tanta afición como yo. Partimos hacia el monte, cuando sólo una leve claridad, delata por donde va a salir el sol. Por el camino vamos comentando la estrategia a seguir. Sopla una ligera brisa de saliente, así que me apostaré en lo alto de la ladera, con el viento de cara, mientras mi hijo entrará por el lado opuesto. Le he indicado por donde debe ir y que camine muy despacio, haciendo paradas, es decir, como si estuviese recechando, en lugar de ojeando. He dado un rodeo, para acercarme a mi puesto, con el viento de cara, ya que con este corzo  ¡todas las precauciones son pocas! La zona donde me he colocado, es bastante abierta y domino varios claros que están a la salida del monte. Ya llevo unos diez minutos, cuando veo salir una corza con su cría, seguramente, la misma que vi ayer. De pronto, oigo  en el fondo del vallejo, el inconfundible ladrido del macho, que sin duda habrá detectado a mi hijo. La estrategia parece que funciona, ya que  sus ladridos me indican que se aproxima a mi zona. Entonces, todo sucede muy rápido, lo veo salir a un claro y como ya tengo el rifle apoyado en la horquilla de tiro, enseguida lo centro en el visor. Está a unos cien metros, pero en mala posición. De repente, corre ladera arriba y se para ladrando a menos de cincuenta metros, mirando hacia el monte. Tengo el visor en siete aumentos y a esa distancia suelo tirar al cuello. Lo tengo bien apuntado, pero me parece demasiado fácil y siento que le he engañado. Sigo apuntando recreándome de su bella estampa y finalmente levanto la cara. El  corzo sigue inmóvil, ajeno a mi presencia. Doy un silbido y pega un salto mirando en mi dirección, creo que es cuando se da cuenta de que somos dos contra uno. Levanto el rifle, y dando grandes  saltos traspone la cuerda. Al poco, llega mi hijo.... ¿Qué a pasado?.. ¿por donde ha salido?.......... ¡le he dejado marchar!  Le respondo.
Alfonso Urbano López de Carrizosa
Autor: Alfonso Urbano López de Carrizosa
28/12/2010 18:43:15
(0 vistas, 5 respuestas)
No sólo se indulta a algunos pavos
Precioso relato José Luis. Me imagino la cara de sorpresa a ver que estaba "vencido" Gracias por compartirlo. Saludos Alfonso Urbano López de Carrizosa
Javier Sanz
Autor: Javier Sanz
28/12/2010 20:06:23
(0 vistas, 5 respuestas)
No sólo se indulta a algunos pavos
Por lo que se ve, no te gusta jugar con ventaja ¡¡ Es como tirar un penalti a un portero que sea corto de vista y con una portería de 20 metros de ancho por 5 de alto, o algo así... Quizás algún día le ganes la partida por la mano, en un tú a tú, y entonces será otro juego y otra oportunidad distinta. Muchas gracias por el relato. Javier Sanz
Patxi Arizmendi Martínez-Arroyo
Autor: Patxi Arizmendi Martínez-Arroyo
29/12/2010 8:47:17
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No sólo se indulta a algunos pavos
Buenas José Luis: Muy agradable tu relato. Esos corzos, son lo que enganchan!! Saludos y Felices Fiestas. Patxi
Julián Coca Borrego
29/12/2010 17:07:42
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No sólo se indulta a algunos pavos
Estaba cazado, el disparo solo era el final del lance, si los lobos no son como tu, que no lo son pues a ellos si les gusta cazar con ayuda, posiblemente te conceda otro lance y lo habrás cazado dos veces aunque solo muera una. Enhorabuena una bonita manera de contarnos un bonito lance. Cordialmente, Julián Coca
Andrés Cabestrero Escudero
Autor: Andrés Cabestrero Escudero
05/01/2011 2:37:38
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No sólo se indulta a algunos pavos
"Lo tengo bien apuntado, pero me parece demasiado fácil y siento que le he engañado. Sigo apuntando recreándome en su bella estampa y finalmente levanto la cara." En muchas ocasiones cuando abatimos una perdiz después de un brillante lance por parte de nuestro perro y tras haber bregado parte de la mañana tras ellas, resulta que una vez depositada inerte y aún caliente en nuestras manos por parte de nuestro auxiliar o compañero de fatigas, al tiempo que acicalamos sus plumas por última vez para colgarla definitivamente en nuestro colgador o percha, se da la paradoja que debido a su bravura, a su condición de salvaje y a su belleza, si nos fuera posible las más de las veces la devolveríamos allí mismo a la vida con la condición de que en un próximo encuentro se comportara de forma aún más astuta y salvaje si cabe.... El rececho, al menos el practicado con el rifle, tiene la facultad de decidir el cuándo, el cómo y el por qué, y en ocasiones el levantar la cara al tiempo que sacamos su silueta de la cruz del visor para así prolongar el lance hasta buscar un encuentro más equiparable y lleno de sentimiento no hace otra cosa que justificar y dignificar nuestra condición de cazadores. Un relato precioso José Luis, así que enhorabuena por el mismo y por tu forma de entender la caza. Te deseo mucha suerte con tu duende y un bonito lance en la Valleja Traidora. Un cordial saludo. Andrés Cabestrero