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Borja Sanz  
Autor: Borja Sanz
08/08/2011 2:34:01
(1 vistas, 10 respuestas)
Mi primerísimo primer corzo
Hola corceros!Por fin me he animado a describir mi estreno con los capreolus para que seáis partícipes, de la  misma forma que yo, de la alegría que me reportó la caza de mi primerísimo primer corzo. Espero que os guste.   El jueves día 21 de julio de 2011 a las 16 horas sonó el telefonillo de mi casa en Valencia. Abajo, me esperaban mi primo Álex y mi abuela. Así que, sin más dilación, tomé todos los bártulos y bajé rápidamente al coche. Aquel año y, en concreto aquel día, eran doblemente especiales: por un lado era la primera vez que, al menos por un día (porque ese mismo sábado mi padre vendría también a cazar conmigo), salía a cazar solo y, por otro, era el primer año que, superada la minoría de edad, podía llevar rifle. Con la ilusión que despertaba en mí esa independencia, tomamos rumbo a Guadalajara. Al final, Mercedes, la novia de mi primo, también se sumó. Al pueblo llegamos bien entrada la tarde, así que renuncié a una fugaz salida. Al fin y al cabo, tenía que colaborar a descargar y organizar todo el paquete de trastos que nos traíamos para pasar 3 míseros días en el pueblo. Aprovechando la compañía que tenía, fui a casa de Pilar a por el precinto. Aquella noche cenamos y nos fuimos relativamente pronto a descansar, presos del sueño como estábamos. Un comentario de mi abuela sí que me gustaría destacar pues al día siguiente esbozaría una sonrisa en su rostro y en el mío: -"Tan bien sería que siendo la primera vez que vas solo y que vas con rifle, dieras con uno". -Dios te oiga, yaya!- le contesté acompañado de una carcajada. A las 6:30 de la mañana, con tiempo porque no sabía a que hora exactamente clareaba, tomé el rifle, la mochila con el móvil, las balas, el precinto y demás y me eché al monte. Durante toda la semana, había estado pensando el lugar por donde declinar mi primera salida. Opté por ir a un vallejo donde, el primer fin de semana de abril, habíamos avistado un bonito corzo. La mañana amanecía parcialmente nublada y amenazaba tormenta en el alto de la sierra. Un poco a la aventura y, empujado por la desbordante ilusión que había ido acumulando desde mi última salida en abril, me lancé al campo. La mañana estaba animada en cuanto a caza menor se refiere pero de los duendes ni rastro. En la sierra, oía múltiples disparos lo cual hacía sacar lo peor de mí. El "tranquilo, ya tendrás tu oportunidad" me hacía eco una y otra vez en la cabeza cada vez que un nuevo disparo se oía en la lejanía. Finalmente, tras tres cuartos de hora desde el pueblo, llegué al famoso vallejo. A no más de 200 metros, hacía 3 años mi padre había matado su primer corzo. Cuando vengo con mi padre, acostumbramos a dar el vallejo cada uno por una ladera. A falta de su compañía, tomé la ladera más querenciosa pero sin resultado alguno. Aún estuve merodeando la zona e incluso me decidí a maltocar el buttolo a ver que resultados traía. Pero nada de nada. Muchas torcaces, sí eso sí, pero no era el momento. De vuelta a casa, tres horas después desde mi partida, alcancé a ver una corza en mitad de un campo de cereal pero me temo que me avistó primero ella a mí. Al menos, me consolaba pensando  que el tiempo había respetado el rececho y parecía seguir haciéndolo. En el pueblo no hay cobertura para el móvil, así que a unos 200 metros de llegar a él, en un alto que se alza frente al mismo, tomé el móvil y llamé a mi padre. Estaba trabajando y le alegró sobremanera mi llamada. Me di también el gustazo de reflejarle lo bien que se estaba de vacaciones en el monte y no con el bochornoso calor trabajando en Valencia. En cualquier caso, al día siguiente ambos estaríamos cazando juntos. En fin, llegué a casa de nuevo y le conté a mi abuela, mi primo, Mercedes y Pilar (la hermana de mi abuela) cómo había ido la mañana y me fui a dormir hasta la hora de la comida. Me levanté como nuevo. Parece mentira que unas horas antes hubiese estado cazando. Comí, descansé un poco más, si cabe, y a las 18:30 me decidí a reanudar la marcha. Esta vez no sabía hacia donde tirarla. Mi abuela hizo el esfuerzo porque no saliera al campo que ya era muy tarde. Al contrario, si podía pecar de salir a aquellas horas era de temprano. Aún tenía un buen trayecto hasta llegar al lugar elegido así que me lo tomé con tiempo. Lucía un sol radiante que emitía un calor sofocante. Por cierto, muy distinto a como caprichosamente había amanecido el día. Decidí entonces decantarme por el agua. Próximo a la sierra había una charca muy querenciosa para corzos y jabalíes. El enclave estaba a una hora a pie del pueblo. De camino, pensaba: "si doy con un corzo, espero que luego haya cobertura en la charca para poder avisar y evitarme toda la caminata hasta el pueblo a cuestas". Realmente, pensando eso mi deseo era enmascarar la idea de que esa tarde sería una de tantas otras sin resultado alguno. Finalmente, llegué a la "Charca del Tejar". Frente a ella, se alzaban unos pequeños sabinotes que, a modo de círculo, encerraban un pequeño habitáculo que me pareció interesante como apostadero. Pues bien, dejé los trastos y tomé el trípode y el rifle. Cargué con sumo cuidado por si hubiese algún atrevido  y tempranero corzo en las proximidades y me relajé. Poco a poco, como acostumbran a ser las esperas, me iba mimetizando con el entorno. De forma descarada, mirlos, arrendajos y pajarillos de pequeño porte bajaban a beber sin importarles mi presencia. Acompañando este trajín de idas y venidas, las torcaces también poco a poco se iban posando sobre las copas de las sabinas. El hecho es que me sorprendió que hubiese tanta afluencia de aves. Había frecuentado la charca en numerosas ocasiones y no había observado tal movimiento nunca. Pensé, igual hoy es el día. Poco a poco me fui confundiendo con el entorno, como decía,  al tiempo que las horas pasaban con disimulo. La situación me permitió relajarme de tal manera que tomé asiento y dejé apoyado el rifle verticalmente sobre el suelo. Fui grabando en mi retina todo aquel vasto paisaje de cereal que ante mí se extendía tratando de llevarme una pequeña copia para cuando volviera a la ciudad. Eran las 20:30 de la tarde y en apenas media hora tendría que abandonar el puesto para llegar al pueblo a una hora prudencial, esto es, evitando que la total oscuridad me pillara de regreso. No había apoyado todavía el rifle cuando, de pronto, asomó la tímida cuerna de un corzo por la orilla más visible de la charca. Acompañado de gráciles movimientos, el animal fue despreocupadamente acercándose al agua. Apenas 15 metros separaban su posición de la mía. Sin previo aviso, se me echó encima. Son tan sumamente cautelosos y silenciosos... Lucía una bonita cuerna, no como había atribuido al corzo de mis sueños, pero muy regular y relativamente bien perlada. Sin cavilar ni un segundo más la oportunidad que me había dado aquel bello animal me fui alzando poco a poco del improvisado asiento con el cuidado de no rozar el rifle con ninguna de las ramas de la sabina. Al tiempo que el animal bebía, aproveché para apoyar el rifle en el trípode. El corazón, como comprenderán, me latía al ciento diez por cien. Con la mente fría que inevitablemente hay que adoptar en esos momentos, centré la cruz del visor en la paletilla del animal y disparé. El animal cayó de cuartos traseros. De repente, todo el valle quedó paralizado. La tranquilidad que caracterizaba el lugar, de pronto, desapareció. Dejé el rifle en el puesto y brincando del mismo corrí hasta la orilla del agua. Por cierto, de la misma orilla a apenas dos metros del corzo me salió una codorniz de los pies. No había alcanzado el corzo cuando éste, de repente, se alzó y se fue corriendo hacia el tupido borde de la sierra. Estepas, quejigos y marojos fueron los responsables de que perdiera de vista al susodicho. Pero si había caído seco! Se me quedó una cara de... Instintivamente regresé al puesto y cogí el rifle de nuevo. Me aventuré a seguir el abundante rastro de sangre que el animal en su huída había dejado. A apenas cinco metros del borde de la sierra yacía tumbado. Para evitar el sufrimiento y la agonía del corzo, apunté y disparé para rematarlo. Entonces llevé el corzo al puesto y cogí el teléfono. Por fortuna, había cobertura en aquel enclave pues estábamos a mayor altura con respecto al pueblo y la primera llamada que efectué fue a mi padre para avisarle del suceso. Iba de camino a mi otro pueblo en Teruel para pasar la noche allí. Pues tal fue la alegría que le dio, que se vino directamente al pueblo a festejar mi estreno. Por otra parte, me tocó cargar con el capreolus hasta casa. Por si fuera poco, aunque no era un corzo muy desarrollado de cuerna sí lo era de cuerpo. Y di buena cuenta de este atributo. Finalmente, allá a las 22:30 de la noche, aparecí en casa con el corzo a cuestas cual pastorcillo de Belén. Mi primo Álex y su novia Mercedes, que nunca habían visto un corzo y que eran totalmente ajenos al proceder de esta maravillosa afición, quedaron totalmente sorprendidos. En fin, un bonito estreno que, aún hoy y por mucho tiempo, recordaré como una de las mejores experiencias cinegéticas. Un saludo. Borja Sanz.
Jaime Meléndez Thacker
Autor: Jaime Meléndez Thacker
08/08/2011 9:21:16
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Mi primerísimo primer corzo
Mi más sincera enhorabuena Borja, primero por tu primer corzo y, segundo, por haber sido capaz de contarlo tan bien. Estoy seguro de que eres consciente de lo afortunado que eres, recién cumplidos los dieciocho años y en tu segunda salida solo, haber cobrado un corzo (alguno ha tardado años en conseguirlo). Me alegra mucho leer e intuir esta afición en gente tan joven, no hay muchos me temo, así que espero que te dure siempre. A mí, tras más de veinticinco años de caza mayor, me perdura intacta. Tenéis mucha suerte los que empezáis ahora en esto de los recechos en general y el corzo en particular, hace un par de décadas era casi una quimera poder hacer lo que tú has logrado en solo unas pocas salidas,  así que disfrútalo y cuídalo. Saludos, Jaime
José Antonio Sáez-Royuela Gómez
Autor: José Antonio Sáez-Royuela Gómez
08/08/2011 23:26:18
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Mi primerísimo primer corzo
Enhorabuena, tan bien lo has contado que me parecía que era yo el cazador de mi primer            corzo,pasando buena envidia  de que le cazaras tan joven, pues en mi caso fué a los 34 años        antes no existían corzos en Burgos, solamente en La Demanda algún escaso ejemplar.                   De nuevo muchas felicidades..Un abrazo.  José Antonio
Federico Sáez-Royuela Gonzalo
Autor: Federico Sáez-Royuela Gonzalo
09/08/2011 0:54:55
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Mi primerísimo primer corzo
Yo también maté el primero con 18 años. Enhorabuena y gracias por contarlo. Que tengas muchas más jornadas de caza!
Gerardo Pajares Bernaldo de Quiros
Autor: Gerardo Pajares Bernaldo de Quiros
09/08/2011 9:53:12
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Mi primerísimo primer corzo
Borja, amén de la felicitación por el éxito logrado quiero darte mi enhorabuena por lo pulcro de tu prosa. No es para nada habitual, desafortunadamente, que gente de tu edad escriba de ese modo. Espero que nos cuentes más cosas con el paso de los años. Saludos Gerardo Pajares
Borja Sanz  
Autor: Borja Sanz  
09/08/2011 15:11:59
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Mi primerísimo primer corzo
Muchas gracias por los comentarios! Me alegro que os haya gustado. Lo cierto es que llevaba varios años tras los corzos pero con escopeta, lo cual me limitaba bastante las posibilidades de dar con uno. Y, lo dicho, justo el año que me estreno con el rifle suena la trompeta. Saludos. Borja Sanz
Javier Sanz
Autor: Javier Sanz
09/08/2011 15:43:26
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Mi primerísimo primer corzo
Borja, Gracias por tu relato y enhorabuena. Siempre será tu primer corzo, y el bajartelo a las costillas seguro que te ayudara a recordarlo y apreciar mas y mejor su carne, si cabe. Como habrás visto, la satisfacción plena al haber sacado todo el animal del campo es mayor. La ilusión que trasmites es la que siempre sentirás, y si un día no la tienes, seguro que dejas de cazar; que nunca te acompañe la duda, a la hora de cazar, de que un corzo te estará esperando, ya que te equivocarás, él siempre estará allí, detrás de la mata, lo que en ocasiones prefiere no dejarse ver. Enhorabuena y mucho animo, y solo una cosa, tu pasión ha comenzado de joven, disfrútala siempre en buena lid, así siempre estarás satisfecho con lo que haces. Saludos
Alvaro Mazon Sanchez de Neyra
Autor: Alvaro Mazon Sanchez de Neyra
10/08/2011 9:27:47
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Mi primerísimo primer corzo
Enhorabuena, Borja, me ha gustado mucho tu relato! Demuestras un buen hacer y una percepción de las cosas extrarodinarios. De verdad que te doy la enhorabuena. Alvaro Mazon
Javier Prieto Santos
Autor: Javier Prieto Santos
10/08/2011 13:02:01
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Mi primerísimo primer corzo
Enhorabuena Borja: Por tu corzo, ya tienes el veneno en el cuerpo y por tu brillante relato. Sólo echo de menos alguna foto. Un saludo!