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Pedro Camacho Ruiz
Autor: Pedro Camacho Ruiz
19/11/2012 12:16:29
(1 vistas, 10 respuestas)
Sigüenza
Yo me formé como cazador en las parameras heladas de Sigüenza. Con todo el misterio y la magia que tienen esas primeras experiencias, cruzando las jornadas de escopeta con las de rifle, las perdices recias como alimañas y el valiente jabalí. El corzo, la cabrilla, alegraba de vez en cuando la mirada en los campos yermos, grises, bajo las profundas negruras de los pinares, sobre las primeras nieves. No lo miraba nunca como presa y sí como motivo de disgusto cuando arrastraban las rehalas donde no me interesaban. Era un bicho bonito como un dibujo de Disney, pero no era mi sueño de cazador novato que ocupaba, incluso en los veraneos en la playa, el imposible jabalí. El corzo, la cabrilla, se fué asentando en mis cazaderos de Guadalajara y desviaba las atenciones y comentarios de mis admirados maestros, para mi desazón, del tema que me traía de cabeza, que me obsesionaba aprender a fondo. Cazar un gran jabalí no era comparable a mi entender, con el acoso y apropio de un corzo bonito y delicado. Con el ardor que ponemos en nuestras pasiones a la edad de dieciocho años, el corzo, la cabrilla, no me llenaba las ilusiones y las esperanzas futuras, por lo que me fuí apartando del camino general que llevaba a enfrentarse con él. Sigüenza fue el principio de muchas cosas para mí y final de una época dorada persiguiendo jabalies con y sin los perros. Conocí allí a grandes cazadores y misteriosos cazaderos que me formaron como lo que hoy soy, un cazador pasado de moda, cabezón, y sin referencias interesantes al alcance de mi vista. Con la prosperidad del corzo, un mundo que desconocía llegó y ocupó las barras de los bares de la ciudad. Del cochino se hablaba a voz en grito, del corzo, solo susurros escondidos en un rincón. Por culpa de esos susurros y de mi cabezonería con los cochinos me perdí la llegada del vicio nacional en su mejor momento, aún era barato y aún era fácil moverse solo por el monte. Lo peor es que, por esos tiempos, me hacía verdadera gracia ver a mis admirados maestros cazadores persiguiendo cabrillas y celebrando esas pequeñas cuernas que me movían al sonrojo. Un día que no recuerdo, participé en una batida de corzos en La Riba de Santiuste. Fuí por llevar a mi novia al monte, ya que mi interés por esos ciervitos era nulo. Recibí las instrucciones del práctico del monte: "Si le ves los cuernos por encima de las orejas, dispara", y siguiendo sus consejos a rajatabla, disparé y fallé. Pocas veces he celebrado un error en el disparo con risas, compartidas por mi novia de aquellos tiempos, mientras veíamos al Bambi saltando entre los rebollos como un loco. ¡Qué susto le has dado! A que sí. Muchos años han pasado y todos aquellos momentos desaparecieron barridos por el tiempo. Yo sigo siendo aquel chiquillo cabezón, obsesionado con el gran cochino que nunca pude ver, y creo que, en lo fundamental, sigo buscando aquella caza de verdad, escasa y sustanciosa. Hoy, cuando todo el mundo quiere cazar un corzo, cuando no hay metro cuadrado sin cazador, busco encontrarme con el corzo, soy así. El corzo llegó y se quedó, casi al mismo tiempo que mis soñados jabalies salvajes empezaron a morir de peste y fueron sustituidos poco a poco por cerdos criados con la apariencia de auténticos. Soy un cazador sin horizontes conocidos, que ahora busca el reto en terrenos tan misteriosos como cuando empecé a cazar en los páramos de Sigüenza. En el corzo queda algo de lo que busco, un animal que se defiende en lo suyo, que sabe ganarme y que me cuesta conseguir. Bien está, perseguiré corzos aunque sea en compañía, el caso es seguir sintiendo cómo la caza me hace hervir la sangre. Como digo, bien está, aunque los ojos se me siguen marchando tras las huellas de un gran cochino como el cazador cabezón y fuera de modas que soy, y sigo sintiendo en mi interior que el corzo no es mi enemigo de verdad. Pedro Camacho Ruiz
Julián Coca Borrego
19/11/2012 12:53:53
(0 vistas, 10 respuestas)
Sigüenza
Pedro tampoco el cochino es tu enemigo, más bien intuyo que lo consideras un amigo, como los humanos somos así de raros, es un amigo al que tratamos como a un enemigo pero no por eso deja de ser amigo, afortunadamente para ellos los animales salvajes distan mucho de considerarnos sus amigos, afortunadamente para nosotros tampoco nos consideran sus enemigos, si lo considerasen nos declararían la guerra y ya me dirás Pedro quien se atrevería a pasear por el monte, incluso armado, si tras cualquier chaparro nos saliera un macareno arruando como una fiera, con ganas de demostrarnos su enemistad en nuestras carnes, somos su mayor predador y por ello nos tratan con gran precaución, si los bichos salvajes del campo nos considerasen sus enemigos la película "Los Pájaros" sería una niñería al lado de la realidad, te figuras terminar una tarde de caza, con un guarro de cien kilos tirándote viajes, en compañía de tres zorros, un tejón y dos docenas de grajas, todo para que cuando llegaras al coche te encontraras con la manada de lobos sentada alrededor esperándote y los buitres girando sobre ti esperando a participar en la batalla como ellos saben hacerlo. Ahora en serio me ha gustado mucho el relato, mucho, he cazado bastante en Guadalajara, tanto corzos como cochinos, en Sigüenza tuve varios amigos cazadores, ya me quedan menos, y si es cierto que tuve un enemigo, el frio, Dios mío, montear con trece bajo cero y un viento de más ochenta por hora casi logró que me aficionara al piano, esa conjunción de huracán y frio nos sucedió un día en Atienza, pero días de muchos bajo cero ... pues casi todos los que recuerdo monteando, con los corzos la cosa mejora, pero calor ... lo que se dice calor poco. Enhorabuena y un cordial saludo, Julián Coca
Javier Sanz
Autor: Javier Sanz
19/11/2012 13:52:17
(0 vistas, 10 respuestas)
Sigüenza
Que buen relato y que gran retrato tan bueno de ti, Don Pedro. Me ha hecho pensar en lo que fuí y en lo que me he convertido en ésto de la caza y, como dices, la base de lo que fuí persiste con los años, y la moda de nuevas caceras se ha instalado también ... En fin, gracias de verdad por este rato
Pedro Camacho Ruiz
Autor: Pedro Camacho Ruiz
21/11/2012 8:25:25
(0 vistas, 10 respuestas)
Sigüenza
He borrado una respuesta de agradecimiento a los dos porque me enrollaba demasiado, en éstos días me pasa con facilidad y no me gusta. Ahora sí, gracias por vuestras respuestas. Viniendo de quien vienen es un placer recibirlas. Pedro Camacho Ruiz
Alvaro Mazon Sanchez de Neyra
Autor: Alvaro Mazon Sanchez de Neyra
21/11/2012 17:57:46
(0 vistas, 10 respuestas)
Sigüenza
qué buen relato, Pedro, gracias! me quedo con todo pero sobre todo con dos cosas... la una, lo poco que te "llamaron" los corzos como piezas de caza, porque a mí me sucedió todo lo contrario. yo los primeros que ví los eché cazando en mano y casi a la muestra del Dyc, nuestro epganeul y me quitaron el sueño desde eñ primer día, provocándome unas ganas de echarles el guante que para qué... y la otra cuando hablas de ser cabezón como cazador, algo que me parece una gran virtud en el cazador -en el perro de caza también- y algo que marca la diferencia entre un cazador y otro. un abrazo!        Alvaro
Eduard Melero
Autor: Eduard Melero
21/11/2012 18:40:00
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Sigüenza
con todo el cariño, de cabezón a cabezón: Muchas gracias por el relato!
Pedro Camacho Ruiz
Autor: Pedro Camacho Ruiz
22/11/2012 8:26:49
(0 vistas, 10 respuestas)
Sigüenza
Gracias Alvaro, me alegro que te guste el relato y más viniendo de tí que eras uno de aquellos maestros que se "despistaron" con el corzo, y lo peor, seguías cazando cochinos de los gordos como el del Camino Real de Atienza, para mi profunda envidia española. Gracias Eduard, me gusta saber que somos más los cabezones. Pedro Camacho Ruiz