Asociación del Corzo Español
Cabecera4
Mario
1300x300
Cabecera1
Búsqueda en los contenidos de la web

clesp_modal_seguir

Mi compra

carro vacío

HAZTE SOCIO y aprovéchate de todas las ventajas de ser socio de la Asociación del Corzo Español SOLICITAR ALTA
Está viendo:

Foros

Relatos

Álvaro Piqueras Alonso-Lamberti
Autor: Álvaro Piqueras Alonso-Lamberti
10/01/2014 2:58:23
(1 vistas, 9 respuestas)
Los pequeños de la casa
Estimados compañeros; No tengo ni la capacidad literaria ni, desde luego, la enorme solera cinegética de muchos de vosotros. Por cada relato que yo escriba, habrá quien pueda responder con cientos. Pero hace ya tiempo pasé una estupenda jornada de rececho con un amigo de este foro, en la que cobré un estupendo trofeo que sería la envidia de muchos. Me parece obligado, por tanto, relataros la historia, más como un justo homenaje que como un ejercicio literario o de vanidad. Más vale tarde que nunca, y aunque estas letras debieron estar aquí hace tiempo, espero que las podáis disfrutar hoy. Un amigo me dijo hace poco "La vida nos pone a prueba a todos, sin excepción". Tan crudo como cierto. Unas veces por un rato, otras por una larga temporada. Pero otras veces, parece que se pone de nuestro lado, como pasó cuando Lucía y yo esperábamos nuestra primera (de momento única) hija. La única "condición" que un servidor quería imponer era que debía haber un perro en casa antes de que Marina naciese. A los dos nos gustan, pero por unas cosas o por otras, nunca habíamos tenido uno desde que estábamos juntos. Yo trataba de conseguir un teckel a través de mi tío que tiene varios. Por unas cosas o por otras, parecía que no iba a ser posible sacar una camada, al menos "a tiempo". Entonces llamé a Jesús, a quien apenas conocía, para devolverle un favor. Y el favor acabó siendo, una vez más, suyo: "¿no estarás interesado en un perro? Tengo una camada de teckels y busco buenos hogares adoptivos para los cachorros". Resumiendo, a las pocas semanas estaba en Zaragoza, al día siguiente disfrutando de un gancho de jabalíes en Teruel y, cuando quise darme cuenta, volvía a casa con el pequeño Gynkgo (Jesús y sus papeles siguen llamándole Gruñidos, pero nosotros preferimos el encanto de la historia del árbol de la esperanza). Resumiendo más aún, el teléfono suena y Jesús, al otro lado de la línea, me ofrece ir a Beceite a por una cabra. Me explica que se trata de cabras de "gestión", hembras o cabritos que han de cazarse según el plan técnico. Me resulta hasta embarazoso explicarle que iría aunque fuera sólo a mirar. Tras concretar el plan, preparar las cosas y demás, estamos preparados para acometer el rececho. Nos acompaña Ángel, compañero de Jesús y otro Ángel, que fue quien aportó al macho para el cruce de la perra de Jesús, con lo que la cacería podría llamarse "Expedición de la camada de Popi". Los puertos de Tortosa-Beceite nos reciben con frío, mucho frío, viento, mucho viento, y una copiosa nevada. Mientras los demás maldicen la meteorología, yo no quepo en mí de gozo. Un día tan duro como hermoso y singular. Todo un privilegio poder cazar así en este lugar.  photo IMG_5203.jpg  photo IMG_5192.jpg Va avanzando la mañana y avistamos algunas cabras. Hemos acordado que, si se presenta la ocasión, Ángel tirará primero. Tras una entrada, decidimos no tirar una hembra por un más que difícil cobro. Tras encontrar un rebaño en un pinar, Ángel hace una entrada, consiguiendo tirar aunque la suerte no se pone de su lado. Cambiamos de cazadero y, aunque seguimos viendo cabras, cabritos y hasta algún cabrón medallable (impresionantes estampas sobre la nieve y entre la bruma) no termina de cuajar la que podría ser mi oportunidad. Con la mañana ya cumplida, avistamos otro rebaño en unos cortados. Jesús lleva aguantando la mañana estoicamente con un catarrazo de órdago (que luego supimos era neumonía) y decide quedarse abajo. Ángel y yo comenzamos la entrada por la zona del valle. Una pequeña hondonada nos permite ganar unos cuantos metros de forma rápida, ya que estamos ocultos y el viento es muy fuerte, lo que enmascara los ruidos que podemos hacer. De manera un tanto precaria, consigo tumbarme, apoyando el rifle sobre la mochila. Empiezo a mojarme y de pronto la nieve ya no me gusta tanto. El telémetro dice 188 metros, el viento sigue soplando y la cabra que Ángel me indica que abata -o intente- permanece semioculta tras un arbusto. Ángel me desaconseja el tiro, pero le digo que lo veo bastante bien (sinceramente, a esas alturas del día, lo habría visto bien incluso tirando a pulso). Me da el OK, y suena el disparo. La cabra da un brinco y sale junto al rebaño. Tanto Ángel como yo vemos que va tocada, pero parece entera. La mala suerte, o la fortuna, nos brindan la oportunidad de sacar a Ginkgo para demostrar si están a la altura. Si no lo está, Popi se encargará de enseñarle al hijo cómo se hacen las cosas. Salgo con Gynkgo por delante, ahora es el momento de la verdad. Me siguen un par de Ángeles, con lo que las proporciones empiezan a parecerme bíblicas y me hacen creer en el milagro, reforzada esta sensación por las tablas de Popi en estas lides. El perro tarda un tiempo en querer arrancar, pues primero decide conocer qué es este frío polvo blanco que pisa por primera vez. No sólo se estrena el perro, sino el conductor ya que apenas contamos con algunos rastros artificiales trazados como buenamente pudimos y algún cervuno que poco hizo falta pistear. Vamos ganando unos duros metros y al fin cortamos el rastro, y decidimos seguirlo desde ahí, ante lo complicado de alcanzar el anschuss. La cabra da sangre, y sobre la nieve el rastro es evidente, aunque a ratos se complica. El perro lo sigue con determinación y creo que sólo los que han seguido rastros con perro saben lo que se siente al otro lado de la traílla. La cabra ha recorrido bastantes metros siguiendo una curva de nivel y, donde el rebaño empezó a ganar metros, ella encamó. Levantó de nuevo hacia abajo, en dirección opuesta a la que llevaba (en algún momento del pisteo ella pasó por debajo nuestra y hacia atrás). Vamos siguiendo el rastro, confundiéndose ya el sudor con la nieve que empieza a calarnos, a meterse por el cuello, las botas,... cada vez me resulta menos bucólico. Ángel empieza a pedir que, por favor, le expliquen cómo es posible lo que está haciendo esta cabra. Oir esas palabras de alguien con muchas cabras cobradas me escama, pero el perro sigue y sigue, con lo que de momento no hay lugar para el desánimo. Llegamos al barranco y, por fin, damos con ella. No le han quedado fuerzas para empezar de nuevo el repecho y está echada. Popi muestra mucha más determinación que su hijo y poco tarda en dar buena cuenta de ella. Que me pellizquen... hemos cobrado la cabra! Me estrechan la mano y me siento el tipo más dichoso e importante del mundo. Fotos. Comentarios. Avío. Comprobamos que la cabra, tras el matorral, no estaba de lado como pensaba, sino de tres cuartos. Eso, unido al viento y, por supuesto, al fallo que yo hubiera cometido en el disparo hizo que el proyectil  entrase por el lado derecho de la panza y saliese junto a la pata trasera izquierda, sin causar daños importantes salvo algunas venas o arterias del "jamón" (para tantos expertos como hay en este foro, por si les interesa saberlo, se utilizó un rifle del .270 winchester y munición recargada con Hornady SST de 130 granos). Un tiro desafortunado que, seguro, muchos habríais evitado realizar, aunque la historia fue así y tuvo, por suerte, un final feliz. Volvemos hacia los coches y, llevando la cabra a los hombros, ya no se qué es sudor, qué es nieve ni que es sangre. Ortega y Gasset hablaba del placer de volverse paleolítico; Miguel Delibes del placer de dejar de serlo. Realmente no soy consciente de la nieve, ni del cansancio, ni de las teorías -más que acertadas- de maestros literarios y camino absorto. Siento el tranquilizador peso de la cabra en los hombros -que alivia mi vanidad- y el orgullo y satisfacción en la tensión de la correa del perro que camina a mi lado. En silencio, voy rumiando una experiencia grandiosa. Agradecí muy sinceramente a Jesús la jornada de caza. Nieve, frío, viento, rastro... un bagaje impensable cuando un par de días antes salía de Madrid con Gynkgo. Le dije que no se preocupase por la cabeza de la cabra. Se quedó allí para justificar la gestión del coto. Al cabo del tiempo, por si fuera poco, recibo por correos el frontal, un mapa de los puertos y una fotocopia de detalle del mapa, donde están marcados a boli el recorrido del rececho completo y el punto de abate de la cabra. Si esto no es ser detallista, que me lo expliquen. Yo, me quito el sombrero, con la vergüenza añadida de escribir esto casi un año después. Con el trofeo es casa... veamos... si cogemos la cinta de medir centímetros, estos cuernos serán de... ¿cuatro? ¿tal vez seis centímetros? Os mentiría si dijera que los he medido. Pero saquemos ahora la cinta de medir vivencias, experiencias e ilusiones. Esa sí la he sacado, ¡ya lo creo! Sumemos a esos cuatro centímetros las cañas que tomamos en Zaragoza, las horas de charla del viaje de ida y vuelta a los puertos, la -jodida- nieve, el -jodido- viento, el rececho, el disparo, el rastreo,... ¡vaya! Resulta que esto empieza a ser medallable. Si le añadimos la ilusión de los preparativos, el mapa y los cientos de detalles que seguro me he dejado atrás, no cabe duda, esta cabra es oro largo. ¡Olé! Este es un foro de caza. Bueno, un foro de caza, de gestión, etc. Como tal, me gustaría compartir esta foto con vosotros. El tipo feo de la barba y cara feliz soy yo. Los de pelo corto y nariz fina son Popi y Gynkgo, no es su mejor perfil, pero es lo que hay. En el centro, pegado a sus cuernos de no sé cuántos puntos CIC, esta mi cabra medalla.  photo IMG_5256.jpg Esta foto quizás no tenga tanta cabida aquí. Pero este es mi verdadero trofeo. Y este es medalla lo midas como lo midas. Porque es genial evocar aquella cacería en los puertos. Y yo sé poco de caza y menos de cabras. Y se poco de perros y menos de rastrear. Y desde luego sé poco de niños y menos aún de lo que se me viene encima. Pero si que sé que, día a día, Marina sonríe cuando ve a Gynkgo. Y que, con apenas once meses, se tira sobre él la primera vez que le ve cada día. Que acaba de aprender lo que es dar un beso, y le cuesta menos dárselos a él que a sus padres. Que se come los gusanitos a medias con él. Que desde siempre se buscaron el uno al otro para dormir juntos. Y sé muchas cosas más de estas, que son el verdadero trofeo que nos ha brindado Jesús, que no es oro largo, sino platino alto. También sé que una imagen vale más que mil palabras...  photo -regvioletarodriguez-13.jpg Espero que me disculpéis por extenderme tanto para relataros tan poca cosa. Pero espero que también me disculpéis por pretender relatar, con tan pocas letras, algo tan GRANDE. Un abrazo!
Alberto Rodriguez Merino
10/01/2014 10:05:36
(0 vistas, 9 respuestas)
Los pequeños de la casa
Lo disfruté cuando me lo contaste, y lo he disfrutado ahora al leerlo... y al recordarlo... me parece genial el entusiasmo con el que vives la caza, tanto es así que me resulta contagioso. Espero volver a disfrutar pronto de ese entusiasmo... Un abrazo!
Pablo García Pérez
10/01/2014 11:16:59
(0 vistas, 9 respuestas)
Los pequeños de la casa
Hay jornadas y vivencias que valen más que muchos trofeos que decoran las paredes!! Un relato muy entretenido la verdad, la caza selectiva da también muchas alegrías y muchas buenas jornadas, ( al menos a mi así me lo parece) y más aún cuando hacemos participes de las cacerías a estos pequeños canes que tantas alegrías nos dan, aun con su testarudez. Enhorabuena, por el Oro, y por el Platino!! Pablo García Pérez
Mauricio Melgar Jiménez
Autor: Mauricio Melgar Jiménez
10/01/2014 12:57:41
(0 vistas, 9 respuestas)
Los pequeños de la casa
Enhorabuena por el lance y por lo que he disfrutado leyéndolo. Yo a los teckel los llamo "los infinitos", por su testarudez y mala leche. Me encantan como a tí, pero no tengo tu suerte. A mí mujer no le gustan. Espero que tengas muchas jornadas como esa, que son las que hacen afición. seguro que un macho medallable, tirado al poco tiempo de comenzar el rececho y sin dificultad, no te deja ese recuerdo. Un abrazo Mauricio Melgar
JUAN CARLOS PEREZ DOMINGUEZ
10/01/2014 19:33:40
(0 vistas, 9 respuestas)
Los pequeños de la casa
Estupendo relato Alvaro. Lo has escrito con la misma pasión con la que me lo contaste. Y que no nos falte nunca ese entusiasmo. A ver si nos vemos pronto. Un abrazo para la familia Gynkgo incluido y para ti una colleja por ser tan caro de ver. Tenemos una quedada pendiente.
Pablo Ortega Martín
Autor: Pablo Ortega Martín
10/01/2014 22:02:54
(0 vistas, 9 respuestas)
Los pequeños de la casa
Enhorabuena, Álvaro, por ese relato, que no sólo está magníficamente escrito sino que, indirectamente, sirve para retratar a un cazador de cuerpo entero, a un cazador de aquellos que buscábamos convocar cuando creamos hace ya años este foro de la ACE. Un cordial saludo: Pablo Ortega.
Jesús Trujillo Horcas
Autor: Jesús Trujillo Horcas
11/01/2014 16:06:46
(0 vistas, 9 respuestas)
Los pequeños de la casa
Hola Alvaro, magnifico relato del día de caza. Si para un cazador que pasa ya del medio siglo, acompañar a un cazador con tanta ilusión como tu, es un placer, el que un cachorro que he criado en casa sea para ti el compañero de caza y para tu familia un miembro mas, eso si que me hace feliz. Gracias y un saludo de Jesús Trujillo.
jesus usieto allue
Autor: jesus usieto allue
17/01/2014 1:33:52
(0 vistas, 9 respuestas)
Los pequeños de la casa
Hola. Un impresionante relato. Desde Sabiñanigo ( Huesca ) Uma. Hermana de tu perro que tambien intenta hacer de las suyas con jabalines y corzos. Jesus Trujillo como me dijiste precioso relato. Espero nos sigan dando buenos resultados. Un saludo a todos. Socio 211.