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Félix Sánchez Montes
Autor: Félix Sánchez Montes
13/05/2015 19:47:35
(1 vistas, 5 respuestas)
El corzo de la cebada
El primer rececho de esta temporada vino de la mano de la fortuna, mi compañero de caza, José Antonio, logró un rececho de corzo de los que todas las temporadas, desde hace unos años, sortea la Federación Española de Caza (RFEC) en los terrenos que posee en Castillejo de Robledo (Soria), sede del Centro Integral de Estudios y Prácticas Cinegéticas, que lleva en funcionamiento desde la década de los noventa del pasado siglo. De acuerdo con el orden del sorteo, las fechas del rececho eran a primeros de mayo de 2014, pudiendo repetir el rececho si no hubiese suerte en el primero. Una vez en contacto con la RFEC las fechas quedaron fijadas para los días 2, 3 y 4 de mayo. Solamente quedaba reservar habitaciones en el pueblo y hablar con el guarda para concretar los detalles. El viernes 2, a media mañana ya estábamos en marcha desde Sevilla. Decidimos tomar la autovía de Andalucía hasta Madrid y desde allí a la autovía de A Coruña, para tomar posteriormente el desvío hacia nuestro destino, donde nos esperaba el guarda. A las siete de la tarde ya estábamos en Castillejo de Robledo, una pequeña villa soriana de apenas 200 habitantes, en la comarca de la Ribera del Duero, que dista de la capital un centenar de kilómetros. Situada al extremo oeste de la provincia y a unos diez kilómetros al sur de Langa de Duero, está cerca de la raya provincial de Burgos y Segovia. Es conocido por ser uno de los pueblos de España más fríos, no siendo raro que se alcancen los 20º bajo cero en invierno. Cuenta la historia que cerca de este lugar fueron ultrajadas las hijas del Cid, Doña Sol y Doña Elvira por sus esposos los condes de Carrión. La "afrenta de Corpes" se denomina a esta crónica medieval. El pueblo muy bonito, encajonado en una vaguada rocosa a la sombra de su derruido castillo templario, nos dio la bienvenida en una tarde fría y despejada. Teníamos reservadas habitaciones en el hotel rural Venta de Corpes, un acogedor alojamiento en mitad del pueblo. Tras soltar los bártulos en las habitaciones y asearnos, bajamos al bar donde ya nos esperaba José Manuel, el guarda, que sería nuestro acompañante en los recechos. Mientras tomábamos un café José Manuel nos dijo que nos llevaría a conocer la zona y hacer el primer rececho, asentimos de inmediato y en un rato ya estábamos en ella. La vegetación de la zona está compuesta de sabinas, encinas y monte bajo, rodeando a sembrados de cereal (trigo, cebada y centeno) y bordeando la mancha unas cepas muy bien cuidadas. La cebada con una altura muy pequeña para estas fechas, consecuencia de la sequía de esta primavera, nos daría la oportunidad de poder ver mejor a los corzos, si es que andaban por allí. Ya sabemos lo territorial que es este animal, y si no se le molesta demasiado lo natural es que ronde los mismos parajes. Es cuestión de evitar cruzar zonas abiertas, o las zonas de entrada, salida o tránsito de los corzos, para poder observarlos. José Manuel nos habló de que tenía localizados un par de buenos ejemplares, que todas las tardes, ya con el sol oculto, salían a unos cultivos de cebada cercanos, así que nos dirigimos allí, no sin dejar antes nuestro vehículo aparcado. Tras una media hora de rececho muy tranquilo, parándonos a asomarnos con cuidado cada vez que dábamos vistas a un claro, por si estuviese por allí el corzo, logramos llegar al sembrado que buscábamos. Ya estaba empezando a anochecer cuando divisamos tres corzos en el ribazo del campo de cebada, dos hembras y un pequeño ejemplar cuya cuerna apenas sobresalía por encima de sus orejas, no era lo que andábamos buscando así que nos limitamos a observarlos hasta que desaparecieron entre el monte bajo del lindero. Ya de vuelta en el vehículo pudimos observar varios corzos en la lejanía, en medio de la cebada. A ver si mañana teníamos más suerte. El pueblo celebraba esa noche su fiesta patronal y un grupo musical amenizaba la velada, parecía que la tranquilidad esa noche no sería posible a causa del ruido. Tras cenar nos subimos a las habitaciones y procuramos descansar. No eran aún las seis y media de la mañana del sábado día 3 cuando estábamos aparcando lejos de la zona que íbamos a recechar, empezaba a clarear el día pero aún las sombras lo cubrían todo no permitiendo distinguir los detalles. Fue poner pie a tierra y escuchar a nuestra derecha, a no más de 50 metros, el ladrido de alarma de un corzo, nos habían descubierto al cargar el aire hacia la mancha antes de poder ni siquiera empezar. Así que tocaba cambiar de planes y entrar al revés de lo que teníamos previsto. Tuvieron que dar las nueve de la mañana para que lográsemos ver un corzo, se trataba de una hembra a punto de parir y que andaba seguramente buscando las cebadas para poder esconderse en ellas y parir, evitando así a los predadores. Toda la mañana estuvimos practicando la misma táctica, aproximación muy lenta procurando taparnos con la vegetación hasta dar vistas a los claros, y allí revisar cuidadosamente con los prismáticos para tratar de descubrir algún buen macho. Así una y otra vez, pero sin fortuna. A las diez y media, y ya con el sol alto, decidimos dar por finalizado el rececho y volver al pueblo. Un buen desayuno nos hizo recuperar las fuerzas antes de realizar una visita al castillo y su iglesia adyacente, para hacer tiempo hasta la tarde, donde teníamos puestas nuestras esperanzas en cobrar un buen ejemplar. A las siete de la tarde ya estábamos colocados, a la espera, al filo de un gran sembrado de cebada de un color verde brillante. Habíamos cambiado de estrategia por indicación del guarda, esperábamos a que un gran macho se dejase ver a última hora de la tarde. Ya había sido observado por el guarda en varias ocasiones  junto a un par de hembras. Alguna liebre correteando y un par de grandes cuervos fue lo único que observamos tras un par de horas de espera infructuosa. Ya de vuelta escuchamos entre las sabinas las carreras de un par de corzos que no llegamos a distinguir por estar la vegetación muy alta. Los recechos de corzo, una vez pasado abril, se vuelven más complicados, pues estos salen menos a los claros y andan muy desconfiados. La única manera de lograr abatirlos es una gran dosis de paciencia y perseverancia, hasta lograr cumplir nuestro objetivo de poder cazarlos. Una llamada esa noche nos hace cambiar de planes para el domingo día 4, tenemos que estar en Sevilla a media tarde, así que tenemos que renunciar al rececho de la tarde y centrarnos exclusivamente en el de la mañana. Por la noche el pueblo sigue en fiestas, ¡qué se va a hacer ¡ A las seis y media ya nos espera abajo con el todoterreno de la RFEC, y rápido nos trasladamos a una nueva zona lindante con la del día de ayer. Esta vez, y en vista de que el viento arrecia, decidimos dar un gran rodeo para poder entrar a las cebadas sin cargar el aire, por la zona alta. La mañana anda fría por estas tierras sorianas así que toca abrigarse, esta vez solamente cargamos con el rifle para ir más ligeros ya que hay que andar bastante. Rodeamos poco a poco una gran extensión de terreno, que bordea un gran campo de cebada, aprovechamos la vegetación espesa que rodea el terreno para andar tapados y no hacer viso en ningún momento. En esto estamos cuando logramos ver un macho en mitad del sembrado, está tranquilo y aun no nos ha divisado. Tras observarlo minuciosamente con los prismáticos decidimos no tirarle, es un ejemplar joven, con una cuerna larga pero muy fina. Lo dejamos tranquilo y proseguimos nuestro camino hacia unos prados, que según nos cuenta José Manuel, están situados en mitad de las sabinas protegido de la vista. Ya muy cerca del prado observamos que hay una corza justo en el filo, tranquila y confiada, y a su lado a no más de 30 metros divisamos un gran macho que parece estar más intranquilo, a tenor de los movimientos de su cabeza. José Antonio coloca su bastón para apoyar el rifle e intentar el disparo, pero antes de lograr meterlo en la mira el corzo da un salto y desaparece en el monte sin dejar rastro, ¡qué oportunidad perdida ¡Con razón le llaman el duende del bosque, ha sido visto y no visto. Este es el último lance del día y a las diez y media decidimos dar por terminado el rececho. Con la desilusión de no haber obtenido ningún resultado volvemos a Sevilla, habrá que esperar que nos llamen para volver a intentarlo. Ha pasado ya casi mes y medio, cuando una mañana llaman desde la RFEC a José Antonio para decirle que si quiere volver a intentar el rececho a final de junio, son unas fechas difíciles para recechar al corzo pues aún queda un mes para el celo y los corzos solamente se dejan ver al anochecer o al amanecer, pasando el resto del día a cubierto protegiéndose del calor. Decidimos jugar nuestra última baza y el viernes 27 de junio nos ponemos en camino, con algo de retraso sobre lo previsto. Esta vez decidimos cambiar de ruta, tomamos por la Ruta de la Plata hasta Mérida, y de allí a Salamanca, Valladolid, y la Nacional I hasta el cruce de Castillejo de Robledo. José Manuel nos espera esta vez en las instalaciones de la RFEC, cuando al fin llegamos son ya las nueve de la tarde y el sol se está poniendo. Han segado ya la cebada donde vimos al gran macho, así que cambiamos de cazadero, esta vez tomamos una pista forestal que bordea el castillo y que nos conduce a un gran llano sembrado de centeno. Por el camino observamos varias hembras en los sembrados y un macho pequeño. El guarda nos dice que está entrando un buen macho a este campo al amanecer, y que mañana le haremos una espera para ver si logramos sorprenderlo, pero que esta tarde y aprovechando que el viento está propicio quiere acercarse a un campo de avena que está a punto de recogerse y donde sale por la tarde otro macho que no ha podido observar bien aún. Así que bajamos del vehículo y con rapidez, pues está ya anocheciendo, tomamos el camino del campo de avena. Una vez allí y tomando todas las precauciones nos asomamos con cuidado, y ahí está, a no más de 50 metros hay una corza y a su izquierda está un buen macho; que suerte, aún no nos han localizado. José Manuel evalúa el trofeo con sus prismáticos y le dice a José Antonio que si quiere puede dispararle. Todo transcurre en un instante, apuntar y disparar con el 7x64, cargado con un proyectil de 177 grains, es todo una. Observo como el disparo alcanza al corzo en el codillo, quizás un poco trasero; este al verse alcanzado comienza una frenética carrera intentando alcanzar las encinas al final del sembrado, pero no lo consigue, tras 40 metros se detiene y cae redondo. ¡Lo hemos conseguido ¡, las felicitaciones y abrazos de rigor antes de acercarnos a ver el corzo y comprobar si es bueno. Pero al intentar cobrarlo descubrimos con sorpresa, que al no haber referencias en mitad de un sembrado de avena, ¡no hay manera de encontrarlo ¡vueltas y más vueltas sin resultado. Ni aún abiertos en abanico los tres, logramos dar con el, las fotografías que le hice al disparar tampoco sirven, pues las distancias son engañosas. En estas estamos cuando se hace noche cerrada. Dudamos entre venir mañana a buscarlo ya con luz y solamente poder recuperar el trofeo ya que la carne al raso toda la noche se habrá echado a perder o seguir buscándolo durante un rato más. Le pregunto a José Manuel si tiene algún perro de rastro, y me contesta que él no es cazador, pero que tiene una cocker spaniel joven que aún no ha cobrado ningún corzo, pero que apunta maneras. Así que sin pensarlo más tiempo va al pueblo para recogerla y volver lo antes posible. Pasa media hora en la cual los mosquitos se ceban con nosotros mientras esperamos sin poder hacer nada para ahuyentarlos. Al fin aparece José Manuel con Linda, su perra, sujeta por una traílla el animal coge rápidamente los vientos y en menos de cinco minutos da con el corzo, ¡excelente sí señor, y en su primer cobro ¡. El corzo luce una cuerna oscura, larga y muy perlada, con seis puntas, pero algo delgada, ¡un bonito ejemplar ¡Procedemos a ponerle el precinto y nos marchamos hacia la sede de la RFEC. Una vez allí José Manuel prepara al corzo y lo apaña con maestría, para una vez acabado hacerlo cuartos y tras meterlo en bolsas nos lo llevamos. Un viaje interesante y un rececho muy rápido, inusual a lo que estamos acostumbrados, y con un buen resultado. Habrá que volver a recechar otro corzo en el celo, pero esta vez en otras tierras. Félix Sánchez Montes Categoría general
Laureano de Las Cuevas Alvarez
Autor: Laureano de Las Cuevas Alvarez
14/05/2015 1:56:58
(0 vistas, 5 respuestas)
El corzo de la cebada
Enhorabuena Félix, por el lance de José Antonio, y por el relato. Y enhorabuena también a "Linda". Mucha suerte. Saludos Laureano de Las Cuevas
Gerardo Pajares Bernaldo de Quiros
Autor: Gerardo Pajares Bernaldo de Quiros
14/05/2015 21:37:25
(0 vistas, 5 respuestas)
El corzo de la cebada
Muchas gracias por este relato. Saludos Gerardo Pajares
joaquin garrido ovelar
Autor: joaquin garrido ovelar
15/05/2015 7:50:36
(0 vistas, 5 respuestas)
El corzo de la cebada
Precioso Relato Felix, me alegra  ver un paisano por el foro, yo tambien soy de sevilla y cazo relativamente cerca de Castillejo del Robledo. Si me permites una sujerencia,  hubiese quedado bordado con la fotografia del animal cazado!!. Gracias por compartirlo. Saludos Joaquin Garrido
Félix Sánchez Montes
Autor: Félix Sánchez Montes
20/05/2015 12:20:59
(0 vistas, 5 respuestas)
El corzo de la cebada
No se como poner fotografías dentro del relato, ¿alguien me indica como? Gracias Félix Sánchez
Administrador  
Autor: Administrador  
20/05/2015 13:22:33
(0 vistas, 5 respuestas)
El corzo de la cebada
Félix. lo primero agradecerte tu participación en el concurso de relatos. En el siguiente enlace podrás encontrar un tutorial donde explica como subir imágenes en los mensajes de los foros de la web. www.corzo.info/v_portal/forum/mensajever.asp?fo=12&te=12&men=72675 Saludos Félix. lo primero agradecerte tu participación en el concurso de relatos. En el siguiente enlace podrás encontrar un tutorial donde explica como subir imágenes en los mensajes de los foros de la web. https://www.corzo.info/v_portal/forum/mensajever.asp?fo=12&te=12&men=72675 Saludos