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rafacentenera  
21/07/2015 10:53:41
(1 vistas, 3 respuestas)
Un corzo diferente (concurso relatos)
UN CORZO DIFERENTE. Todo empezó hace más de cuatro años, cuando mi amigo Augusto me comentó que no sabía de mi enorme afición al corzo y que él compartía esa pasión. Hablamos de corzos en varias ocasiones y al final aceptó mi ofrecimiento para ver su coto y echarle una mano con la gestión. Esa misma primavera hicimos un censo completo y empezamos con la ardua tarea de convencer a los del pueblo que había que matar corzas. Augusto, que es un señor, me invitó a cazar en la temporada y por mi nuevo destino en Bruselas, no pude acudir al coto hasta bien entrado junio. Como cabía esperar, tras una tarde de subir y bajar laderas y siembras recrecidas, tan solo pudimos poner a tiro un machete de primera cabeza. Tengo que reconocer que me gustan los trofeos grandes como al que más, pero también tengo que decir que me gusta cazar incluso cuando el trofeo no es gran cosa y sobre todo cuando puedo hacer algo de gestión. Así que el pobre pipiolo pasó a mejor vida y yo quedé como el hazmerreir del pueblo entero. Tanto experto, tanto profesional y el día que voy, mato un chivín. Si ya costó convencer a Toñín, el responsable del pueblo, de que había que bajar la densidad de corzas, no te digo la tarea hercúlea que suponía explicar esta decisión. Tras mis dos años de destierro en la brumosa y gris capital de la "burocracia", mi amigo tuvo a bien volverme a invitar a cazar a su coto, esta vez con más éxito, ya que pude abatir la primera tarde un bonito macho con buena cuerna y mejor perlado. Comenzó entonces un segundo rececho que se alargó durante unas cuantas semanas y en el que tenía que cumplir como el mejor para no defraudar. La primera vez que lo vi, me pareció un corzo inmenso, de esos que quita el hipo. Estaba en medio de un esquinazo del coto que en principio me pareció una veza y luego al verlo con más detalle me di cuenta de que era un prado. No duro mucho la visión porque enseguida salió de escena. Sin embargo, fue tiempo suficiente para que me quedara "enganchado" con él. Solo los cazadores de corzos somos capaces de entender este "enganche" con un solo corzo. Ese obsesionarse con él hasta lo irracional. Yo, que siempre he recomendado en mis artículos que nadie se encele con un macho y que eso le lleve a dejar pasar todo lo demás, aquí estaba buscando un fantasma que no terminaba de asomar a ese esquinazo del coto que había elegido. Día tras día volvía a esa cuadricula donde lo había visto el primer día, esperando que apareciera por la derecha o por la izquierda o incluso por la parte del fondo de aquel lugar tan querencioso. Lo primero en que me fijé de aquel paisaje que acabaría aprendiendo como la palma de la mano, fue el color del cielo. Ese azul tan luminoso que tenemos la suerte de ver en nuestra querida España en los meses de abril y mayo es capaz de embelesar al que sabe mirar. Para un desterrado que regresa después de dos años en Bélgica era una bendición del cielo ver esa luz y ese azul que se teñía en añil a medida que avanzaba la tarde. Lo siguiente que llamó mi atención, fueron las peñas de granito que había al fondo del prado. Más de una vez pensé que habría sido mejor que me hubiera situado en alguna de esas peñas para ver mejor toda la escena, pero como el primer día ya plantee esta espera desde mi esquina, desechaba la idea, no fuera que se estropeara todo lo avanzado. Tarde tras tarde, empecé a conocer una a una todas las encinas que poblaban los bordes del prado. Imaginaba que el macho se escondía detrás de todas ellas y en ninguna a la vez. Observaba la luz que recibían del atardecer y que entraba desde mi izquierda y como proyectaban sombras en mi prado. Sí, porque tras tantos días esperando a que saliera el corzo, ya lo consideraba como propio. Tal era mi obsesión por todo lo que tenía que ver con este corzo, que ya no podía circular por Madrid sin parame a mirar cada encina que veía. A estudiar lo espectaculares que son estos árboles. A entenderlos de raíz a la copa y saber que son la base de nuestros montes y el sustento de muchas de nuestras reses. Muchos días terminaba a toda prisa en la oficina para poder volar a mi esquinazo y dedicarle un par de horitas a mi corzo. Pero él se resistía. Parecía querer decirme que tan solo con paciencia y siguiendo uno a uno los pasos necesarios podría tener acceso a su presencia. Se estaba haciendo esperar y yo empezaba a tener prisa por verlo aparecer en el marco inmejorable en el que estaba envuelto. Fue un par de días antes de que apareciera, cuando me fije en el detalle tan variado que tiene la hierba de un prado, los matices de verde y los diferentes tonos de amarillo pajizo que surgen en algunas esquinas. O como las sombras de las encinas son capaces de obscurecer los tonos hasta volverlos casi negros a sus pies. Poco a poco, comprendía que no podía faltar mucho para que apareciera mi duende del bosque y que saliera de detrás de cualquier encina para darme una alegría y satisfacer tanta espera. Y así fue una tarde en que ya empezaba a dudar de mi elección. Apareció en medio del prado sin que yo me enterara de cómo había llegado allí. Estaba acompañado de una hembra que despreocupada comía la hierba tierna de primavera. Ella estaba ahí para completar el cuadro, pero toda la atención se centraba en su señor. Él miraba fijamente en mi dirección y yo estaba seguro de que me había visto. Se mantenía alerta, con ambas orejas enfocadas en mi dirección y con su pata delantera levantada, en ese gesto que adoptan antes de pegar el gatillazo y volver a perderse en el monte, esta vez sí, para siempre. Y a pesar de ello, yo no podía más que perder mi tiempo observando la escena embelesado. Me quedé prendado de su cuerna bien formada y en la que, a pesar de la distancia, podía ver un abundante perlado incluso a simple vista. Su pose majestuosa, con el cuello erguido y con todos los músculos de su cuerpo en pura tensión. Yo sabía que no quedaba mucho tiempo para rematar mi obra y dar por finalizada la ansiada espera, pero no podía dejar de grabar cada uno de los pelos de su capa en mi memoria. Pero todo lo que empieza debe terminar y yo no podía dilatar mucho más el desenlace final, porque mi trabajo ya había terminado. Así que tome por última vez el pincel fino y con un poco de pintura blanca firmé el cuadro en su parte inferior. Tras más de tres semanas de tardes robadas a mis hijas y a mi mujer, había terminado el cuadro y el ansiado corzo ya estaba en su lugar. Mucho me costó no empezar la obra pintándole en primer lugar, pero yo seguí, a mí pesar, el consejo de mi maestro de empezar desde atrás rellenado el fondo y avanzando hasta llegar al primer plano. Cielo, roquedo, encinas, prado y por fin, la pareja de corzos. Aprendí a tener la paciencia para dar a mi corzo un paisaje acorde a su belleza y eso me hizo recordar la de veces que el disparo no es más que la última pincelada de un rececho. El último trazo en un trabajo paciente de salidas sin arma antes del comienzo de la temporada, con tan solo nuestros prismáticos para ver y aprender del campo y de nuestros corzos. Ahora me quedaba la angustia de saber si a mi amigo le iba a gustar el cuadro. Sé con seguridad que le agradaría el detalle de agradecerle sus invitaciones con una obra en la que había gastado mi tiempo, pero me preocupaba que no le gustara desde el punto de vista artístico. Pero eso es parte de la vida del artista y yo ni siquiera llegaba a esa categoría, por lo que me resigne a salir trasquilado en materia pictórica. Esta vez Toñín no podría criticar mi decisión, porque desde un par de pasos de distancia, mi corzo daba una imagen excelente. Y además, poco me preocupaba su opinión, porque yo había disfrutado trabajando en este cuadro tanto como recechando en el monte. Esa es la magia de nuestra afición. Rafael Centenera Socio un corzo diferente photo un corzo diferente_zpsldlsxcl7.jpg
Miguel Angel FERNANDEZ
21/07/2015 17:47:47
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Un corzo diferente (concurso relatos)
Muy muy bueno ENHORABUENA MIguel A. Fdez .
Pablo Fernández-Salguero López
Autor: Pablo Fernández-Salguero López
22/07/2015 9:17:45
(0 vistas, 3 respuestas)
Un corzo diferente (concurso relatos)
Rafa, buenos días, Me alegra leerte por aquí.. gracias por participar con este estupendo relato e intrigante hasta el final.. saludos, Pablo Fdez-Salguero
Borja Sanz  
Autor: Borja Sanz  
04/08/2015 18:21:30
(0 vistas, 3 respuestas)
Un corzo diferente (concurso relatos)
Enhorabuena por el relato! Además de original muy buen contado. Un saludo, Borja Sanz.