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Rocío Canfrán Vela
24/09/2015 0:07:55
(1 vistas, 2 respuestas)
Siempre hay una primera vez para todo, y es verdad. (Concurso Relatos)
Una tarde de verano, y tras oírle hablar y hablar de las salidas en busca de corzos, decido que es el momento de acompañarle, pues ver los corzos yendo en coche no es lo mismo, y además mi vista no está preparada para ir a 80 km/h y que te digan: "¡mira, mira a tu derecha!", y cuando miras es tarde. Así, tras ponerme mi ropa de campo nos montamos en el coche. Breves instrucciones mientras vamos al lugar donde dejaremos el coche para empezar la búsqueda: "no se habla alto, quita el volumen al móvil, no me adelantes mientras andamos, no se come, ¿no te habrás echado colonia?", esas son algunas de las pautas a seguir. La única instrucción que no consigo llevar a cabo es la de levitar, ¡sí, sí, levitar!. Resulta que si yo ando y piso una hoja parece que he pisado una bocina, pero él pisa la hoja de al lado y no pasa nada, él anda sobre algodones y yo sobre sobre una capa gruesa de plásticos de burbujas. Aparcado el coche, empieza la búsqueda, o rececho, si se quiere hablar con propiedad. Así que con ganas e ilusión a buscar nuestros corzos. La tarde está buena, calorcito agradable, los días ya son largos, con lo cual se aprovechan más, y no cuesta ponerse a andar por el monte entre las chaparras. Tan solo llevamos andando unos 10 minutos cuando me dice:" ¡calla, calla!", oímos una ladra (para aquellos, que como yo se están iniciando en el mundo del corzo, una ladra es el sonido que hace el corzo que se asemeja al ladrido de un perro. Esto lo aprendí en una de las innumerables charlas sobre este animal tan bello y frágil). Miramos tras unos árboles: "¡ahí está!, ¡qué cerca!", susurro emocionada. ¿A cuanta distancia esta? Pregunto, es algo que que a fecha de hoy lo sigo preguntando (ya que me es muy curioso saber, como dejan que nos acerquemos tanto). Unos 15 metros hay entre el joven corzo y nosotros. Sus cuernas no son grandes, más tarde aprendería a saber más o menos si las cuernas son grandes o no,  es algo que aprendes con el paso del tiempo. Nos detenemos a verlo, mientras pienso: "qué tranquilo está disfrutando del sol, mirando hacia los lados, buscando a alguna hembra y siempre con los sentidos puestos en lo que se llama la supervivencia, preparado para echar a correr y ponerse a salvo". Lo miramos, no se decir si un minuto o varios, ya que lo que me pasa al ver corzos es que se me hace siempre corto pero a la vez muy intenso, intento captar todo, si mueve la cabeza, el color de su pelaje... El corzo no sé si nos sintió, pero levanta la cabeza, mira hacia donde estamos, y se va con su singular forma de andar, chulesca y desafiante, deteniéndose dos veces antes de desaparecer de nuestra vista, como si nos estuviera brindando un último momento para guardar su silueta en nuestra retina. No ha estado nada mal el primer encuentro buscado con un corzo, pero tenemos que seguir. Tenemos que encontrar un macho, bueno, "El Macho" , ese que él lleva vigilando desde la temporada pasada, ese corzo que ya conoce bien, que sabe dónde le gusta ir en verano o donde se cobija en invierno. Andamos un rato más entre árboles con un pequeño desfiladero donde el corzo suele estar por las tardes, aunque ahora con el celo nada es seguro. El paseo es agradable ya que me cuenta de caza: "¿ves aquella piedra?, pues allí me salió un guarro y un poco más atrás, vi un bando de perdices de más de 20...". Quiero dejar constancia de esto, que la capacidad que tenéis de acordaros de cada salida al campo con todo lujo de detalles me asombra, y más me asombra cuando la comparo con la capacidad que tenéis para olvidar algún artículo de la lista de la compra, si os pedimos que compréis tres cosas aparecéis con dos o una, y alguna vez diciendo: ¡ah!, ¿pero tenía que comprar algo?. ¿Verdad que es así?, habrá que buscar la manera que os creáis que cuando vais a comprar vais a por ese corzo tan esperado. Decidimos bajar del cortado y seguir andando por la zona baja, entonces, ¡silencio!, oímos un ladrido y no muy lejos. Nos paramos y agachamos un poco, para que la hierba nos tape. Entre los árboles se divisa un corzo, pero si no sale al claro no sabemos si es corzo buscado. Se va moviendo y por fin sale y podemos verlo. Es él, un corzo sobre el que caen los rayos del sol haciendo su pelaje aún más hermoso y brillante. Nervios en sus ojos le vi por tener al corzo tan cerca, ese corzo tan esperado. Todo pasa muy rápido, o eso me parece a mí. Rifle en mano, buscar un punto de apoyo, en este caso es una piedra que hay en el suelo, apuntar, y... ¡boom!, sorda que me deja, madre mía, no sé si preguntar si le ha dado, porque no estoy muy segura de escuchar la respuesta. No tenía idea del estruendo de un rifle, un estruendo que finalmente acaba con el día de búsqueda. El resto es historia, pero decir que cada vez que veo  el trofeo me acuerdo del día y me emociona. Así fue  mi primer contacto con vuestro mundo, con vuestra pasión, dejándome en mi retina imágenes únicas de la especie a la que tanto amáis y respetáis. Gracias por enseñarme a disfrutar de la búsqueda. Rocío Canfrán Mujer de socio ACE
Alfonso Pérez Briz  
24/09/2015 13:48:26
(0 vistas, 2 respuestas)
Siempre hay una primera vez para todo, y es verdad. (Concurso Relatos)
Buenos días. Precioso relato Rocío,  y mi enhorabuena. Alfonso Pérez Briz
Pablo Fernández-Salguero López
Autor: Pablo Fernández-Salguero López
25/09/2015 22:07:21
(0 vistas, 2 respuestas)
Siempre hay una primera vez para todo, y es verdad. (Concurso Relatos)
Rocío, buenas noches, precioso y bien llevado ese relato.. muchos detalles para ti, nos pasan ya inadvertidos a nosotros. Muchas gracias por participar... saludos, Pablo Fdez-Salguero