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Federico Calzada Serrano
Autor: Federico Calzada Serrano
17/07/2019 23:40:09
(1 vistas, 4 respuestas)
Las grandezas de la caza

Todo comenzó a mediados de abril, con la temporada del corzo recién estrenada. Mi padre y yo recibimos la visita de un buen amigo y su hija, protagonista del fin de semana, y que pasarían cazando con nosotros el fin de semana. La primera tarde intentamos dar con un corzo que tenía muy controlado desde tiempo antes de la apertura y que, a pesar de ser algo joven, me parecía un bonito ejemplar para que ellos intentaran hacerse con él. Al poco tiempo de sentarnos aparece en su querencia habitual. Nos situábamos en el valle de enfrente, separándonos de él una gran distancia. Intentamos la entrada, nada fácil, y conseguimos ponernos a escasos 60 m de él y su pareja. A pesar de que el viento estaba a nuestro favor algo se olían, pues el macho no dejó de mirarnos y su curiosidad lo impulsó a acercarse a un más a nosotros hasta llegar a no más de 30 m. Su fijación en nosotros y la cercanía hicieron imposible intentar el lance.

El corzo se descolgó por la ladera por la que se ocultó. Sabiendo yo donde podría encontrarlo al hacer la asomada y, tras unos minutos de espera para dejar que se tranquilizara, efectivamente, allí lo vimos. Esta vez a mayor distancia, unos 220 m, se jugó el lance, con tan mala suerte que el corzo se movió en el último momento y al levantar la pata delantera para esquivar una rama la bala le entró por la contraria, sin tocar cuerpo. Corrió y no hubo forma de repetir disparo. Al revisar en la cámara, en efecto, se veía claramente que era un disparo de brazuelo.

Nuestro amigo se introduce en un pequeño bosquete donde hacíamos al corzo tumbado y al poco el corzo sale corriendo ladera arriba. Ella y yo permanecíamos a la espera de acontecimientos y al ver el corzo correr me cede el arma y me pide que intente yo el remate del animal, nada fácil pues el corzo se situaba a más de 300 m. Yo desconozco el arma y calculo levantar la cruz para compensar la que pensé sería la caída. Al disparo el corzo cae a plomo, haciendo que una momentánea alegría nos invadiera. Nos reunimos con mi padre, al que habíamos dejado en nuestra posición inicial para que nos ayudara con los posibles movimientos del corzo, y nos acercamos a cobrar el animal. Cuál fue nuestra sorpresa cuando al llegar el corzo no estaba. Aprovechamos la presencia de su perrita teckel para rastrearlo, encontrando únicamente par de gotas de sangre a casi 1 km del disparo inicial. Una vez de noche decidimos abandonar el rastreo para la mañana siguiente.

A la mañana siguiente aprovechamos las primeras luces para hacer algo de gestión, haciéndonos con este corzo que tenía claramente dañada una pata trasera con una antigua herida que parecía haber afectado a la formación de la cuerna, muy ruin y desigual.


Tras hacernos con la carne y aprovechando el frescor de la mañana nos dirigimos al rastro señalado la tarde anterior y después de un buen rato intentándolo no fuimos capaces de dar con nuevos rastros que facilitaran el cobro del animal. Nuestros temores se cumplieron y por nuestras cabezas pasaban todo tipo de pensamientos: “el corzo se habrá tumbado en cualquier arroyo, morirá y acabará encontrándolo el paseante de turno que no dirá esta boca es mía”; “el corzo se habrá pasado al coto de al lado y el vecino le dará leña y no volveremos a saber de él…”; y otros de todo tipo que a todos nos han rondado en la cabeza cuando no hemos hecho las cosas como es debido.

Tras un bonito y agradable fin de semana de caza, nuevos lances, amigos, risas, historias, etc., despedimos a nuestros amigos hasta un próximo encuentro.

Finales de junio y llegó la famosa ola de calor que todos recordamos de hace un par de semanas. España entera “achicharrada”, temperaturas record en todas las provincias (incluida la nuestra, Burgos). Aprovecho las fiestas de la ciudad ese fin de semana para ver amigos y dar una vuelta por el campo y pienso: “vaya ideas Fede, solo a ti se te ocurre salir al campo en estas condiciones”. Me encuentro con amigos cazadores y me tachan de loco: “¡¡¡pero hombre, que vas a hacer tú en el campo con estas temperaturas!!!”. Pues al campo que planeo ir…

La mañana del sábado amanezco por mi propio pie a las 7 de la mañana: “¡¡no me lo creo, ha sonado la alarma a las 5 y ni me he enterado!!!. ¡¡Hacía años que no me dormía para ir a cazar!! Es que es cierto, para que voy a ir a ningún sitio con estos calores”. Acto seguido, tras darle una vuelta y ser consciente de que en casa, tirado, corzos no iba a ver, me fui al coto. Nada más llegar, a las 8:30, veo uno de los corzos que tengo localizados y que hacía tiempo que no veía. Él era el objetivo que me había planteado para esa mañana, no para abatirlo, si no para seguir teniéndolo localizado, pues se trata de un corzo joven con buen futuro. “Toma ya, te duermes y al final ves el corzo nada más llegar, ¡¡qué cosas tiene la caza!!”. Decido asomarme a un valle, con un arroyo en medio, que divisaba completamente desde la sombra que me ofrecía un pequeño pino en la ladera en que me encontraba, pues recechar no tenía sentido con ese calor. A las 10 tengo que retirarme, pues la temperatura es inaguantable y allí no se mueve “ni rabo”.

Me planteo no cazar por la tarde pues, efectivamente, no tenía mucho sentido. Finalmente y tras pasarme por la casa que un buen amigo tiene en el pueblo vecino y ver el frescor que guardaba pienso: “ya que estoy aquí habrá que intentarlo”. Siesta de varias horas y a las 20:30 estoy en la continuación del valle en el que me situé por la mañana, pero una asomada más allá. La tarde es sorprendentemente buena. Corre el aire, el calor ha disminuido considerablemente y nada más asomar veo una hembra salir a los trigos, más allá un machete comiendo en una esparceta… “no, si al final va a haber movimiento”, me digo. Me siento y la cosa sigue: otra hembra baja por la ladera de enfrente, un macho se asoma por la contraria, otro por la esquina opuesta al último…parecía que se hubiera dado el pistoletazo de salida y todos los corzos comenzaran con sus quehaceres.

De pronto, y del camino que tengo a aproximadamente a 80 m bajo mi posición sale un corzo que no tenía localizado, en dirección contraria y dirigiéndose al arroyo que parte el valle en dos. Un corzo muy bonito que me sorprende totalmente, pues no lo había visto antes, o eso creía. Lo meto en la cámara y comienzo a grabar… “¡¡la madre del cordero, pero si es el corzo que tiramos en abril!!”. Efectivamente era él. Cojeaba claramente de la mano izquierda y tenía un leve arqueo en su columna. No me lo podía creer, a escasos 100 m del primer disparo a comienzos de temporada, aparece el corzo que tanta preocupación nos había generado.

Embobado por la situación observo atónito como el corzo se mete en el arroyo y desaparece. Automáticamente llamo “al jefe”, mi padre, y le cuento lo que acaba de suceder. Convenimos que, a pesar de que el corzo tras dos meses y medio está recuperado (aunque algo más delgado), debíamos hacernos con él. Según estoy al teléfono el corzo sale del arroyo y me preparo. Pongo la cámara a grabar, cojo posición, me tranquilizo y cuando lo veo bien aprieto el gatillo. El disparo me sorprende, y tras éste el corzo da un pequeño salto, sale corriendo y a escasos 20 m desaparece en el arroyo. Me da la sensación de que el tiro no es malo y tras revisarlo parece que el tiro está bien colocado, pero, con este corzo, ya no se que esperar. Tras los minutos de rigor me acerco al tiro y veo el rastro. Se por donde se ha metido, pero prefiero seguir el rastro dejado para hacerme a la idea de lo bien o mal pegado que pudiera ir. Cuando pierdo el rastro me adentro en el arroyo y allí estaba.

Me invade la emoción, doy saltos de alegría y me echo las manos a la cabeza por lo insólito de la situación. Llamo a mi padre y los dos compartimos la alegría del momento. No me lo podía creer, era la típica situación que solo le ocurría a aquellos con grandes cotos, que eso de que un corzo volviera a su querencia –pese a saber que así suele ocurrir- era cosa de otros y que yo no viviría algo así… 

Inspecciono el animal y encuentro la herida en el brazuelo izquierdo, totalmente sanada, sin costras, ni infecciones visibles, únicamente aprecio la rotura de la extremidad y la formación de un bulto que entiendo se trataba de la calcificación o cicatrización de la herida ocasionada por el impacto. Un poco más arriba observo también la herida -abierta- ocasionada por el disparo de “remate”, un claro calentón de agujas que había causado un daño evidente a una de las vértebras y cuya columna estaba claramente desplazada en esa parte. Las heridas tras el cobro del animal se pueden ver claramente en las imágenes que siguen (pido disculpas por ser poco estéticas y salirse de las normas del foro, pero las aporto como apoyo al relato y con el único interés de mostrar lo ocurrido):

Como bien me dijo mi padre tras darme la enhorabuena: “Estas son las grandezas de la caza. Quien iba a pensar que tanto tiempo después ibas a encontrar un corzo que pensábamos perdido para siempre, cazarlo en un fin de semana con temperaturas tan extremas y encontrarlo, además, donde lo viste por primera vez y donde ha regresado después de recuperarse. Comprobar, por cierto, que había sobrevivido a dos heridas y poder rematar la faena filmando el lance. Habiéndote dormido por la mañana y a punto de renunciar. Una historia realmente increíble”.

Federico Calzada Serrano

Gerardo Pajares Bernaldo de Quiros
Autor: Gerardo Pajares Bernaldo de Quiros
18/07/2019 16:50:58
(0 vistas, 4 respuestas)
Las grandezas de la caza

Mi enhorabuena al cazador, pero no puedo evitar el sentir cierta lástima por tan valiente y resistente corzo. Asombroso que haya sobrevivido a esas dos heridas. En todo caso un lance bien jugado y bien contado.

Saludos,

Gerardo Pajares

Alvaro Mazon Sanchez de Neyra
Autor: Alvaro Mazon Sanchez de Neyra
21/07/2019 22:25:45
(0 vistas, 4 respuestas)
Las grandezas de la caza

Pues si, ese corzo era un auténtico superviviente!

Gerargo, te has fijado que había sobrevivido a un calentón de agujas? 

   Alvaro

Pablo Fernández-Salguero López
Autor: Pablo Fernández-Salguero López
22/07/2019 12:59:05
(0 vistas, 4 respuestas)
Las grandezas de la caza

Federico, buenos días,

gracias por compartir este magnífico testimonio!

Sin duda, debe ser la excepción, y desde luego ese corzo habrá sufrido lo indecible, pero es otro ejemplo que nunca dejamos de aprender con ellos! 

Enhorabuena por ese precioso corzo, cazado por dos veces!

Un abrazo, Pablo

Federico Calzada Serrano
Autor: Federico Calzada Serrano
22/07/2019 20:02:16
(0 vistas, 4 respuestas)
Las grandezas de la caza

Gracias por vuestras palabras.

Gerardo, coincido contigo y no pude evitar tampoco sentir lástima por él (como también, en cierta manera se siente con todas las piezas que cazamos, pues aunque parezca contradictorio disfrutamos con su existencia), más cuando se había merecido más que de sobra seguir campeando. Viendo el vídeo de como se movía el pobre animal creo que cualquiera habría tomado la misma decisión que yo. Solo puedo decirte que he preferido no compartirlo.

Alvaro, desde luego increíble que sobreviviera y se recuperara de ambas heridas, desde luego algo, repito, increíble. Como dice Pablo no quiero ni pensar lo que habrá pasado el pobre animal, solo lamento no haber podido dar con él antes y haber evitado ese sufrimiento.

Un saludo.