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Alfonso Urbano López de Carrizosa
Autor: Alfonso Urbano López de Carrizosa
22/03/2020 23:51:07
(1 vistas, 10 respuestas)
TRES BROCHAZOS: 2:´REENCUENTRO´

Ahí os dejo el segundo brochazo...

“REENCUENTRO”

Muchos de los corzos a los que damos caza son “anónimos” o quizás conocidos, pero sin haberles puesto cara. Así está el del barranco grande, el que ladra cada vez que llego a las esparteras… y luego existen los conocidos, con nombre y ficha, y en grado sumo están los “viejos conocidos”. El relato que a continuación me dispongo a escribir hace referencia a uno de estos últimos.

Avanzado el mes de junio, en un monte cerrado como es el que cazo habitualmente, es sumamente complejo recechar algún animal sin ser visto u oído, más si la distancia de juego está por debajo de los 40m. Así que llegadas estas fechas me gusta invertir las tardes en puntos estratégicos del coto. Uno de ellos es un manantial que aguanta con agua casi hasta finales de verano, dependiendo del año. Para que los corzos lo tomen, tiene que haber “bien” de agua, porque si no, los de la vista baja montan un barrizal que pone fin al aguadero.

Además este sitio, me encanta y verdaderamente disfruto viendo llegar a beber a toda la fauna que habita en el entorno. Desde oropéndolas, zorzales (es curioso que por estas latitudes aguanten por estas fechas), abejarucos, córvidos, palomas, tórtolas… hasta un sinfín de aves (en una tarde he llegado a contar hasta 26 especies diferentes) así como ardillas, lirones, gatos, perros, tejones, zorros, guarros… en fin una verdadera muestra de la fauna que habita en el monte en donde cazo.

Por supuesto no faltan los corzos a la cita, pero si bien entran a beber con cierta frecuencia, no es habitual que lo hagan de manera continuada 4 o 5 días seguidos, haciendo muy difícil y “aleatorio” el poder ponerse a un corzo en concreto.

Las cámaras de fototrampeo son una herramienta fundamental en un coto de monte cerrado para llevar un control de la población corcera. En ese punto aparecen todos los años corzos que solo asoman una o dos veces, es curioso, pero a buen seguro vienen de “lejos” puesto que no aparecen en ningún otro sitio del coto, en ninguna de las demás cámaras, ni en ningún otro momento… Son corzos “fantasma”.

En 2015,

2016

y 2017 le hicimos la ficha a un corzo que ya desde joven prometía. Le bautizamos como CHRIS.

En el 2017, era verdaderamente bueno, y aunque le hicimos varios intentos, creo (no podría asegurarlo) que le vi de pasada un de las tardes sin darme opción de tiro.

Nada supimos de él en 2018. Uno piensa lo peor sabiendo que con alta probabilidad es un emigrante puntual que viene de otro coto.  

El pasado verano en una ventosa tarde de finales de junio decidí ponerme allí. El pino se movía notablemente, y esperaba que amainara al caer la tarde.

Estaba entretenido intentando abrirle a un cuervo por el disfrute (es la leche lo listos que son) cuando escuché un ruido por mi espalda. Ni me moví, pronto tuve debajo a una corza que venía sola al agua. Disfruté de su compañía un rato y hasta me hice un selfie.

Más tarde, vi frente a mí a lo lejos, a un corzo que se acercaba por derecho medio al trote medio a la carrera. Prismáticos en mano comprobé que se trataba de un macho y parecía tirable, pero con la avena loca no era capaz de distinguirlo. Cuando por fin apareció tras unas sabinas a unos 60m le reconocí. CHRIS!! Sus luchaderas largas pero sobre todo el primer tramo de cuerna desproporcionado eran inconfundibles. Me puse como un flan, como gracias a Dios me pasa cada vez que veo un lance inminente…

Cogí el arco y medí los tres sitios por los que podía aparecer. Asomó por los 40m. Me tomé el lujo de hacerle un video con el móvil antes de tirarle, pues le veía tranquilo ramoneando, y estaba convencido de que llegaría al abrevadero y se me pondría a huevo.

Lo cierto es que no se acercaba… 40, 42, 39, 40… andaba para acá y para allá pero no parecía tener interés en acercarse más por el momento. Le tenía comiendo tranquilo atravesado…Así que decidí tirarle.

Abrí con tranquilidad, pensando y concentrándome exactamente en el punto en que quería que la flecha impactara. El tiro me pilló por sorpresa, pero para sorpresa la que me llevé al ver el vuelo de la flecha. Con estupor comprobé como desde la salida volaba en espiral pasando más de un metro por encima de la grupa de CHRIS para clavarse unos metros más atrás en el pasto. Me quedé en shock, no entendía qué acababa de pasar.

Al tiro, las torcaces que en ese momento bebían rompieron a volar, y el corzo pegó dos brincos y se quedó mirando al agua. No sabía que había pasado, imaginaría que el ruido “extraño” lo habría provocado las palomas al salir volando. Lo bueno es que se quedó en alerta unos segundos para volver a comer un par de metros más allá. Cogí una segunda flecha. Esta vez apunté incluso con más concentración que la primera. Pin de 40 otra vez y flecha a volar. Con el pasto de fondo y por la luz que empezaba a escasear no fui capaz de ver el vuelo de la flecha, pero esta vez estaba seguro de que la flecha voló limpia al sitio, y al ruido fuerte y seco, lo primero que pensé es que habría fallado impactando en algún tocón de pino. CHRIS salió a la carrera cayendo al suelo a los 20m y aunque se repuso rápido, confirmaba que el ruido no había sido de “un tocón”. Se me tapó con las mismas sabinas de antes, y aún tuve la oportunidad de verle en un hueco entre las ramas “amorcillado” con la cabeza baja. En ese momento pensé que allí mismo se desplomaría. Le tenía a 66m, que es lejísimos para un tiro con arco, pero en unas circunstancias así, debería de haber intentado un tiro de remate. Digo debería, por lo que ahora contaré.

Estaba que no cabía dentro de mí mismo. Adrenalina a tope, saboreando el momento, intentando grabar mentalmente cada segundo del lance recién acontecido.

Seguía sin saber qué habría pasado con la primera flecha. Una vez transcurrido un buen rato y después de  avisar a la cuadrilla, con la última luz me bajé para buscar la primera flecha.

Cuando la recuperé, entendí lo que casi con toda probabilidad había sucedido. Una de las plumas de la flecha estaba suelta por su parte delantera, lo que a buen seguro la había hecho volar como una “hélice” errando por mucho el pretendido punto de impacto.

En el tiro no había sangre, ni flecha. Tan solo unas gotas en las pajas en donde había tropezado. Esperé a que llegase el equipo de rastreo. Heinz, una vez más iba a destaparse como el artífice del cobro, ya que sin él no habría sido posible.

Empezamos con el ritual, dejando hacer al artista, que sabía perfectamente a lo que estaba siguiendo las indicaciones de Daniel. Tardó poco en coger el rastro, y a la zaga le seguíamos el resto de la tropa, marcando de cuándo en cuándo alguna sangre con la cinta.

Yo antes de empezar el pisteo había juzgado como previsiblemente sencillo y breve, pensando encontrar al animal a los pocos metros de donde lo vi por última vez.

Cuando pasamos ese último check point, 20m, 30m, luego 100m… mi optimismo empezó a disminuir justo cuando la ilusión se va tornando en angustia.

Lo único positivo era ver a Heinz fijo en el rastro, que peleaba con las altísimas cañas de la avena loca para seguir avanzando. En un momento dado, el grito de Daniel me dio un vuelco al corazón.

¡BIEN PERRETE, AQUÍ EST…..COOOOOOÑO!! ESTÁ VIVO CUIDADO!

El corzo salió a la carrera y con el nerviosismo del momento perdimos el rastro. Había que recomponer la estrategia. No llevábamos ni el arco encima. Y mientras estábamos decidiendo dejarlo para el día siguiente, el brillo de sus ojos a causa de la linterna le delató. Estaría a unos 15m de pie bajo una pequeña sabina dándome casi la espalda, y no se me ocurrió nada mejor que acercarme sigiloso para tirarme encima de él (esto luego en frío vi que fue una temeridad).

Recorté la distancia que nos separaba como un gato, intentando hacer el menor ruido posible. Cuándo tan solo quedaban un par de metros le hice señas a Daniel para que sujetase la linterna, centré mi objetivo en una de sus patas traseras. Dando un salto como un portero en un penalti, fijé con firmeza mis dos manos en la pata. El corzo al verse preso primero intentó saltar sin opción, y luego defenderse con la cornamenta, pero por suerte se enredó con las ramas de la sabina en la que se refugiaba. Antes de darme cuenta Daniel en otro rápido movimiento estaba con la rodilla en lo alto del corzo con la leadderman (que era todo cuanto llevábamos encima para su remate).

Luego ya imagináis… Gritos, Abrazos, más gritos y más abrazos. ¡Vaya cobro! ¡Increíble! Ya le teníamos ahí. Adrenalina a tope, no dolían ni los arañazos ni los cortes…

Con cara de póker comentamos la reacción del corzo y lo fortuito de la rama que me había ahorrado un disgusto. De no haber sido así a buen seguro me hubiese llevado un buen puntazo en la cara… y ni quiero pensar en el resultado… Pero ahí lo teníamos!!

Vuelta al coche tirando de él con Heinz también como una moto. Ahí es cuando nos damos cuenta de que el pisteo ha sido casi de 300m, qué pasada, sin “el llavero” (como cariñosamente llamo a nuestro colaborador de cuatro patas) no hubiésemos dado con él ni de broma.

Luego las fotos de rigor, comentando el fallo, luego el acierto, y por último el cobro.

Viendo el tiro donde estaba colocado, se ve que literalmente el “codillo” es un pequeño codo bastante sólido, y que impactado por una flecha mientras el animal se agachaba no hubiera atravesado limpiamente al animal habiendo perforado sólo uno de los dos pulmones.