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Jose Maria Del Cuvillo Peman
Autor: Jose Maria Del Cuvillo Peman
12/07/2020 23:51:37
(1 vistas, 3 respuestas)
...y me tocó la lotería

Este fin de semana de julio, post-confinamiento, puedo afirmar que me ha tocado la lotería.

El campo en mi cazadero está imposible. Las tardes de caza son casi inexistentes, pues los corzos estan saliendo cuando ya se echa la noche, y el rececho mañanero es una auténtica orgía de ruiditos de ramas secas y siembras cosechadas.

En este entorno tan inhóspito para el cazador, puedo asegurar sin rubor, que este fin de semana me ha tocado la lotería.

El sabado marché por la tarde al coto con la idea de ponerme de espera en una parcela de pipas en la que algún día había visto saltar un machete, hace ya unas semanas, sin haber tenido tiempo suficiente para valorarlo. Era una buena opción, dentro de las dificultades generales del momento ya relatadas.

Y así lo hice, me situé a la sombra de unos almendros, con cuidado de que mi silueta quedara bien disimulada con el tronco, y me dispuse a pasar la tarde.

La tarde fué pasando con más pena que gloria, pero yo en todo caso estaba disfrutando de poder estar al aire libre con un paisaje espectacular. 

Poco a poco fui perfilando el plan del final de la jornada. Si a las 21:30 la cosa seguía igual y no había aparecido el mozo, me bajaría a la carretera y haría un pequeño rececho a las dos parcelas siguientes, que siempre han sido muy querenciosas para estos bichos y que yo ya había visto que estaban tambien tomadas. Y si tampoco había nada continuaría hasta una un poco más lejana en la que me consta que dejé un buen corzo el año pasado.

Dicho y hecho. Dieron las 21:30 y como un autómata me puse en pie y realicé el plan preconcebido. Al llegar a la carretera saqué la bala del monotiro y lo enfundé, y me encaminé a mis parcelas vecinas. Nada. Ni un rabo. Pues a seguir a la siguiente más alejada. Pero cuando llevaba medio camino, a buen paso, hete aquí que rola el viento y se me pone exactamente en el cogote. Frenazo y media vuelta.

Pero como la esperanza es lo ultimo que se pierde, a las 22:05, con el halo de la última luz, al pasar por las parcelas anteriores, veo dos sombras en las pipas muy concentradas en decapitar girasoles. Como siempre, han surgido de la nada. Antes no estaban y se han colocado ya en medio de las pipas. Mido distancia y me da 275 metros. Con los gemelos distingo claramente un macho con puntas blanquecinas y que parece que tiene una buena base gruesa. Se ve regular, pero estoy casi seguro que es un buen corzo. Entre la parcela y la carretera hay un rastrojo de trigo y después las pipas.

Me decido. Abandono la carretera y cruzo con cuidado la cuneta. Camino muy lentamente acortándole unos metros. Vuelvo a medir: 245 metros. El viento en mi nariz. Ya no puedo seguir avanzando. Saco de la funda el rifle y lo cargo. Pongo el trípode. Lo meto en la cruz y suena el disparo. Miro con los gemelos y veo que la corza sigue comiendo, pero del corzo ni rastro.

Me acerco con el corazón en la boca al sitio y.... allí está. Nunca había cazado uno como este. Alegría indescriptible. El móvil se me ha quedado en el primer puesto, pero no hay tiempo que perder con fotos ni leches. Se echa la noche encima y hay que aviarlo y dejar el campo como si nada hubiera pasado. Dejo a continuación una mala foto hecha en el hotelito, disculpándome por no haber podido hacerla de mejor manera. En el campo y con el debido respeto a tan magnífico ejemplar.

Por un momento pensé en regresar a Madrid y abortar el rececho de la mañana, pero que diablos, había ido hasta allí y ya esta la salida computada por la autoridad competente, por lo que había que exprimirla en lo posible.

Esa noche, tras fumar el puro de la victoria, como homenaje a ese maravilloso corzo, me fui a dormir a la 1:00 h.

A las 5:15 h. de pie. Nuevamente las tentaciones: - Pero si ya has cazado un corzo ayer, quédate en la cama que la mañana esta revuelta, con nubarrones y viento.

Tras escuchar brevemente a mi conciencia "verde" decidí mandarla a hacer gárgaras y tirar adelante.

A las 6:00 entraba en el coto con las primeras luces, y a las 6:30 alcanzaba una parcela de pipas que siempre miro desde que hace ya tres años vi un gran corzo comer en ella plácidamente una siembra del mes de marzo.

Y hete aquí que nueva sorpresa. Apenas hay luz aún, pero claramente se ven dos corzos en las pipas. Echo los gemelos y efectivamente, hay un macho que tiene buena pinta. Bueno, tiene más que buena pinta. La imaginación empieza a funcionar. Seguro que es el corzo de antaño. No se ve del todo bien, pues es temprano, pero claramente es tirable.

Aparco el coche y saco trípode y monotiro. Me introduzco en el rastrojo, que aqui tambien está entre las pipas y la carretera. Tengo que alcanzar unos arbolitos desde los que estaré más oculto. Cada brizna de rastrojo me retumba en los oidos, pero hace viento y en buena direccción; los corzos no me oyen.

Llego a mi objetivo y abro el trípode. Mido. 180 metros. Vamos allá. Cuando lo meto en la lente se me hiela la sangre. Es el corzo de hace tres años. Seguro. No puede ser otro. Los nervios me juegan una mala pasada. Disparo y veo el polvo levantarse detrás de los corzos y ambos salir a la carrera haciendo la típica medialuna. Veo que el macho va un poco más lento, pero realmente dudo entre si lo veo o me lo imagino.

El caso es que para mi desgracia soy daltónico a rabiar, por lo que me autoconvenzo de que he fallado. Este año llevo tres tirados y tres en el sitio: -este lo has fallado.

Con estos pensamientos llego al convencimiento de que los nervios me han gastado una mala pasada y que el corzo soñado ha volado a lo más profundo del bosque.

Seguí el rececho en una mañana un tanto desapacible, viendo algunas corzas y algún macho que no me deja ni intentarlo.

Siendo las 8:30 decido abandonar e irme a descansar.

Llamé por telefono a mi amigo Fernando antes de abandonar el coto, pues le había prometido la noche anterior que le enseñaría el corzo cazado. Despues de enseñarselo y de grandes parabienes y abrazos de desescalada, observé que llevaba en el coche una joven teckel de un añito de edad. Le conté el lance de la mañana sin mucho entusiasmo, maldiciendo mis nervios. Pero le pedí que, aunque estaba convencido de haber fallado, si podíamos acercarnos con la perrita al sitio. A ver. 

Dicho y hecho. Nada más llegar al sitio la perra enfiló el rastro del corzo  y sin despegar la nariz del suelo se metió en el monte.

Al poco la voz de Fernando:  - el corzo va pegado, ¿no ves las gotas de sangre? Me da un vuelco el corazón. Le digo que mi sensación ha sido haber fallado horizontalmente y que muy probablemente lo habré empanzado.

Y allá que vamos tras la perrilla, que según me dice Fernando es el primer rastro real que hace. Monte arriba. Y aquí el corzo ha estado echado; y por aquí ha seguido; y aquí se ha vuelto a echar; y ya no veo más sangre pero vamos a confiar en la perra que sigue para arriba con la nariz pegada al suelo. Y de repente: el corzo de pié intentando ensartar a la perra. Tiro de remate y abrazo de desescalada.

Cuando llego hasta el corzo y veo la preciosidad que os adjunto, no me lo podía creer. Es el que yo había visto hacía tres años y si no era, sería su primo hermano. En menos de 9 horas había cobrado dos señores corzos y había asistido a un rastro de una teckel que había sido un verdadero espectáculo. No había echado a la lotería, pero me había tocado un fin de semana de premio gordo e inolvidable.

Jose Maria del Cuvillo

Alfonso Treviño
Autor: Alfonso Treviño
16/07/2020 17:27:36
(0 vistas, 3 respuestas)
...y me tocó la lotería

Enhorabuena por esos dos corzos!!!

saludos,

Alfonso.

Joaquin Garrido Ovelar
Autor: Joaquin Garrido Ovelar
16/07/2020 19:11:25
(0 vistas, 3 respuestas)
...y me tocó la lotería

Enhorabuena Jose Mª por esos dos preciosos corzos y por contarnos los lances, gracias, yo que tu compraría loteria, cuando se esta en racha nunca se sabe jajaja!!!!

Saludos

Joaquin

Eugenio Collado Sánchez
27/07/2020 13:50:04
(0 vistas, 3 respuestas)
...y me tocó la lotería

Enhorabuena por esos lances con final felíz.